José Leal
La materia oscura (MO) parece estar compuesta por un mar de partículas distribuidas de manera irregular que superan en proporción de al menos 6 a 1 a la materia ordinaria, pero que sólo interactúan con ésta mediante las fuerzas gravitatoria y nuclear “débil.” La MO no se manifiesta en radiaciones electromagnéticas o interacción nuclear “fuerte” y su existencia sólo puede ser inferida por el efecto gravitacional que ejerce en el universo de lo iluminado.
En 1933 el astrofísico suizo Fritz Zwicky observó que la masa visible de las galaxias no bastaba para explicar su forma y movimiento. Calculó entonces que para que las galaxias no salieran volando en todas direcciones por su elevada velocidad de rotación, hacia falta mucha más materia de la que se podía percibir a todo lo ancho del espectro electromagnético, desde radiofrecuencias hasta rayos gamma. Otra pieza de evidencia fundamental que soporta la existencia de la MO es aportada por el fenómeno llamado lenticulación gravitacional, descubierto por Albert Einstein. La teoría General de la Relatividad explica como la dilatación que sufre el espacio-tiempo entorno de objetos masivos desvía la luz que atraviesa sus campos gravitatorios de la misma forma que una lente de aumento, distorsionando la imagen de los objetos detrás de éstos. Hoy los científicos han dejado de pensar en la MO como un montón homogéneo de cierta partícula misteriosa, y tratan de demostrar la existencia de diferentes tipos de partículas oscuras. Nada impide tal posibilidad y se piensa que podría existir toda una fauna de ellas así como en nuestro mundo hay electrones, protones y demás.
Energía oscura (EO), por otro lado, es el nombre que los astrofísicos han dado a una fuerza misteriosa que solo parece actuar a agrandes distancias acelerando la velocidad de expansión del universo. Su efecto ha sido detectado, no entorno a las galaxias visibles como es el caso de la MO, sino en los grandes espacios entre ellas. Efectivamente, es en los más profundos vacíos de el universo que esta fuerza enigmática se manifiesta como un gran resorte que empuja a la galaxias en todas direcciones, separándolas a gran velocidad.
Las teorías más aceptadas asumen que no hay relación entre la MO y la EO; que ambas son independientes, sin embargo no aportan pruebas de ello. Nuevos modelos que suponen la interacción entre estas misteriosas sustancias podrían explicar algunas lagunas qua las teorías tradicionales han dejado sin solución. Mark Troden, Emma Flanagan y otros investigadores en la Universidad de Cornell creen que la conexión entre MO Y EO podría determinar el crecimiento de las estructuras del universo. Con la aplicación de tales conceptos dicen que es posible descartar modelos cosmológicos tradicionales y apuestan a la existencia de un universo oscuro tan complejo y asombroso como el mundo visible.
