Una manera rápida, fácil y económica para el diagnóstico de enfermedades.

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Cinthya Araiza

Tan lejos ha llegado la tecnología que las novedades menos pensadas en cuanto a salud cada vez son más sorprendentes. Recientemente, expertos en biomedicina han comprobado que los hospitales públicos más grandes en los principales países del mundo, sufren de particulares ineficiencias que pudieran ser evitadas. Este fue el caso del ingeniero en biomedicina, Rick Haselton cuando visitó Nueva Delhi. Uno de los mayores problemas observados fue que los pacientes debían viajar grandes distancias y además buscar dónde hospedarse, esto sólo para realizarse análisis de sangre rutinarios.

Ante esta problemática, a muchos pacientes no les queda de otra más que esperar su turno y/ó su cita por días, esto, debido a que muchas de las ciudades en la periferia de las capitales en donde se encuentran los mejores hospitales, no cuentan con el equipo lo suficientemente competente, tampoco con suficientes laboratorios ó simplemente no tienen las herramientas y el personal necesario. Sin embargo, para el Dr. Haselton, este problema pudiera tener una solución pronto: si tan sólo las pequeñas clínicas de las ciudades aledañas pudieran manejar una prueba, entonces el hospital podría centrarse en los enfermos mientras que el resto se pueda quedar en sus respectivas casas sin necesidad de viajar.

Dicha solución propuesta por Haselton y sus colegas de la Universidad de Vanderbilt, es nada más y nada menos que el “extractionator” (nombre en inglés). Se trata de una herramienta que mantiene los fluidos corporales estériles, mientras que pequeños imanes extraen las enfermedades, tal como las proteínas ó fragmentos de ADN (mejor conocidas como biomarkers) que pudieran servir como detectores y reveladores de alguna posible infección ó enfermedad.

Para el diagnostico de la malaria por ejemplo, una muestra de sangre se introduce en el tubo de plástico cerrado lleno de millones de diminutas perlas magnéticas cubiertas de níquel. El níquel se une químicamente a una proteína producida por el parásito de la malaria, llamada proteína rica en histidina. Una vez que la proteína se adhiera a la cadena, otro imán un poco más grande se desliza hacia fuera del tubo, arrastrando la combinación a través de una serie de cámaras, en donde una de ellas, lava los contaminantes de las cadenas; otra, contiene un tipo de sal que se une al níquel, haciendo que el marcador biológico se separe. Después, los investigadores ponen la muestra purificada en un tipo de chip para su diagnostico que además de rápido, es económico.

Lo que este chip hace es detectar la proteína indicadora, dando el resultado ya sea positivo ó negativo para la malaria en este caso. Los expertos como el Dr. Haselton ya planean intentarlo con otro tipo de patógenos como la tuberculosis. Esta innovadora herramienta podría ofrecer una manera barata de probar el agua, si es potable ó no.

Evidentemente, si todo sale bien y se logra realizar en diversos países con más tipos de patógenos, dependiendo de los problemas de cada país, sería un gran ahorro para los bolsillos tanto de los pacientes como también para el mismo gobierno.

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