MEC Gisela Aguilar Martínez
En los últimos años, se ha recomendado limitar el consumo de huevo por su alto contenido en colesterol, como medida de prevención cardiovascular. En 1973, la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association, en su nombre en inglés) recomendó limitar la ingesta de huevos a un máximo de 3 por semana.
Aunque la mayor parte de los alimentos ricos en colesterol suelen ser también ricos en grasas saturadas, el huevo no lo es. Un huevo de tamaño medio contiene unos 200 miligramos de colesterol, pero tiene más grasas insaturadas que saturadas y solo 70 calorías. Debido a su contenido en fosfolípidos, que interfieren en su absorción, este colesterol tiene muy poco efecto sobre el colesterol en sangre.
La falsa idea de que la ingesta de huevos podría aumentar el riesgo cardiovascular o hipertensión , por su efecto sobre los niveles de colesterol plasmático, no tiene ya soporte científico tras los resultados de numerosos estudios, que han demostrado de forma concluyente que consumir un huevo al día no perjudica el perfil lipídico sanguíneo , ni aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular.
La Asociación Americana del Corazón ha modificado sus recomendaciones dietéticas en relación con el huevo, ya que en su revisión del año 2000 declara que “el colesterol procedente de los huevos no supone un riesgo añadido para padecer enfermedades cardiovasculares, permitiendo recomendar la toma de un huevo al día, en lugar de la recomendación previa, de hasta tres huevos a la semana”.
La elevada calidad de la proteína del huevo la convierte en una gran fuente de nutrientes. En las primeras etapas de la vida (a través de la alimentación de la madre), favorece el desarrollo del feto durante la etapa embrionaria y del bebé lactante. Y su función es igualmente importante en la etapa de crecimiento en la infancia y adolescencia. Esta proteína favorece la construcción y mantenimiento de los tejidos, entre otros el músculo.
En las personas mayores, la proteína de alta calidad como la del huevo les ayuda a contrarrestar la pérdida de masa muscular asociada a la edad, lo que favorece mantener la movilidad, la actividad física y la calidad de vida.
Estudios recientes demuestran que cuando las mujeres mayores incrementan su consumo proteico, también incrementan la densidad mineral del hueso y desciende el riesgo de rotura ósea, especialmente de la cadera.
Otra de las características nutricionales del huevo es que es un alimento con una gran capacidad saciante, punto interesante para quienes siguen una dieta para perder peso. La sensación de hambre tarda más en llegar cuando se toma, por ejemplo, un huevo en el desayuno. Esto hace que se coma menos entre horas, y se mejora el seguimiento de las dietas hipocalóricas, lo que favorece una mayor pérdida de peso.
Un huevo aporta cantidades significativas de una amplia gama de vitaminas (A, B2, Biotina, B12, D, E, etc.) y minerales (fósforo, selenio, hierro, yodo y cinc) que contribuyen a cubrir gran parte de las necesidades diarias de nutrientes.
La acción antioxidante del huevo ayuda a proteger a nuestro organismo de procesos degenerativos como el cáncer o la diabetes, así como de las enfermedades cardiovasculares.
Los huevos contienen además riboflavina, importante para el crecimiento corporal y la producción de glóbulos rojos; selenio, un potente antioxidante, y vitamina K, que interviene en la coagulación sanguínea.
La luteína y la zeaxantina son dos nutrientes reconocidos recientemente y que han colocado al huevo dentro de la categoría de “alimentos funcionales”, es decir, los que aportan beneficios nutricionales más allá de los que corresponden a su contenido de nutrientes básicos.
Actúan como antioxidantes que se depositan en el ojo , protegen y previenen las cataratas y la degeneración macular, causas frecuentes de ceguera en edades avanzadas.
Consumir huevos no sólo no incrementa el riesgo cardiovascular, sino que aumenta significativamente los niveles de luteína y zeaxantina en sangre, dos carotenoides que podrían tener efecto protector frente al desarrollo de la arteriosclerosis.
Es importante tener en cuenta el interés de incluir el huevo en la dieta de personas con poco apetito (ancianos, niños), con dificultades de masticación o deglución, convalecientes o con necesidades nutricionales especiales por su estilo de vida o situación fisiológica (deportistas, mujeres embarazadas o en lactación, en edad fértil, o que desarrollan una actividad física o intelectual intensa).



