Gabriel Leyva
Un principio básico de la economía es que entre más opciones, más feliz es el individuo. La idea es que un individuo perfectamente racional siempre va a escoger la opción que le brinde más felicidad, y entre más opciones tengamos, más nos acercaremos a una decisión óptima. Esta es una de las razones por la cual el mercado libre es considerado la mejor alternativa económica, ya que este provee por naturaleza la mayor cantidad de opciones posibles.
A simple vista esta aserción tiene sentido, pero investigaciones recientes dicen que no es cierto. Claro, algunas opciones son mejor que nada, pero después de cierta cantidad más deja de ser mejor que menos. Esto es corroborado por patrones sociales, donde los incrementos en riqueza de los países están correlacionados con decrecimientos en la felicidad de la sociedad. Mientras que en los últimos 30 años el PIB de los países desarrollados se ha doblado, el porcentaje de personas que se identifican como muy felices ha bajado en un 5%.
Barry Schwartz de la revista “Scientific American” realizo un simple estudio para probar esto. Él creó una escala que llamo escala de maximización, que va del 1 al 7. Con maximización se refiera al nivel de esfuerzo que un individuo hace para hacer una decisión. Una persona que esta alta en la escala tarda más en hacer decisiones y trata de avaluar todas las posibles opciones antes de tomar una decisión, mientras que alguien que está bajo en la escala se satisface con la primera opción que llena sus necesidades. Después pedir a varias personas que se identificarán dentro de esta escala, evaluó sus niveles de satisfacción después de realizar una compra. El encontró que las personas que estaban bajas en la escala sentían as satisfacción al darse cuenta de que habían tomado una buena decisión, mientras que los maximizadores sentían mucho más arrepentimiento cuanto se daban cuenta de que habían tomado una mala decisión. En general, la gente que maximizaba era más infeliz y estaba menos satisfecha con su vida.
El problema es que según la teoría económica hacemos decisiones basados en lo que se llama costo de oportunidad. Cuando compramos algo que cuesta 1,000 pesos por ejemplo, no consideramos el costo el dinero en sí, si no las otras cosas que pudimos haber hecho con ese dinero. Alguien que se satisface fácilmente tiene que considerar menos costos de oportunidad simplemente porque considero menos opciones, mientras que el maximizador por naturaleza va a maximizar el número de costos de oportunidad que tiene que considerar. Por un lado esto puede llevar a parálisis por que la persona simplemente no puede tomar una decisión con todas las opciones que tiene. Pero también aumenta las posibilidades de sentir arrepentimiento después de hacer una decisión.
Cuando combinamos esto con la propensión humana de sobre valuar la felicidad que una decisión o una compra nos va a brindar, tenemos un desastre. Los seres humanos nos adaptamos a las cosas nuevas muy rápidamente, lo cual hace que la satisfacción que obtenemos de algo nuevo no dure tanto como esperábamos. Imagina por un momento que te ganaste la lotería y ahora estas decidiendo entre comprar un auto de lujo o un yate. Después de mucha consideración decides comprar el auto. Los primeros días estás emocionado, disfrutando tu nuevo juguete. Pero con el tiempo te empiezas a acostumbrar y tu carro nuevo deja de ser emocionante. Ahora te sientes vacío, y como tu carro no te hace feliz, eso significa que tomaste la decisión incorrecta. Debiste haber escogido el yate, si tuvieras el yate, ahora mismo serias feliz. El arrepentimiento por una decisión se vuelve peor porque atribuyes tu falta de satisfacción a haber tomado la decisión incorrecta, no al hecho de que un carro nuevo o un yate no te van a hacer feliz por mucho tiempo.
Y la cantidad de opciones también juega con nuestras expectaciones. Cuando tenemos muchas opciones, nuestra expectación es que nuestra decisión va a ser mejor ya que teníamos tanto de donde escoger. SI por ejemplo vas a un súper donde hay una selección muy pequeña de vinos y tu elección termina no siendo muy buena, no hay gran decepción por qué no esperabas encontrar nada muy bueno. Pero si vas a una vinoteca esperando encontrar algo fantástico y tu elección termina siendo mediocre, entonces la decepción se vuelve mucho mayor.
Esto no significa que tener opciones es malo. Pero al parecer cuando las opciones crecen llegamos a un punto los beneficios marginales se vuelven mínimos mientras que los negativos siguen escalando. En otras palabras hay un punto óptimo de opciones que está entre tener muy pocas y tener muchas. La idea de que el mercado libre es superior por que provee más opciones va en contra de nuestra psicología.
