
MEC Gisela Aguilar Martínez
Seguro que alguna vez te has preguntado ¿por qué algunas personas que llevan una dieta rica en grasa y carbohidratos nunca engordan? O “Te funciono muy bien la dieta, ¿pásamela para ver si me funciona?” Y nada, no resulta igual que a la otra persona. Pero, ¿a qué se debe esto? Pues bien la respuesta puede que esté en nuestros genes y su interacción con el ambiente. Los alimentos que ingerimos dan señales metabólicas complejas y son procesadas en nuestro cuerpo, en función de nuestros genes.
La secuenciación del genoma humano y el estudio de la interrelación entre genes, dieta y enfermedad han hecho posible el desarrollo de una nueva disciplina: la genómica nutricional. Esta nueva ciencia estudia la interacción de nuestros genes con los alimentos. Dentro de ella, distinguimos dos dimensiones: la nutrigenómica y la nutrigenética.
La nutrigenética estudia el efecto de la variación genética en la interacción entre dieta y enfermedad. Este concepto se asociaría con la idea de “nutrición personalizada” o “nutrición individualizada”. La nutrigenómica se podría definir como el estudio del efecto que producen los nutrientes sobre la expresión génica, y por tanto, sobre los posibles cambios en las vías metabólicas.

Por lo tanto, estas nuevas investigaciones nutricionales contribuyen a desarrollar dietas más personalizadas mejorando así la salud de la población o de aquellas personas que puedan estar en riesgo de sufrir ciertas enfermedades relacionadas con su perfil genético.
Los consejos más comunes para perder peso suelen ser consumir menos azúcares o menos grasas, ¿pero qué opción debemos elegir? Un estudio demuestra que ningún régimen es mejor que otro.
La genética de una persona o la manera en la que metaboliza la insulina tampoco son factores clave para que una dieta dé mejores resultados, según las conclusiones publicadas en el Journal of the American Medical Association (JAMA).
Estos descubrimientos podrían tener consecuencias importantes en el mercado estadounidense de la pérdida de peso, y particularmente en la última tendencia: el régimen de ADN, que pretende determinar la mejor dieta en función de los genes de cada uno.
Es por esto que las dietas son efectivas en una persona y en otras no, todos somos diferentes y recién empezamos a comprender las razones de esta diversidad.
En el estudio participaron 609 personas de entre 18 y 50 años; 57% fueron mujeres. Se eligieron dos grupos al azar. Durante un año, uno de los grupos hizo un régimen pobre en grasas y el otro, uno pobre en azúcares.

En promedio, cada persona bajó unos 5,9 kg en ambos grupos. Algunos perdieron mucho más -hasta 27 kilos- mientras que otros engordaron hasta 9 kg.
Los científicos no hallaron una relación entre el régimen realizado y una pérdida de peso más importante.
“No hay una diferencia destacable en la evolución del peso entre un régimen equilibrado liviano en grasas y un régimen equilibrado liviano en azúcares”, concluyeron los investigadores.
Una parte de los genomas de los participantes fueron secuenciados, lo que permitió a los científicos buscar la presencia de genes asociados a la producción de proteínas que modifican el metabolismo de glúcidos o lípidos.
Las tendencias de consumo apuntan a que este nuevo concepto de alimentación puede experimentar un gran auge, pues los consumidores demandan productos que les ayuden también a cuidar de su salud. Sin embargo, los expertos consideran que es necesaria cierta dosis de precaución ya que los estudios que respaldan la validez clínica de marcadores nutrigenéticos específicos y sus diversas interrelaciones tanto con otros genes como con factores ambientales son todavía escasos. Por eso, si queremos gozar de una buena salud, es muy importante que nuestra dieta se adapte a nuestras necesidades.

