David Gómez Almaguer
Al revisar en el diccionario la palabra ”madre”, encontramos que se utiliza para describir obviamente a la mujer que tiene un hijo, o a una mujer que es parte de un grupo religioso; también se utiliza en forma coloquial para festejar o para, incluso, insultar, etcétera. Sin embargo, desde el punto de vista médico o biológico, la palabra madre quiere decir “causa, origen o raíz de algo”; es desde esta perspectiva desde la cual, en el mundo de la medicina nos referimos a las células madre como el ori-gen de un tejido e incluso de un organismo completo. Los hematólogos estamos acostumbrados a usar el tér-mino de células madre para referirnos a aquéllas que se pueden diferenciar en células sanguíneas, pero que a su vez se pueden dividir y de esta manera conservarse como un grupo que se puede auto-renovar y diferenciar sin afectar su número y potencial.
TRASPLANTES DE CÉLULAS MADRE
Por ello, estas células se utilizan para el trasplante en pacientes con enfermedades graves de la sangre, como la leucemia o la anemia aplástica, y se pueden tomar de la médula ósea (su lugar predilecto); pueden ser estimuladas para circular y dividirse, e incluso aumentar su número mediante el uso de filgrastim. Por ello, también se pueden obtener de la sangre periférica, mediante aféresis; por otra parte, se sabe que se encuentran naturalmente en gran cantidad en la sangre del cordón umbilical, lo cual ha causado furor y la creación de bancos con fines públicos para proveer de células a pacientes carentes de donador familiar; sin embargo, este hecho ha permitido la aparición de bancos privados con fines comerciales que venden la esperanza o la seguridad de contar con células autólogas para su uso posterior o eventual, en caso de una catástrofe biológica en un individuo determinado. En la medicina actual; es decir en el siglo 21, aparece otra modalidad que se inicia en el laboratorio y que ha permeado rápidamente, en forma un tanto desordenada, hacia la aplicación clínica. Es decir, la utilización de células hematopoyéticas (madre adultas) para ser llevadas a tejidos dañados (agudamente o por enfermedades degenerativas) con la finalidad de mejorarlos o regenerarlos. Casi en todo el mundo desarrollado y en áreas selectas del mundo en desarrollo, se están llevando a cabo aplicaciones clínicas para mejorar del todo: corazones, vasos sanguíneos afectados por diabetes y arterioesclerosis, hígados con cirrosis, pulmones con fibrosis, riñones, ojos, etcétera.
FUENTE DE LA JUVENTUD
El problema es que la presión por encontrar esta moderna fuente de la juventud o un nuevo coctel “vuelve a la vida”, es importante, y los profesionales de la salud no somos ajenos a ello. Existen numerosos expertos que hacen un llamado a la cautela, para no provocar falsas esperanzas de regeneración en padecimientos diversos y sugieren esperar estudios controlados para separar el mito de la realidad. El problema radica en que al mismo tiempo se hacen ensayos clínicos y trabajo básico, mientras que los problemas y dudas científicas se responden sobre la marcha, dejando un sinnúmero de dudas y preguntas en el aire. El paciente con una enfermedad grave y sin resultado favorable con algún tratamiento convencional, desea recibir alguna esperanza, sólo que no tiene mucho tiempo para esperar que la ciencia siga sus cauces habituales. Es entonces cuando el enfermo se comunica con el médico y se ofrece prácticamente como conejillo de indias: “total, ¿qué tanto puedo perder?”. Esto favorece la aparición apresurada de tratamientos con células madre sin un protocolo adecuado y con improvisación. Cierta-mente, la medicina también avanza de esta manera, con “un primer caso excepcional“, o por casualidad.
CONDUCTAS NEGATIVAS
No todo conocimiento se inicia basándose en la evidencia o en estudios controlados; sin embargo, no debería ser de esta forma apresurada y un tanto aventurada. Este campo se presta a la charlatanería y la “aventura” con la finalidad de ayudar, pero también es un campo ideal para destacar y obtener ganancias económicas poco justificables en el marco tradicional de la ética médica. Los médicos involucrados en esta tecnología y terapia emergente tenemos el reto de ayudar a estos pacientes, a quienes las medidas habituales para tratar su padecimiento no han podido ayudar satisfactoriamente. Empero, la utilización de células madre no es una panacea, y debemos ser cautos y ordenados; hacer protocolos adecuados y basados en la información, la ética y la imaginación, siempre pensando en el bienestar de nuestros pacientes y en la premisa de que, al intentar ayudar, no debemos hacer daño. El terreno por explorar y conocer es extenso, e involucra a médicos de diferentes disciplinas e intereses. Falta conocer el tipo de célula progenitora ideal (embrionaria, CD34, CD33 u otras), qué cantidad se desea aplicar, cómo hacerla llegar al sitio afectado, si deben aplicarse sólo las células seleccionadas con un método de purificación o conviene administrar otras células acompañantes.
TERAPIA CELULAR REGENERATIVA
El tiempo sigue siendo “muy buen doctor”; mientras tanto, se ha iniciado, en la Facultad de Medicina y en el Hospital Universitario de la UANL, un proyecto multidisciplinario que permite la interacción de diferentes profesores, varios de ellos miembros del Sistema Nacional de Investigadores, con el fin de impulsar el proyecto de la “terapia celular regenerativa”. Los primeros frutos son halagüeños y se están obteniendo resultados esperanzadores en pacientes diabéticos con insuficiencia arterial periférica. En este campo es donde los resultados clínicos son adecuados y en donde los datos objetivos de mejoría son una realidad y dejan de ser un mito o una apreciación meramente subjetiva. El uso de este tipo de tratamiento es adecuado y una realidad, por lo que ya se aplica rutinariamente en el H. U. La terapia celular regenerativa ha llegado y se quedará con nosotros; sólo quedan en el aire el cómo, cuándo y cuánto. Los investigadores debemos seguir buscando las respuestas para encontrar la realidad y separarla de la mitología.

La realidad sobre las células madre, parece ser más compleja cada vez que sale un nuevo avance. Es cierto que hay tener muchísimo cuidado con algunas entidades que tratan de lucrarse ofreciendo tratamientos que aún no han sido ni siquiera revisados en el laboratorio. Para que no nos engañen hay que tener claro el tipo de enfermedades que ya tiene una posible solución y las que aún están en fase de ensayo, y por supuesto, consultar con el especialista.