
MEC. Gisela Aguilar Martínez.
La demencia no es una enfermedad concreta, se trata de una afección que abarca un conjunto de síntomas que pueden ir desde la perdida de las habilidades cognitivas o sociales, pasando por la dificultad para pensar o comunicarse, hasta la pérdida de recuerdos.
El proceso del sueño involucra al sistema glifático, un sistema de eliminación de desechos para el sistema nervioso central. Cuando se está despierto, las proteínas precursoras, llamadas beta-amiloides, aumentan y se acumulan en el cerebro.
Durante el periodo de sueño, el cerebro limpia esas beta-amiloides, evitando que se formen placa y dañen las neuronas. Por tanto, sin un sueño adecuado, el cerebro no puede eliminar eficazmente esas proteínas precursoras. Además, su acumulación se ha asociado con un mayor riesgo de demencia debido a las neuronas dañadas.
Los indicadores con los que empieza la enfermedad, son pequeños cambios en la personalidad, o estados inusuales de agitación o ansiedad. Un síntoma común en etapas tempranas es la alteración de los patrones del sueño, ya que existe evidencia de que el tiempo dedicado a dormir en adultos que sobrepasan la franja de edad de los 65 años podría relacionarse con la aparición de la enfermedad, aunque hasta el momento no está demasiado claro si esta asociación es para los grupos de personas de edad más jóvenes.

Las personas de mediana edad que duermen regularmente seis horas o menos por la noche podrían tener más riesgo de padecer demencia en etapas posteriores de la vida. Dicha investigación, ha analizado los datos de un amplio seguimiento de entre casi 8 mil adultos durante 25 años.
En dicho estudio, los participantes emplearon acelerómetros durante la noche para confirmar que las estimaciones de los investigadores eran precisas. Los datos muestran un mayor riesgo de sufrir demencia en aquellas personas que, en edad de entre los 50 y 60 años, dormían seis horas o menos por noche. Todo ello de manera independiente a otros problemas cardiometabólicos o de salud mental, también factores de riesgo asociados con la demencia.

Los expertos indican que cada año se diagnostican 10 millones de nuevos casos de demencia en todo el mundo, en los que la alteración del sueño es uno de los síntomas más comunes. No obstante, su estudio parece indicar ahora que los hábitos de sueño en etapas de vida anteriores podrían contribuir a su posterior aparición.
Es por eso, que se destaca la importancia que tiene el control del sueño sobre la salud mental, lo que plantea la posibilidad de que futuros estudios analicen si una mejora en ese sentido puede contribuir a la prevención de la demencia.
Tal vez, sea muy pronto para establecer que los hallazgos puedan establecer una causa y efecto clara, no obstante, sugieren que existe un vínculo entre la duración del sueño y el riesgo de demencia y que el sueño puede ser un factor importante para la salud mental en la mediana edad. Así, en investigaciones futuras pretenden establecer si la mejora de los hábitos de sueño podría ayudar activamente a prevenir la demencia.
Más allá del riesgo de demencia del sueño, hay una serie de descontroles adicionales relacionadas con la falta de sueño, que puede provocar múltiples problemas en todo el cuerpo, como controlar el peso, la diabetes y la disfunción de la tiroides debido a la desregulación hormonal. Esto se debe a que es en las etapas más profundas del sueño cuando las hormonas se “restablecen”.
Así como provocar ansiedad, depresión, mala memoria y enfermedades degenerativas. Esto ocurre si la persona tiene algún trastorno del sueño o no duerme lo suficiente.

