¿Sabías que el cuerpo carga con kilos emocionales?

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MEC Gisela Aguilar Martínez

Cuando se está enfocado en cuidar el peso corporal, el momento más temido es cuando se sube a una báscula y pararse frente al espejo y se notan algunos kilitos de más, se piensa en grasa acumulada, exceso de comida o falta de ejercicio.

Vamos a explicar lo que pasa en el cuerpo cuando se tienen emociones negativas hacia lo que se está comiendo. Hay un sentimiento que se conoce como sentimiento de culpa, por ejemplo, al comer un pastel y después sentirse culpable o juzgarse por haberlo comido, entonces, el hipotálamo (que es una glándula endócrina que se encuentra en el cerebro) registra esta señal negativa y manda señales a las fibras del sistema nervioso autónomo. Esto a su vez activará las señales inhibitorias en sistema digestivo, lo que significa que no se está metabolizando lo que se está comiendo de manera completa. Es decir, que cuando las señales inhibitorias disminuyen, la capacidad de quema calórica también disminuye, lo que causará que se deposite el pastel cargado de culpa como grasa corporal.

Toda culpa en relación a la comida o negatividad que se proyecta acerca de la propia imagen corporal causan reacciones bioquímicas que aumentan la producción de toxinas y disminuyen la capacidad metabólica, así como de los procesos digestivos. Cuando se tienen emociones negativas hacia la comida, se genera un estado de estrés crónico en el cuerpo, y esto también afecta al metabolismo porque el estado natural de sanación se interrumpe y como resultado el metabolismo se altera. Se puedes estar comiendo un platillo que se considere que ‘engorda” pero si la conciencia está tranquila y se está viviendo desde un centro de paz, amor y disfrutando de un equilibrio familiar el poder nutritivo de ese platillo se verá totalmente aumentado. De la misma manera, se puede estar comiendo ese mismo platillo con sentimientos de ansiedad y culpa y como consecuencia se depositará como grasa corporal mucho más fácilmente.

Los expertos comparten que un peso saludable es resultado de un conjunto de hábitos no solo de alimentación y actividad física, también de la forma de relacionarse con las emociones propias, las cosas que suceden, la gente que nos rodea, etc. Aprender todas estas nuevas herramientas de vida requieren del apoyo de profesionales expertos en el cambio de hábitos (médico, nutriólogo, psicólogo, entrenador físico) y de elegir una dieta lo suficientemente segura y eficaz para dar resultados equiparables al esfuerzo, que nos motiven a seguir.

Al observar esta información se detecta la importancia y el impacto que tienen las emociones en el peso, la acumulación de grasa corporal y la manera en la que se metabolizan los alimentos. Es realmente sorprendente y maravilloso aprender que hay maneras de vivir más allá de las dietas y que el cuerpo se puede mantener en su peso ideal por el resto de la vida si se sabes cómo dirigir los pensamientos y emociones.

Lograr perder peso implica también crecimiento emocional, no solo por la satisfacción de sentirse mejor con lo que vemos, sino porque en el proceso se quedan las emociones que sirven para crecer y aprendemos a desechar aquellas que lastiman y que son inútiles. Y el secreto está en escuchar al cuerpo a través de mensajes como el sobrepeso. Puede estar mandando el mensaje de cuidar la calidad de los alimentos, que se tenga prudencia en las cantidades o la necesidad de la activación. Pero también puede estar pidiendo aceptar, perdonar, ser humildes o menos controladores. Cada persona tiene un mensaje personal que leer y es decisión propia prestar atención o ignorarlo.

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