Por Damien McGuinness
BBC News, Dzoragyugh
(Tomado de BBCNews. Traducción de Félix Ramos Gamiño)
Mujeres de Dzoragyugh se pueden ver cuidando ganado, camino a su trabajo en los campos.
En muchas áreas rurales de la antigua Unión Soviética, la pobreza y el desempleo están obligando a la gente a emigrar. Pero, en Armenia, son los hombres los que están dejando las aldeas, pobladas ahora casi exclusivamente por mujeres.
Aquí, en la aldea armenia de Dzoragyugh, con mucha frecuencia se ve que son exclusivamente mujeres y niños los que trabajan en el campo; y esto es así porque la única forma de que los hombres ganen el dinero suficiente para sostener a sus familias es que se vayan a Rusia.
Una de esas mujeres que han quedado atrás es Milena Kazaryan, madre de dos hijos, cuya edad ronda los veinte años.
Mientras labra la tierra detrás de su casa, me dice que su esposo trabaja en Moscú –lo mismo que su padre, su abuelo y todos sus hermanos. De hecho, todos los hombres de su familia se han ido.
Temor de segundas familias
La señora Kazaryan sonríe constantemente, pero dice que lo que más les preocupa a ella y a sus amigas es que sus esposos vayan a formar segundas familias en Rusia, lo que, según ella, pasa con mucha frecuencia.
“Todas las mujeres-asegura- estamos realmente preocupadas. Mañana y tarde llamamos por teléfono, a fin de saber qué están haciendo nuestros esposos.
«Siempre es muy estresante el preguntarnos si volverán o no. Muchas mujeres de aquí se preocupan porque piensan que en Rusia todas las chicas son hermosas. Y el problema es que los hombres trabajan muy duro y, desde luego, quieren relajarse, y de eso es de lo que tienen miedo”.
La señora Kazaryan dice que los esposos de muchas de sus amigas tienen segundas familias en Rusia.
«Aun cuando tengan niños pequeños, los hombres dejan a sus esposas y consiguen novias rusas, pero cuando se hacen viejos y ya no pueden trabajar, regresan a casa”, dice.
La señora Kazaryan y su esposo se casaron hace cinco años. Desde entonces, él se pasa la mayor parte del año trabajando en Rusia. Igual que muchos armenios aquí, regresa por Navidad, y se vuelve a ir en marzo. Así, es difícil tener a la familia unida.
TRANSMISIÓN DEL VIH
Las mujeres dicen que casi todos los hombres de esta aldea se han ido a trabajar en Rusia, dejando a las mujeres para que hagan todo, incluso las pesadas labores del campo, normalmente vistas como trabajos de hombres.
Y es cierto. Cuando uno camina por los pueblos de esta región, son mujeres a las que ve uno, camino a sus labores en el campo, con herramientas en las manos o grandes balas de paja en sus espaldas, cuidando el ganado. Hay muy pocos hombres.
Pero el peso también es psicológico, dice Ilona Ter-Minasyan, líder de la Organización Internacional para la Migración en Yerevan, la capital de Armenia. Ahora, las mujeres también tienen que tomar todas las decisiones –una fuente de conflicto en esta sociedad rural patriarcal.
Llega el momento en que esta situación conduce al cambio de papeles de género porque, cuando él está ausente durante ocho o nueve meses, ella es la jefe de familia”.
Pero hay otras situaciones más graves todavía, dice la señora Ter-Minasyan. «Armenia tiene una población muy reducida VIH-positiva. Sin embargo, encuestas recientes muestran que, con mucha frecuencia, altos porcentajes de los trabajadores migrantes que van a la Federación Rusa, se vuelven sero positivos, regresan a casa y transmiten la enfermedad a sus esposas. Éste es el peor escenario”.
Baja tasa de nacimientos
Grupos de derechos humanos acusan al gobierno de no hacer lo suficiente para resolver el problema de la migración.
Gagik Yeganyan, titular del Departamento de Migración del gobierno de Armenia, dice que la única solución al problema es incrementar las plazas de trabajo, y no la creación de un programa específico, y que esto es algo en lo que debe trabajar toda la sociedad, incluso los medios de comunicación, y no sólo el gobierno.
Activistas de los derechos humanos han llamado a la migración un desastre natural
Oficialmente, el desempleo es de alrededor del siete por ciento, pero la OIM dice que los ingresos son tan bajos, que la mayor parte de la gente no se registra como desempleada. Así pues, la cifra real se estima en alrededor del 30 por ciento.
De acuerdo con los grupos de derechos humanos y de los partidos de oposición, esto quiere decir que, cada año, casi cien mil personas se van –hombres en su mayor parte- y se dirigen a los suburbios de Rusia, para trabajar en la industria de la construcción.
El gobierno niega que las cifras sean tan elevadas. Sin embargo, es consenso casi general que un millón de armenios viven ahora en Rusia, por lo que solamente quedan tres millones en el país.
Esto significa una disminución del 25 por ciento de la población total desde la desaparición de la Unión Soviética en 1991, cuando unos cuatro millones de personas vivían en Armenia.
Ahora se han presentado llamados a las autoridades armenias, para que actúen: en julio, activistas de los derechos humanos enviaron una carta abierta al gobierno, en la que llamaban a la migración un desastre nacional.
Una de las autoras de la carta es Karine Danelyan, quien dice que la falta de hombres empieza a sentirse en toda la sociedad.
«Es un problema muy serio –dice. Está creciendo aquí una nueva generación de chicas que no tiene oportunidad de casarse, porque todos los chicos están dejando el país. En consecuencia, las tasas de nacimientos en Armenia son demasiado bajas como para mantener estable la población”.
Pero, de regreso en la aldea de Dzoragyugh, las preocupaciones de la señora Kazaryan son más inmediatas.
«Es realmente duro, porque toda la familia espera y espera el regreso de los hombres. Todo lo que queremos son trabajos en Armenia, a fin de que nuestras familias puedan estar unidas, y que los padres vean crecer a sus hijos. Una familia es mucho más que sólo la madre. Aquí también necesitamos a los papás”.
