
MEC Gisela Aguilar Martínez
Se trata del estudio más grande de su tipo jamás realizado en el que se han unido esfuerzos para identificar docenas de regiones genéticas que regulan la tendencia tan mediterránea de tomarse una siesta durante el día.
La siesta es algo controvertido, por ejemplo en algunos países europeos donde la siesta ha formado parte de la cultura durante mucho tiempo se está perdiendo el hábito. Y en lo que parece algo irreal, ahora algunas empresas en los Estados Unidos promueven la siesta como una forma de impulsar la productividad. Se trata de tendencias que responden a causas sociales y culturales y dichas investigaciones requieren averiguar los factores biológicos que contribuyen a tomar estas pausas de sueño durante el día.

Se han identificado genes asociados con la duración del sueño, el insomnio, la tendencia a madrugar o el noctambulismo. Ahora, se ha realizado un estudio de asociación con el genoma (GWAS por sus siglas en inglés) para comprender mejor la genética de la siesta.
Un GWAS es estudio caracterizado por el escaneo rápido de conjuntos completos de ADN de un gran número de personas y cuyo objetivo es identificar variaciones genéticas asociadas a una enfermedad específica o, en este caso, un hábito. Para llevarla a cabo los investigadores tomaron muestras del Biobanco del Reino Unido, una base de datos genética que incluye información de 452.633 personas, y relacionaron los datos con la frecuencia con el que las personas tomaban la siesta.

De este modo el GWAS identificó 123 regiones en el genoma humano que están asociadas con este hábito. Los investigadores también replicaron de forma independiente sus hallazgos en un análisis de los genomas de 541,333 personas recolectadas.
Luego, tras profundizar en los datos, se identificaron al menos tres factores potenciales que promueven la siesta como son: la propensión al sueño, ya que algunas personas necesitan dormir más que otras; lo que los científicos denominan como sueño interrumpido, en el que una siesta durante el día puede ayudar a compensar el sueño de mala calidad de la noche anterior; o el hábito o costumbre de madrugar, ya que las personas que se levantan temprano pueden “recuperar” el sueño con una siesta.
Esto explica que las siestas diurnas son impulsadas biológicamente y no solo se deben a un factor cultural, ambiental o de comportamiento, para que pueda ayudar a desarrollar recomendaciones personalizadas para la siesta en pro de mejorar la calidad de vida de las personas.

