Cinthya Araiza

¿Por qué los adolecentes actúan como actúan? ¿Por qué es tan complejo el comportamiento de los adolecentes hoy en día? Estas preguntas seguramente han pasado por la mente de todo padre de familia; hoy por hoy, el cerebro del adolecente es mucho más difícil de descifrar que en décadas pasadas. Jóvenes frustrados de actitudes agresivas que manifiestan su inconformidad ante la vida mediante actos que muchas veces son extremos.
Existen múltiples factores para cada comportamiento inusual manifestado por las nuevas generaciones…desde actitudes rebeldes simples y corregibles, hasta mentes perversas que los llevan al homicidio. “…hay muchos adolecentes irracionales que no demuestran trastorno alguno durante su etapa de adolecente” (Walsh). Es gracias a la ciencia, que hoy nos es más sencillo (más no por completo) el descifrar el cerebro del adolecente.
Se dice que el cerebro adolecente está programado para arriesgarse en todos los aspectos. Un neurólogo de la Universidad de Weill Cornell, explica que “…los adolecentes pueden tomar buenas decisiones…pueden hacerlo mejor que tú ó yo…pero en el centro del momento, en el cual ellos se sienten retados, es cuando se meten en problemas” …esto, debido a las áreas de recompensa del cerebro las cuales son más sensibles durante la etapa de pubertad, que se encuentran en etapa de maduración en el inicio de esta etapa.
Son muchos los expertos que han concentrado sus estudios en el cerebro del adolecente por lo complejo de éste; los expertos han concluido que los adolecentes suelen tomar malas decisiones por que no piensan en las consecuencias sino que sólo se dejan llevar por los impulsos…casi como decir que no razonan al 100%; se trata de todo un proceso neuro-biológico.
El comprender las consecuencias de que cada decisión no es el problema exactamente: en situaciones emocionales neutrales, los adolecentes tienden a tomar los mismos riesgos que los adultos. Si solo fuera cuestión de un cerebro inmaduro, los niños pequeños tomarían decisiones mucho peores que los mismos adolecentes, lo cual no ocurre. Lo que impulsa a los adolecentes es una recompensa que es consecuencia de tomar tal ó cual riesgo; dicha recompensa suele ser la aclamación y admiración de los otros adolecentes. Básicamente, son capaces de hacer juicios muy acertados en las situaciones que no involucran emociones ó sentimientos… ó recompensas, sin embargo, en la misma intensidad del momento, sus decisiones suelen desmoronarse.
Los estudios realizados por el profesor en desarrollo psicológico de Temple University, Laurence Steinberg, se observó a varios adultos y adolecentes mediante un videojuego, en donde ambos tomaban las mismas decisiones y riesgos. La diferencia ocurrió cuando se trajo a un compañero del adolecente al cuarto de juegos…el adolecente que participaba en el videojuego, arriesgó mucho más (el doble) que el adulto, quien permaneció exactamente igual.
Se ha concluido que el cerebro adolecente, utiliza diferentes aéreas del cerebro para percibir las miles emociones.
El adolecente no solamente utiliza su mente, sino que también utiliza la amígdala, una pequeña región del cerebro la cual es bien conocida por sus reacciones, mientras que los adultos sólo utilizan la corteza frontal del cerebro.
En respuesta a esta compleja situación; una teoría de adaptación expresa que durante la etapa infantil, los padres de un niño actúan como la parte frontal de la corteza del cerebro, mientras tanto, en la adolescencia se suele aventurar a un mundo que se encuentra en constante cambio. Cuando se llega a la pubertad, el mismo instinto humano nos dice debemos ir en búsqueda de una pareja y los recursos necesarios para la supervivencia, situaciones que te llevan a salir de tu zona de confort. Es simplemente una etapa de adaptación en la cual deben aprender a adaptarse a las presiones sociales, a ponerse a prueba.
Encerrar a un adolecente hasta que tenga 21 no es lo correcto, se requiere más que paciencia y comprensión por parte de los padres…la respuesta ofensiva a un comportamiento erróneo de rebeldía adolecente no es la solución, darles un minuto para recapacitar sin castigar tal comportamiento, siempre y cuando este sea tolerable.
