SALVATORE SABELLA BRACALE
En los tiempos medievales, el acompañamiento era parte de todas las comedias de misterios y milagros y lo usaban también los trovadores como arreglo para sus obras pastoriles. El renacimiento florentino comienza realmente con los compositores del siglo XIII y con los mayores representantes del nuevo arte de Italia, por ello la ciudad de Florencia es considerada la cuna de las bellas artes de toda Europa. En ese desarrollo artístico participaban todos los ciudadanos, desde el más modesto obrero al más alto burgués sin distinción de clase, gozando de las más elevadas y cordiales expresiones artísticas, como alimento esencial del espíritu y para una mejor forma de vivir.
Nacieron así nuevas ideas musicales elegantes creadas por los más famosos compositores de la época como: Petrarca, Boccaccio, Donati, Saldanieri, Sacchetti, Rinuccini, Malatesta y otros más que, durante los siglos XIV, XV y XVI, dotaron a Italia y al mundo entero de los placeres de infinitas y nuevas formas musicales Florentinas, desde baladas populares, madrigales, motetes, cantigas, sonetos, fróttolas, villotas y otras. Estas creaciones eran acompañadas de hermosos instrumentos de la época como: el laúd, el arpa, la lira, la espineta, el clavecín, la cítara, la cornamusa, la bombarda, y desde luego el órgano. Además surgieron muchos y muy buenos cantores para hacer frente a las nuevas composiciones, las cuales se representaban continuamente, no sólo en conciertos privados, sino también en fiestas y bodas, entre de las grandes familias de la nobleza e importantes comerciantes adinerados.
A fines del siglo XVI, esplend Florencia estaba bajo los dominios del Gran Ducado de la familia de Medicis, quienes desde siglos anteriores habían aportado muchos recursos para el desarrollo de la cultura y eran un ejemplo de Mecenas, familia de mercaderes y banqueros entre los cuales surgieron Nobles, Reinas, Cardenales y Papas.
El primero de ellos apareció en Florencia en los inicios del Renacimiento en el siglo XIV, fue Cósimo el viejo, hijo de Giovanni, conocido como el Padre de la Patria y protector d las Bellas Artes, Caterina, hija de Lorenzo fue la primera en ocupar el trono de Francia. Desposada con Enrique II en 1537, fue madre de tres reyes: Francisco II, Carlos IX y Enrique III, y de la controvertida Reina Margarita, primera esposa del Rey de Navarra y futuro Enrique IV, Rey de Francia. Pero el personaje más importante que dio inicio al desarrollo de la ópera fue María hija de Francesco, quien casó en segundas nupcias de Enrique IV, en el año 1600, madre de Luis XIII y abuela de Luis XIV y tatarabuela de grandes promotores de las Bellas Artes. Desde luego, quien más aportó al desarrollo de la cultura de Francia y de toda Europa fue Luis XIV, llamado Rey Sol (debido a que, en su extenso reino brillaron las artes en todo su esplendor).
En esta misma ciudad de Florencia, un grupo de nobles, en su mayoría músicos fueron conocidos como «La Camerata», pensaron en crear algo que conjuntara música, poesía, plástica mímica y canto. Así crearon un melodrama es decir teatro con música al principio algunos de ellos fracasaron en su intento, Como Gesualdo, Marenzio, Vecchi, y Della Viola, debido a que todos ellos, no eran eruditos en esta nueva forma melodramática.
Pero de nuevo la oportunidad de componer una ópera se le presenta a tres músicos que ya en 1594 habían tenido un ensayo con una ópera llamada «Dafne», compuesta sobre un tema de la mitología clásica, en que la hija del Río Peneo, es transformada por su padre en laurel, en el momento que Apolo la perseguía para raptarla. Los autores fueron Peri, Caccini y Rinuccini. La obra se perdió con el tiempo. Pero el gran momento histórico de la ópera se le presenta a estos mismos músicos el día 6 de octubre de 1600, al componer y presentar en el gran Palacio «Pitti» de Florencia, en el Salón de las Estatuas, en ocasión de la gran boda de fines de siglo de María de Medicis y Enrique IV, aportando a ésta una gran dote de dinero, joyas, además del gran acervo cultural a Francia. Esta ópera de gran espectacularidad para su época se llamó «Euridice» (que todavía se conserva), fue desarrollada sobre un tema mitológico, en el que la esposa de Orfeo, muere por una mordedura de serpiente y él baja hasta los infiernos en su búsqueda. El principio fundamental sobre el cual se edificó esta primera ópera, oficialmente fue que la música, el desarrollo dramático y la interpretación eran de la misma importancia, así que la música no quedó relegada únicamente a la polifonía de contrapunto de la escuela secular. Por esta razón, el éxito y la popularidad, de esta nueva forma, fue relevante.
Para fines del siglo XVII, se establecieron teatros de ópera en diversas ciudades de Italia, Francia, Austria y Alemania. Uno de los teatros líricos más antiguos de este último país fue construido en la pequeña ciudad de Bayerut», construido por el Rey Luis II en 1876 para representar los grandes dramas del compositor Ricardo Wagner. En Italia, contribuyeron al desarrollo de la ópera, el establecimiento en tres ciudades importantes de escuelas musicales bien definidas, de este nuevo arte creado en el siglo anterior. En Roma se perfeccionaron los coros, debido a la existencia de la famosa escuela Gregoriana, mientras que en Nápoles se elevó el estudio del Bel Canto, que es el arte de cantar bien. Y en Venecia, se llevó cabo el más alto sentido instrumental de la ópera, marcando la pauta definitiva del más importante desarrollo de la escuela operística donde muy bien puede decirse que surgió el primer genio de los compositores de ópera, Claudio Monteverdi, nacido en Cremona, ciudad de famosos Liutistas, fabricantes de instrumentos de cuerda, como: Antonio Stradivari, Nicoló Amati, Giuseppe Guarnieri y otros.
Fue Monteverdi quien dio el gran impulso inicial al drama lírico, componiendo sus primeras dos óperas: la primera fue «Adriana y Orfeo» en 1607. En esta obra introdujo por primera vez un dúo dado que, anteriormente, cada voz cantaba separadamente. En 1634 también introdujo los violines en la partitura de su ópera, «El combate de Tancredo y de Clorinda» usando el trémolo, para describir la agitación durante la escena del duelo y el pizzicato, para representar los golpes de espada. Su discípulo Francesco Cavalli, perfeccionó el estilo de su maestro, agrupando varias voces en dúo, tríos y cuartetos, dándole a los coros un lugar de importancia secundaria e introduciendo asimismo, en la ópera, el elemento cómico.
Contemporáneamente a Cavalli figuran, Giacomo Caríssimi nacido en Roma, que se distinguió notablemente en los oratorios y en agrupamiento de efectos corales.
Su discípulo Marco Antonio Cesti, incluyó en la Escuela Veneciana el estilo del oratorio de su maestro, pero los públicos pedían la ópera en la forma implantada por Cavalli, así que Cesti dividió la ópera en dos clases: la seria y la bufa. La ópera seria, se presentaba muy elaboradamente empleándose varias escenas diferentes sin tener en cuenta el efecto dramático y se intercalaban grandes coros sin ninguna razón dramática, era meramente un acompañamiento, trayendo como resultado algunas situaciones un tanto absurdas.
La Opera Bufa, que era de un carácter ligero y burlesco, retuvo una gran parte del efecto dramático, pero frecuentemente se convertía en vulgar y común. El diálogo se sostenía por medio de recitativos lo cual fue remediado más tarde con la introducción de arias, dúo y coros.
En Nápoles se hizo muy popular ese estilo de ópera, que daba a los cantantes mejor oportunidad para exhibir su técnica vocal. En estas óperas había seis personajes, tres de cada sexo, todos amantes entre sí. Constaban de tres actos y cada uno terminando en una aria. El mismo personaje no podía tener dos arias en sucesión y a ninguna de esas arias podía seguirla otra de la misma clase. Las arias principales se empleaban para terminar el primero y segundo acto. El segundo y tercer acto contenían cada uno cuando menos un dúo para el héroe y la heroína, pero no se encontraban tríos, ni números concertantes, exceptuando en la ópera bufa.
Alessandro Stradella, a mediados del siglo XVII empleó los métodos de Carissimi en todas sus obras, pero la relevancia de la escuela Napolitana se debió a los esfuerzos de Alessandro Scarlatti que es el que conecta la severa escuela de contrapunto y la escuela libre del Bel Canto.
Con Scarlatti, la melodía adquiere mayor fluidez y gracia, así las arias toman la forma definida de recitativo y aria, dándose los recitativos con acompañamiento de orquesta. Scarlatti usó también la forma de obertura.
Los que siguieron los pasos de Scarlatti fueron : Nicola Pórpora y Francesco Durante, que tuvieron varios ilustres pupilos entre ellos a Nicola Logroscino inventor de lo que se llamó el Concertante Final y Nicola Piccini quien desarrolló aún más esa nueva forma musical. Este compositor es la figura sobresaliente de la ópera italiana, durante el período de Gluck en París.
En esa misma época, en el 1659 el poeta francés Pedro Perrín y el compositor Cambert Presentaron su primera ópera «La Pastorale», pero definitivamente la escuela francesa de la ópera surgió a mediados del siglo XVII y su precursor fue Juan Bautista Lully. La mayor parte de las óperas de este compositor fueron arreglos de las comedias de «Moliere», procurando seguir el texto y así adaptar la música a la comedia, desde luego sin emplear arias, dúos y adornos. Al mismo tiempo se desarrolló el estilo de la ópera cómica Francesa, que es distinta a la ópera bufa Italiana. El que más impulso le dio a este estilo fue, Juan Bautista Poquelin, cuyas composiciones operísticas de este músico fueron casi todas de corte satíricas.
Después, Juan Felipe Rameaú siguió las tradiciones de Lully, pero como poseía un conocimiento más amplio del lado técnico de su arte dio a la orquesta un método todavía más rico y más original de tratamiento introduciendo efectos del todo nuevos, ejerciendo además una gran influencia sobre las composiciones.
A principios del siglo XVIII, también en Nápoles surgió la figura de Giovanni Battista Pergolesi, quien compone una obra maestra; «La Serva Padrona» (La Sirvienta Padrona), además Nicolá Jommelli (llamado el Gluck Italiano), Baltassare Galuppi (llamado el padre de la ópera bufa) y Giovanni Battista Bononcini, que fue el exponente más distinguid de la ópera seria de esa época.
El primer compositor alemán notable de esa misma época fue Georg Friedrich Haendel. Sus primeras óperas las compuso para a ciudad de Hamburgo, posteriormente viajó a Italia donde se compenetró del estilo de la escuela Italiana. Haendel escribió 42 óperas, pero a pesar de sus múltiples bellezas, desde hace muchos años desaparecieron de las escenas teatrales de todo el mundo.
Cristóbal Willibald Gluck, compositor austríaco nacido cerca de Viena, fue el primer reformador del drama lírico, pero sus primeros estudios de las formas operísticas los realizó en Italia.
Posteriormente, luego de ganar fama por varias producciones de óperas italianas, se trasladó a Inglaterra donde Haendel ya se hallaba en el cenit de sus facultades, pero comprendiendo la necesidad de mayores estudios operísticos de los ya existentes viaja a París atraído por la fama de Rameau.
Regresa a Viena para mayor perfeccionamiento en este arte y logra establecer una relación más íntima entre la música y el drama. En 1762 estrena su ópera «Orfeo», en la que puso en juego muchas teorías, sin embargo no fue sino hasta su producción de «Alceste» en 1767 cuando se proclamó ante el mundo entero como uno de los claros pioneros del drama lírico. En el prefacio de su «Alceste», Gluck admite que estos principios son las ideas fundamentales sobre las cuales se formó el drama lírico, siendo estas las bases para todas las óperas venideras:
En 1756 en la ciudad de Salzburgo, Austria, nace otro gran genio de la música, Wolfang Amadeus Mozart, para hablar sobre la aportación musical de este excelso compositor nos faltarían páginas para describirlo. Su aportación a la ópera fue muy relevante con sus notables óperas «El Rapto del Serrallo», «Le nozze di Fígaro», «Don Giovanni’, «Cosi Fan Tutte» (Así hacen todas), «La Flauta Mágica» y otras más, varias de ellas en italiano debido a la gran influencia que adquirió de Italia. En Alemania nace otro gran compositor en 1786, Carlo María Von Weber con el, se inicia la ópera romántica en ese país y con su gran composición de la ópera «El Cazador Furtivo», ofrece al pueblo alemán su primera ópera nacional. Contemporáneamente a él surgieron otros dos grandes «Spöhr y Marschmer y así el siglo XIX marca el paso más gigantesco de la ópera y el resurgimiento de los más grandes compositores musicales cuyas obras continúan manteniendo su lugar en los escenarios del mundo entero.
Ahora bien, entramos de lleno para hablar sobre los precursores de este nuevo desarrollo del melodrama italiano. Los dos primeros fueron: Luigi Cherubini y Gáspare Spontini los cuales se sitúan entre dos siglos. Cherubini controvertido compositor florentino fue un gran músico y llegó a ocupar el puesto de Director del Conservatorio de Música de París, ciudad donde también reposan sus restos mortales. Compositor muy prolífico fue admirado por el gran Napoleón Bonaparte debido a su gran obra maestra «Las Dos Jornadas», que los franceses idealizaron por expresarse en ellas la idea de libertad.
Gaspare Spontini nacido en la ciudad de Iesi, Italia, misma cuna del eminente compositor Giovanni Battista Pergolesi. Sus primeros estudios musicales los realiza en la ciudad de Nápoles; compuso muchas óperas cómicas pero su obra maestra fue La Vestale» estrenada en París en diciembre de 1807. Además compuso otras dos óperas importantes»Olimpia» siendo esta llena de color y rica de inspiración armónica. La otra fue «Hernán Cortes» estrenada en 1817 también en París, cuyo argumento fue basado en la Conquista de México.
Posteriormente Rossini, Bellini y Donizetti, entran impetuosamente en la era moderna como los verdaderos iniciadores del Bel Canto italiano. Definitivamente la aportación musical de estos compositores propició aún más el fortalecimiento de la ópera Italiana en el mundo y sus composiciones operísticas son en la actualidad parte de los repertorios de los mayores teatros del orbe.
Gioacchino Rossini, nace en la ciudad de Pésaro en 1792. Al inicio de sus estudios musicales tocaba el corno y la trompeta, posteriormente perfeccionó sus estudios en la ciudad de Bolonia. Rossini parece responder admirablemente a los requisitos de una naturaleza confiada y expansiva requeridos por el arte musical de aquélla época. Su cordialidad sonriente, su risa abierta, sus dulces melodías y sus ritmos caprichosos traducidos en olas del gozo vivificante, explican los enormes éxitos que conquistó rápidamente entre sus contemporáneos. Compuso infinidad d óperas bufas y serias de las cuales solo algunas se representan en la actualidad y que más adelante mencionaremos.
Entre las cantantes más famosas, que fueron heroínas de sus óperas figuran: La Morandi, La Righetti, La Malibrán y desde luego su esposa Isabel Cólbran. Viajó mucho por toda Europa con las óperas de su creación. En Nápoles fue Director de uno de los Conservatorios de Música y en París fue Director del Teatro Italiano de la Opera en donde falleció en 1887, siendo sus restos trasladados a Florencia.
Vincenzo Bellini nació en la ciudad de Catania, Sicilia, en 1801. Hijo y nieto de músicos fue un compositor muy precoz ya que desde los siete años de edad compuso música religiosa. Entra al Conservatorio de Nápoles y estudia la música de sus predecesores como: Haydn, Mozart, Pergolesi y otros más. Su existencia fue muy breve falleciendo a la edad de 34 años de tuberculosis, enfermedad epidémica del siglo pasado.
Pero Bellini, dejó un legado musical de gran belleza para el Bel Canto y hermosas composiciones operísticas. La ciudad de Nápoles erigió en su memoria el hermoso teatro de ópera «Bellini», el segundo en importancia de la ciudad.
Gaetano Donizetti, nació en la ciuidad de Bergamo en 1797 en condiciones muy pobres, fue admitido muy joven en la escuela de música de su ciudad por el maestro Simon Mayr, en la que estudió por nueve años. Después se trasladó a Bolonia para ingresar a la escuela musical del maestro Mattei. Resultó tan genial compositor que al año escribió sus primeras tres óperas de muchas obras instrumentales de gran valor. En seguida se traslada a la ciudad de Nápoles en donde ocupó el cargo de Director del conservatorio de Música «San Pietro a Mayella» uno de los tantos que existían en la ciudad y que además era considerado el más prestigioso de toda Europa, hasta la fecha. También llegó a ocupar el puesto de Director del Teatro de San Carlo, considerado todavía hoy como uno de los mayores templos del arte operístico del mundo, que fue construido en 1737 y que sigue funcionando hasta nuestros días. La ciudad de Nápoles, fue la que mas inspiró a este compositor en donde escribió muchas óperas que dieron la vuelta al mundo. Desde luego, sin duda alguna su obra maestra fue «Lucía de Lammermoor» siendo ésta una de las óperas más representadas en los teatros del mundo entero. Donizetti fue también un prolífico compositor de música de cámara, instrumental, vocal y religiosa. Además fue el precursosr más directo y vivaz del romanticismo Verdiano, Se entregó tanto a su trabajo que por lo mismo tuvo un desgaste físico y mental siendo para él un calvario. Hubo que internarlo en un manicomio, dejando de existir en la misma ciudad que lo vio nacer en el año 1848.
Antes de pasar a referirnos a los compositores llamados mayores, daremos una breve referencia a los menores, que hubo por cientos, muy buenos y muy prolíficos todos. Mencionaré sólo algunos de ellos que actuaron durante la mitad del siglo XIX «Mercadante, Pacini, Paer, Mayr, Carafa, Coccia, Ricci, Righini, Orgitano, Gazzaniga, Mosca, Federici, Tritto, Liberati, Assiolo, Zincarelli, Morlacchi, Generali, Nicolini, Raimondi, Orlandi, Calegari, Pavesi, Soliva, Celli, Pucítta, Nanna, Coni, Persiani, Tadolini y Vaccai que también fue famoso por sus métodos de piano y otros más.
Aunque la mayoría no ha quedado en el recuerdo del público, casi todos ellos pertenecieron a la gran escuela de música napolitana, y cada uno de ellos, cuando menos compuso 50 obras de gran valor musical.
Los compositores mayores del siglo XIX, son llamados así por haber sido los que crearon las obras más grandiosas y espectaculares, que siguen deslumbrando aún a quienes las conocen.
Me referiré en primer lugar al gran maestro Giuseppe Verdi, nacido en 1813 en Róncole, pequeño pueblo cerca de Parma, en la Región de Lombardía al norte de Italia. Por pura coincidencia en el mismo año en Alemania nacía el gran gigante de la música instrumental operística debido a su riqueza en armonía y grandeza mitológica, Ricardo Wagner.
Verdi, es definido como el compositor de mayor jerarquía de los italianos no sólo de su época, sino de todos los tiempos, por el solo hecho de haber dado mayor importancia a la ópera italiana en el mundo. Sus óperas cubrieron todos los géneros desde corte bíblico, histórico, tragicómico, romántico y patriótico. Con sus dos primeras óperas «Oberto» y el «Proscritto’ no tuvo el éxito deseado. En el año 1836 se casa con Margarita Barezzi, hija de su benefactor. De este matrimonio nacieron dos hijos, y que en solo 4 años perdió a toda su familia, debido a una epidemia de la época. Por este grave acontecimiento, Verdi entra en una gran depresión que le impide seguir componiendo, pero un importante editor de la famosa Casa Ricordi insistió para que siguiera adelante y haciéndole entrega de un libreto lo convence de volver a la composición y gracias a Ricordi, Verdi realiza su primera ópera majestuosa » Nabucco». El estreno se efectuó en el teatro alla Scala de Milán en 1842, la presentación tuvo tanto éxito que el público reclamó al maestro 40 veces, así que solo en la primera temporada se representó 65 veces, por lo tanto su futuro artístico estaba asegurado. La coincidencia de este sonado triunfo se acopló a las revueltas Italianas para su unificación en contra de los austríacos que ocupaban el suelo Itálico. El famoso coro de los esclavos de la ópera «Nabuccodonosor» sirvió como himno a los patriotas insurgentes, para con su victoria se estableciera la monarquía de la casa Saboya. En todos los muros de Italia aparecían las iniciales de V. V.E.R.D.I. (cuyo significado metafórico era Viva Vittorio Emanuele Rey de Italia).
También se presentó un importante cambio en su nueva vida sentimental con la heroína de la ópera, Giuseppina Strepponi muy famosa soprano de la época, que posteriormente fuera su segunda esposa.
Los compositores contemporáneos de Verdi, fueron muchos y muy prolificos, pero sus óperas se han desvanecido en el tiempo. Me referiré sólo a algunos de ellos; Marenco, Marchetti, Faccio, Bottesini, Mascheroni, Mazzuccato, Rossi, Fioravanti, Mazza, Costa, Scira, Buzzolla, Sarmiento, Pedrotti, Agnelli, Boniforti, Mabellini, Campana, De Ferrari, Serafino; Malipiero, Foroni, Ruta, Pisuti, Braga, Benvenuti, Palumbo, Coronario, Zamarra y otras más.
Todos ellos no solo siguieron la huella de Verdi, sino también de Wagner, Gounod, Massenet Saín Saens y otros. De estos contemporáneos de Verdi, tres de ellos destacaron enormemente a tal grado que sus óperas todavía se representan en todos los teatros, ellos son: Amilcare, Ponchielli, Arrigo Boito y Alfredo Catalani. Este último nació en la ciudad de Lucca en 1854 hijo de músico y primo del también gran compositor Giacomo Puccini. Ayudado en su corta carrera por el gran director de orquesta Arturo Toscanini, logró solamente escribir cinco óperas sobresalientes, una de ellas fue «La Wally», así como también música instrumental, debido a su temprana muerte a los 39 años.
Arrigo Boito, nace en la ciudad de Padua en el año 1842. Después de una infancia difícil, su madre le consigue una beca para estudiar en el Conservatorio de Milán. Boito no solo escribía música sino también era un buen libretista. Dedicó su mente, espíritu y gran parte de su vida artística a Giuseppe Verdi.
Su obra maestra fue » Mefistófele», sobre este maestro en particular, deseo abrir un paréntesis y referirme a la gran importancia que los libretistas tuvieron para los compositores ya que sin un gran argumento difícilmente podrían lograr una buena composición musical, por lo tanto el éxito de una ópera es compartido por ambos autores.
Amilcare Ponchielli, nace en un pequeño pueblo llamado Paderno Fasolaro en 1834, en donde era director de una banda de música. Posteriormente se tituló en el Conservatorio de Milán. A pesar de su carácter de ermitaño su entrega a la música fue total, creando también su gran obra maestra «La Gioconda». Como catedrático del conservatorio de Milán transmitió con dedicación sus conocimientos a sus pupilos y algunos de ellos serían los futuros creadores del movimiento verista italiano del siglo XX.
El movimiento del Verismo italiano inició a finales del siglo XIX y las composiciones operísticas más relevantes de este género terminaron con la muerte del último de los grandes titanes del melodrama italiano en 1950. Me refiero a Francesco Cilea uno de los iniciadores de este nuevo género. Muchos fueron los compositores que contribuyeron en ello, trataré de referirme a algunos de ellos que más huella han dejado hasta nuestros días y a mi juicio estoy seguro que sus memorias perdurarán a través de los siglos venideros: Pietro Mascagni, Francesco Cilea, Ruggiero Leoncavallo, Umberto Giordano, Franco Alfano y Giacomo Puccini.
Indudablemente la ópera Verista Italiana tenía sus orígenes en las orientaciones de un género operístico francés anterior, que oscilaba entre los dos polos de la ópera «Carmen» de Bizet y «La Manon» de Massenet y que en el campo del melodrama se intentabla implantar, experiencias realistas antes felizmente aplicadas por los libretistas Sardou y Alexandre Dumas hijo, al drama burgués en prosa.
Estas formas ya habían sido usadas por Verdi y Ponchielli en sus aspectos más progresistas y por Massenet en sus momentos más apasionados.
Pietro Mascagni, nace en Livorno en 1863 y muere en Roma en 1945 a final de la Segunda Guerra Mundial. Después de un año en el Conservatorio de Milán compone su primera ópera llamada «Guglielmo Ratcliff». Viajó mucho por Italia como director de orquesta de ópera y operetas para poder subsistir, hasta que llega su gran momento de presentar en el concurso de la casa musical Sonzoño en mayo de 1890 su gran obra maestra «La Cavallería Rusticana» ganando el primer lugar, lo que hizo que cambiara totalmente su vida ya que los éxitos que obtenía su ópera realista lo atestiguaron los teatros del mundo entero.
Leoncavallo, nace en Nápoles en 1858. Definido como el más Verista del melodrama por sus mismos contemporáneos, aunque también era criticado por algunos de ellos. Aseveraban que carecía de fuerza creadora adecuada para la perfección operística y estas malas apreciaciones lo llevaron a conducir una vida juvenil errante, desordenada, de miseria y a pesar de todo ello seguía componiendo. En tantas composiciones logró la romanza más famosa de todos los tiempos «La Mattinata», además logró escribir su ópera maestra «I pagliacci» (los payasos) estrenada en Milán en mayo de 1892. Desde ese momento, su fama subió como espuma debido al gran éxito. Desde entonces esta ópera pertenece al repertorio de todos los teatros del mundo, cantada además por casi todos los más famosos tenores de todos los tiempos desde el gran tenor Enrico Caruso que era su conciudadano. Además casi siempre, su obra maestra «I pagliacci» comparte los honores de ser presentada con «Cavallería Rusticana», debido no solo a su gran belleza melodramática, sino por ser las dos óperas de un solo acto y ganadores de importantes concursos líricos.
Umberto Giordano. Nace en Foggia ciudad cerca de Nápoles en 1867 y muere en Milán en 1948. Igual que sus contemporáneos muestra un talento vivaz para el teatro y la composición musical. Al terminar sus estudios en el conservatorio de Nápoles, presentó, su primera ópera «Marina» en el teatro San Carlo y no tuvo éxito, realizó un segundo intento con la ópera «Malavita» y corrió con la misma suerte debido al tema demasiado realista por lo tanto Giordano, quedó muy deprimido por las graves críticas recibidas. Pero el destino le deparaba un gran futuro al intentar nuevamente componer la ópera que fuera posteriormente su obra maestra «Andrea Chenier» sobre un tema del tiempo de la revolución francesa, siendo esta acogida con gran simpatía por el pueblo francés, en su segunda presentación, ya que el estreno de esta ópera se efectuó Alla Scala de Milán en 1896, con un estrepitoso triunfo. Por lo tanto el futuro de este gran compositor estaba asegurado y pasaba a ser parte de la historia entre los más famosos del melodrama italiano.
«Francesco Cilea nace en Palmi, pueblo de región de Calabria, en 1866 en donde también fallece en 1950. Fue este un artista muy silencioso y solitario y el menos prolífico de sus coetáneos. También recibió sus estudios musicales en uno de los Conservatorios de Nápoles, en el que posteriormente llegó a ocupar el puesto de director, como también en las academias musicales de Palermo y Florencia. Después de escribir pocos ensayos musicales de mucho valor, logró componer su ópera maestra «Adriana Lecouwreur» que fue estrenada en la Scala de Milán en 1902 con tan bien recibimiento que lo consagró entre los inmortales del arte lírico.
Por último, me referiré a uno de los compositores más idolatrados de todos los públicos del mundo entero, amantes de la ópera estilo realista. Giacomo Puccini nacido en la ciudad de Lucca, provincia Toscana en 1858, hijo de músico, realizó sus estudios en el conservatorio de Milán, alumno de Bazzini y Ponchielli. Aparece en el horizonte musical Italiano en una época muy difícil: Verdi todavía rige con mano firme su propio imperio dictatorial, Ponchielli, Boito y Cataláni eran los preferidos de los públicos, que además también se interesaban en las óperas Wagnerianas que estaban de moda, como: «Lohengrin», «Tannhauser», «Tristan e Isolda» «Parsifal» y otras. Tales efectos parecían amenazadores irresistibles. Puccini emprende una lucha titánica para poder aparecer en el escenario musical. Así que inicia su carrera mostrando su «Capriccio Sinfónico» dirigido por Franco Faccio y una primera ópera «Le Villi» para darse a conocer. Pero por su mala suerte recibió una crítica negativa por Verdi y esto bastó para que sus primeras aspiraciones de su carrera quedaran paralizadas. Trató nuevamente en un segundo intento presentando la ópera «Edgar» y tampoco tuvo suerte. Mientras tanto sufría de una difícil situacion económica que lo tenía desmoralizado, pero al poco tiempo el destino le hacía justicia. Puccini, logró convencer a la casa Ricordi que le autorizara la composición musical de un argumento por el realizado, gracias a su insistencia la ópera fue aprobada. Llegando esta a su primer gran triunfo siendo «Manon Lescaut». Estrenada en el teatro real de Turín el 1 de febrero de 1893 obteniendo un éxito muy sonado en su tiempo, debido a que en su intento había desafiado en una competencia a Massenet, que había compuesto una ópera también llamada «Manon», desde entonces nació musicalmente el genio del Verismo italiano por excelencia.
Puccini, con su genialidad, supo dar al mundo entero una imagen real del realismo italiano, ya que a cada país le compuso una ópera, según sus usos y costumbres, a Francia no solo le dedico la «Manon Lescaut», sino también «La Boheme», también esta estrenada en Turín en el mismo teatro real el 1º. De febrero de 1896, llevando al público al delirio por su triunfo apoteósico por lo tanto los bonos de Puccini, subían vertiginosamente y esto que todavía faltaba por venir más operas apasionantes y majestuosas. A la ciudad de Roma le dedica y estrena en el teatro Costanzi el 14 de enero de 1900, la grandiosa ópera » Tosca,’ para el Japón, presenta en la Scala de Milán el 17 de febrero de 1904 «Madama Butterfly», a California dedica «La Fanciulla del West», que estrena en New York en el teatro Metropolitan el 10 de diciembre de 1910, a Viena le compone «La Rondine», que presenta por primera vez en Montecarlo, en el año 1917, en el teatro Metropolitan también un 14 de diciembre de 1918 estrena «El Tríptico», apelativo este de la composición de 3 óperas de un solo acto y que fueron además presentadas al mismo tiempo, siendo estas, «Gianni Schicchi», «Suor Angelica» y el «Tabarro», las dos primeras fueron basadas sobre una historia florentina y la última muy triste por cierto, desarrollada sobre el río Sena de París. Y por último, a China dedicó su genial obra póstuma «Turandot». Este muy sonado estreno, aconteció en el teatro Alla Scala de Milán el 15 de abril de 1926, dirigida por el gran director Arturo Toscanini amigo personal de Puccini. El dúo final de esta obra inconclusa por la muerte de su autor, acontecida el 29 de noviembre de 1924, fue concluido por otro gran compositor Napolitano Franco Alfano.
Por cierto, es que ningún compositor de ópera de la generación contemporánea o posterior a él, hayan conquistado la misma popularidad. Traspasó con su arte todos los confines de nacionalidad y raza. En este sentido el lugar antes ocupado por Puccini indiscutiblemente está vacío. Entre sus colegas del grupo romántico realista, representaba al continuador de la hegemonía impuesta al mundo por los compositores italianos de los siglos XVIII y XIX, como: Rossini, Bellini, Donizetti y después Verdi.
Puccini, surgió en Italia para perpetuar la gloria de llevar a la gente a la fascinadora música de la estirpe que fuese capaz de empuñar el cetro de la dinastía secular. La de los soberanos del melodrama. Más de cuatro siglos han pasado desde 1594 en que un grupo de músicos florentino ensayaron por primera vez una ópera; nunca se imaginaron que sus esfuerzos en pro de la composición operística serían perennes, extendiéndose en todos los países del mundo entero.
Durante estas cuatro centurias, surgieron y triunfaron muchos compositores de todo el orbe, con este nuevo arte lírico. Proporcionando alegría a los corazones, dulcificando el alma y sublimando el espíritu.
A continuación, trataré de mencionar algunas de las óperas que en la actualidad aún se presentan en todos los teatros del mundo, sea de compositores italianos como de otros países. De los italianos me referiré a: Vincenzo Bellini con sus óperas «Norma» «Los Puritanos» y la «Sonnámbula» y otras, siendo los libretistas, Pepoli y Romani. Gaetano Donizetti, con el Don Pasquale, «L’elisir d’ amore», «La Favorita», «La Figlia del Reggimentó» (La hija del regimiento), «Lucrecia Borgia», y «Il Duca D’ Alba». Los libretistas fueron Cammarano, Romani, Royer, Bayard y Scribe. Umberto Giordano. Fedora y «La Cena delle Beffe» (la cena de las burlas), siendo los libretistas, Benelli, Sardou y Colutti, Gioacchino, Rossini, con «Il Barbiero di Siviglia, Guillermo Tell», «Semiramis», de libretistas, Etienne y Voltaire, Giuseppe Verdi: «Aida», «Un Ballo in Maschera», «Don Carlos», «La Forza del Destino», Ernani, I Lombardi, Luisa Miller, Otello, Rigoletto, «La Traviata», «Il Trovatore, ‘ I Vespri Siciliani» (Las vísperas Sicilianas), Falstaff y otras más, sus libretistas fueron : Ghislanzoni, Scribe, Dulocle, Boito, Piave, Solerra Y Cammarano.
De Giacomo Puccini; sus óperas ya las mencionamos anteriormente y sus libretistas fueron Civinini, Forzano, Illica, Giacosa, Prevost, Adami y Simoni.
Algunos compositores franceses fueron: Berlioz, con la «Condenación de Fausto».
Bizet, con «Los pescadores de Perlas» y su gran obra maestra «Carmen».
Leo Delibes, con «Lakme»
Gounod: «El Fausto», «Mirelle», «La Reina de Saba» y «Romeo y Julieta».
Massenet: «El Cid», «Don Quijote», «Manon», «Herodías», «Thais y Werter».
Saint Saens: «Sansón y Dalila».
Offenbach: «Los Cuentos de Hoffman».
Meyerber: «La Africana», «Dinorah», «Los Hugonotes», «El Profeta».Y Roberto el Diablo
Thomas: «Hamleto», «Migñon”. En seguida nos referiremos a los compositores Austríacos, Alemanes, Rusos y Españoles.
Gluck: «Armida», «Alceste» y repitió «Orfeo» y «Eurídice».
De Ricardo Strauss, «Salomé» y «El Caballero de la Rosa».
Ricardo Wagner: «El anillo de los Nibelungos», «El oro de Rhin», «El ocaso de los Dioses», «El Buque Fantasma», «Los Maestros Cantores de Nurimberg», Rienzo y otras que se mencionaron anteriormente.
Von-Weber: «El Oberón» y «El Cazador Furtivo».
Glinka: «Russlan y Ludmila».
Mussorgsky: «Boris Gudnoff» y «Khovantchina».
Prokofieff: «El Príncipe enamorado de las tres naranjas»
Rimsky Korsakow: «La Ciudad Invisible», «El Copo de nieve», «La Coq de oro», «La novia del Zar», «Sadko» y «El Zar Saltán».
Granados compuso, «Goyesca».
Manuel de Falla «La vida breve» y otras.
La lista es muy larga y sería imposible mencionar a todos los compositores de ópera del mundo que contribuyeron a perdurar el nuevo arte lírico en todo el orbe en tan breve tiempo. No quisiéramos dar por terminado esta modesta exposición, sin mencionar y hacerle justicia, a algunos de los más grandes cantantes de todos los tiempos que contribuyeron a inmortalizar la ópera como fueron : Enrico Caruso, Giovanni Martinelli, Aureliano Pertile, Ezio Pinza, Rosa Ponselle, Lucrecia Bori, Beniamino Gigli, Titta Ruffo,Giovanni Zenatello, Renato Zanelli, María Jeritza, Tito Schipa, Amelita Galli Curci, Emma Calvé, Antonio Cortis, Salvatore Baccaloni, Leonardo Warren, Robert Merrill, Ettore Bastianini, Johan Sutherland, Luigi Alva, Anna Moffo, Mario Filippeschi, Italo Tayo, Giuseppe Taddei, Carlo Bergonzi, Nicola Rossi Lemeni, Gianni Raimondi, Giuditta Pasta, John Vickers, Lilly Pons, Roberta Peters, Zinka Milanov, Mariano Stabile, Francesco Albanese, Nicolai Gedda, Alfredo Kraus, Francesco Tamagno, Cesare Valletti, Antonietta, Stella. Geraldine Farrar, Fedeor Chaliapin, Gabriella Besanzoni, Adelina Patti, Miguel Fleta, Lauri Volpi, Feruccio Tagliavini, María Caniglia, Tito Gobbi, Mario del Monaco, Renata Tebaldi, Franco Corelli, Giuletta Simionato, Mirella Freni, Giuseppe Di Stefano, Victoria de los Angeles, Jussi Bjoerling, Jan Peerce, Leontine Price, Monserrat Caballe, Renata Scotto, Angela Peralta, Fanny Anitua, Oralia Domiguez,Jose Mojica, Ramon Vargas, y La gran diva de todos los tiempos María Callas, y así los tres últimos grandes tenores de esta era moderna: José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti.
