Javier Lugoleos Cano
Juan tiene 26 años; en su infancia fue un niño “difícil”,pero llegaba a caer bien cuando recién se le conocía, ya que tenía mucha labia y era atractivo físicamente; sin embargo, tendía a maltratar a ciertos compañeros de su clase, y tenía la costumbre de salir a la calle a matar pájaros y apedrear gatos. A los perros no les hacía nada,pues temía que lo mordieran. Su padre murió cuando él tenía seis años, por lo que su madre tenía que trabajar, y se ausentaba de la casa.
Conforme Juan fue creciendo, se volvió terco y fanfarrón, aunque conservaba ese encanto superficial. A los 14 años empezó a usar drogas y a cometer robos en casa; comenzó a faltar a la escuela, por lo que su familia le consiguió un trabajo para hacerlo más responsable. Juan consideró que el empleo no estaba a su altura y lo dejó. Decidió dedicarse a la venta de drogas para hacer frente a sus gastos y mantener su consumo. A los 18 años ya había estado tres veces a disposición del Tribunal de Menores por robo en tiendas, daño a terceros en riñas con arma blanca y abuso sexual de una vecina, cargo este último que la madre logró negociar con la familia de la víctima y el juez, para atenuar la pena.
Los vecinos afirmaban que era una persona muy resentida, con la que era imposible llevarse bien, y se sentían intimidados por su actitud provocadora y desafiante.
A los 20 años, un conocido lo introdujo en la religión cristiana; intentó aprender valores, pero al final sólo terminó utilizando a sus compañeros, a los que robaba, así que aprendió a presentar una mejor fachada.
A los pocos meses logró entrar a trabajar en la policía, por unos “favores” que hizo al golpear a unas personas. Ahí podía obtener ganancias, mediante la protección que brindaba a delincuentes. Sin embargo, era impulsivo, y varias veces fue denunciado por abuso de autoridad, hasta que salió por no poder encajar en el círculo de corrupción de la policía. Actualmente está detenido por haberse peleado con su vecino y por haber alterado el orden público. Aceptó acudir con el psicólogo para evitar la cárcel; pero, si lo van a “refundir”, mejor no va. Éste es sólo un retrato de los muchos que puede haber de un psicópata. Quizás sea de los más evidentes, pero hay algunos más difíciles de detectar.
CRMINALIDAD Y CONDUCTA ANTISOCIAL
Los términos “psicopatía”, “sociopatía” y trastorno antisocial de la personalidad” suelen emplearse como equivalentes.
Gran parte de la literatura existente se ve limitada por el uso intercambiable de estas expresiones. La criminalidad es un concepto legal; la conducta antisocial es un concepto clínico psiquiátrico y critica al DSM, porque plantea la definición de la personalidad antisocial en términos de conducta criminal. El término tradicional para el tema que estamos tratando, era de persona psicopática. Luego fue reacción antisocial, y el término contemporáneo es personalidad antisocial.
En este artículo lo referiremos como psicópata. En la persona antisocial, la maldad y la enfermedad mental parecen entremezclarse. En primera instancia, tendríamos que saber a qué nos referimos cuando hablamos de conducta psicopática.
CONOCIMIENTO DEL PSICÓPATA
Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), los psicópatas son personas que violan de manera flagrante y repetida los derechos de los demás; parecen carecer de conciencia; frecuentemente carecen de empatía, y tienden a ser insensibles, cínicos y a menospreciar los sentimientos, derechos y penalidades de los demás.
El concepto que tienen de sí mismos los puede hacer arrogantes; la falta de empatía, el engreimiento y el encanto superficial son características que normalmente han sido incluidas entre las concepciones tradicionales de la psicopatía, y pueden ser especialmente distintivas del trastorno antisocial de la personalidad en el medio carcelario o forense, en el que los actos delictivos o agresivos probablemente son inespecíficos.
Estos sujetos también pueden ser irresponsables y explotadores en sus relaciones sexuales. Pueden ser irresponsables como padres. Los sujetos con trastorno antisocial de la personalidad tienen más probabilidades que la población en general de morir prematuramente por causas violentas, como suicidio, accidente y homicidio.
Estos individuos también pueden experimentar disforia, incluidas quejas de tensión, incapacidad para tolerar el aburrimiento y estado de ánimo depresivo. Pueden presentar, de forma asociada, trastornos de ansiedad, trastornos depresivos, trastornos relacionados con sustancias, trastorno de somatización, juego patológico y otros trastornos del control de los impulsos.
El maltrato o el abandono en la infancia, el comportamiento inestable o variable de los padres o la inconsistencia en la disciplina aumentan las probabilidades de que un trastorno disocial (en la infancia) evolucione hasta un trastorno antisocial de la personalidad.
CONDUCTAS ANTISOCIALES
Las conductas que observaríamos en el Trastorno Antisocial de la Personalidad, que son las del psicópata propiamente, serían las siguientes, según el DSM-VI-TR: 1. Fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención.
2. Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer.
3. Impulsividad o incapacidad para planificar el futuro.
4. Irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones.
5. Despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás.
6. Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas.
7. Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros.
Hay personas que pueden tener sólo “rasgos” de una personalidad psicopática, sin llegar a serlo; tener un trastorno antisocial propiamente, como aquellas personas que presentan algunas de las características antes descritas o que en determinado momento de su vida o ante determinadas circunstancias han cometido delitos, como el adicto a las drogas, que roba para conseguir la sustancia, pero que no es una personalidad antisocial propiamente.
ENTENDIMIENTO DEL PSICÓPATA
El psicópata actúa de acuerdo con su propia lógica, que no es la nuestra. Por eso no entendemos por qué hace lo que hace; por qué daña, sin pensar en las consecuencias, o, aun enterado de ellas, comete actos que el resto de las personas no haría. Y, si es impune, quizás promueva un mayor descaro o gravedad en sus actos antisociales.
Las reglas sociales; los valores, como el respeto, el civismo, el trabajo en equipo, la honestidad, el sociópata los entiende de manera diferente. Los usa o manipula para obtener lo que desea, con sus intereses particulares al frente.
Es una persona con relaciones interpersonales parciales; esto es, no llega a integrar un vínculo de amor o relación plena o total; está como partido o escindido, lo cual hace que al dar sólo partes de él, crea confusión, tiende a armar problemas entre las personas; da sólo parte de la información, de tal manera que pueda mantener su estado de control sádico sobre las personas con las que convive.
ATRACCIÓN Y VIOLENCIA
Puede ser violento y atractivo; con amenazas o con seducción, mantiene a su pareja a su lado; la desgasta, como si fuera de su propiedad, una extensión de sí mismo, a la que puede manipular para lograr sus objetivos.
Explota a su familia, conocidos o comunidades, y se vuelve un parásito de ellas. No toma a los demás como personas con derechos, sino como cosas.
El psicópata siempre trabaja para sí mismo, aunque en su discurso diga todo lo contrario. La gente es un mero instrumento. Carece de la habilidad emocional de la empatía, que es la capacidad de cualquier persona normal de ponerse en el lugar del otro.
Los psicópatas juegan como buenos histriónicos narcisos con la seducción inicial que envuelve, si tienen buena inteligencia lógico-matemática. En caso de tener menos recursos intelectuales, son burdos y no pasan de ser personas adictas, que cometen robos o están a las órdenes de otros psicópatas.
CÓMO PIENSA EL PSICÓPATA
“Si va en función mía, entonces lo acepto”, diría un psicópata. En esencia, la sociopatía es, dentro del espectro del narcisismo, el estado más patológico y dañino. El sociópata es un narciso maligno o negativo, para quien el arrepentimiento es cosa de otros, y cuando es capaz de reparar los daños, lo hace “para que no me vaya mal”, y no por la conciencia de la culpa empática.
O lo hace, “para que no me pesquen y vaya a la cárcel” o “para que no me quiten mi dinero”, y nunca por: “como me hace daño el dolor de esta persona, quisiera que dejara de sufrir. ¿Cómo le puedo ayudar?”. El psicópata no anda pregonando su juego, sus piezas de juego, por una razón simple: los otros, pueden enterarse y arruinarle la partida. Tal vez pueda comentarlos una vez conseguidos sus objetivos, y con personas muy selectas.
Cuando uno se da cuenta de contradicciones en la información, y lo confronta, normalmente hay una nueva explicación y todo parece claro. Muchas veces uno siente como que todo hace sentido, pero cuando nos alejamos nada hace sentido; hay un engaño sutil, crónico; y la confusión que crea gradualmente nos habla de estar frente a un psicópata. Si es sorprendido robando, dice que está muy triste y tiene tremendos remordimientos. Si le preguntáramos si ha tenido otras conductas antisociales, las negara, y después nos enteráramos, por medio de otras personas o familiares, que hubo, por ejemplo, otro robo importante hace un par de meses, y le hiciéramos ver que no dijo la verdad, quizás diga que se le olvidó, y muestre una contradicción entre la culpa expresada que es sólo hacia aquello que ya es conocido.
Por carecer de capacidad para identificarse con la estructura moral interna de otras personas -en el caso anterior de darnos cuenta que no nos dijo la verdad- pensará que estamos enojados con él. No podrá entender que hay una reacción de tristeza o duelo en la persona engañada, y que no se trata de un ataque, sino de un sentimiento de pena por la pérdida de confianza en la persona.
NIVELES DEL NARCISISMO
Para conocer datos conductuales que presentaría un individuo en el aspecto narcisista, se describen los siguientes tres niveles:
a) Rasgos narcisistas positivos o de menor disfuncionalidad. Como ejemplos, a este narciso le angustian el envejecer, la calvicie, las arrugas, las canas, el enfermar; cuando enferma, le es difícil pedir ayuda; le atrae la exhibición; tiene la necesidad de demostrar a su pareja una y otra vez su potencia; se complace hablando de sí mismo; se halla dominado por la culpa más que por la vergüenza; en él predomina el vínculo erótico; esto es, relaciones más cercanas a lo constructivo y al amor.
b) Narcisismo patológico. Este problema se caracteriza por autorreferencia excesiva, grandiosidad, tendencia a superioridad exhibicionista, dependencia excesiva de admiración por parte de otros, superficialidad emocional, crisis de inseguridad, que alterna con la grandiosidad usual; tendencia a grandes cambios de ánimo; tendencia a estar regido por la vergüenza en vez de la culpa; el incurrir en actos antisociales. En este sentido, el temor a que lo pillen determina su honradez, y no el sentimiento de una moral interna.
Quiere ser admirada (o), porque es la más rica, la que tiene más objetos, porque es la más bonita, la mejor vestida, en contraste por querer ser estimada por los valores más adultos.
c) Narcisismo maligno y psicopatía. En este caso, se presenta conducta antisocial desde la infancia (mentir, robar, falsificar cheques, prostituirse, asalto, robo, asesinato, robo armado). Hay ausencia de una auténtica capacidad de sentimiento de culpa y de remordimiento. Esto es importante, porque el psicópata puede presumir de remordimientos, y una vez que lo han agarrado (no antes), puede aparentar sentido de culpabilidad y mostrarse arrepentido, simplemente para conseguir una atenuación de la pena.
SER O NO SER… PSICOPÁTICO
El rompimiento de las reglas o el conducirse psicopáticamente podría ir en función de aspectos culturales, narcisistas o grandiosos, o de rasgos psicopáticos. La diferencia estaría en la permanencia de las conductas, las circunstancias y el momento o etapa de vida y la capacidad de cambio y reparación de daño a través de la culpa generada o de la toma de conciencia.
Quizás muchos han roto reglas sociales, y han presentado conductas consideradas antisociales en algún momento de su vida, por distintos motivos, sin llegar al acto delictivo.
Hay que tomar conciencia de que las personas que presentaron algunos rasgos psicopáticos en la infancia o adolescencia, y sus familias, deben recibir atención profesional, y tener claro que a veces es difícil de entrada saber que se está frente a un psicópata, y que, si lo hemos detectado, debemos protegernos, tomando en cuenta que, hasta el momento, no existen estrategias efectivas para ayudarlos a un cambio.
Una adecuada rehabilitación carcelaria es una opción para limitar el daño, que sería uno de los objetivos principales ante la psicopatía. El psicópata no se ve enfermo, y cabe la pregunta: “¿Lo es?”.
La realidad es que, donde hay un psicópata, hay una víctima o varias que, si necesitan ayuda, deberían tomarla, y son en quienes debemos enfocarnos, ya que están enfermas por la violencia y el desgaste de convivir con un psicópata.
