Armando V. Flores Salazar / UANL
Monterrey, como ciudad, comienza a experimentar cambios notorios en su morfología y función a partir del establecimiento del obispado en 1777. Los primeros obispos tendrán en común la preocupación de transformar la ciudad agregando el equipamiento urbano necesario para dignificarla como sede del novel obispado.
Su evidencia se constata en el plano de la ciudad que levanta Juan Crouset en 1798, en el que se registra un nuevo trazo urbano al norte del casco fundacional, una Iglesia Parroquial en funciones de catedral y la Catedral Nueva en construcción, un Hospital Provisional y el de Nuestra Señora del Rosario en construcción, así como el Palacio de El Obispado y el Episcopal ya concluidos, y conventos, escuelas, calles, presas ypuentes en construcción.
ALTERNANCIA RELIGIOSA-CIVIL-MILITAR
La nueva realidad política del país y la región con la Independencia de México más las experiencias bélicas que se viven permanentemente de 1810 a 1867, por la Independencia, la Guerra de Texas, la Invasión Norteamericana, la Guerra de Tres Años y la Intervención Francesa conllevan a un perfil diferente de ciudad que se constata en el Plano de la Ciudad que elabora Isidoro Epstein en 1865, en que el trasfondo religioso alterna con lo civil y lo militar. Además de la Iglesia Parroquial y las Capillas del Roble, la Purísima, San José y de los Dulces Nombres, quedan registrados el Palacio de Gobierno Estatal y el Municipal, el Hospital Civil y el Colegio Civil del Estado que sustituyen a los religiosos, y un Nuevo Repueblo al sur del casco urbano. La presencia militar se evidencia en la Ciudadela, reutilizando la inconclusa catedral nueva, los Cuarteles y la Maestranza.
PERFIL INDUSTRIAL Y COMERCIAL
Nuevas circunstancias históricas determinan el perfil industrial y comercial que se aprecia en el Plano de la Ciudad, de G. Castañeda, de 1909. La cercanía de los puertos marítimos de Matamoros y de Soto la Marina, así como de la frontera con Norteamérica, la red ferroviaria, la política de incentivo fiscal del gobierno, los capitales disponibles y el espíritu empresarial, entre otras, serán garantes y coadyuvantes para perfilarla como zona de desarrollo y bienestar socio-económico. Ya para 1882, la ciudad, cuyo perímetro se limitaba tan sólo por el río Santa Catarina y las calles de Aramberri y Porfirio Díaz, disfrutaba de servicios tales como ferrocarriles, tranvías, teléfono, telégrafo, electricidad y alumbrado público. La importancia de la ciudad aumenta como tal en 1890, por la decisión papal de elevar la silla Obispal a silla Arzobispal. La política porfirista de “orden y progreso” ministrada en la región por el general Bernardo Reyes incidirá en la estética urbana, promoviendo la realización de obras trascendentes.
ATENCIÓN A LOS VIAJEROS
Las Estaciones de Ferrocarril extienden su eficiencia en la atención al viajero con la presencia de hoteles, restaurantes y cantinas; para la recuperación física de personas cansadas por el trabajo o la fatiga, se ofrecen baños y albercas públicas con aguas ordinarias, termales y medicinales; para satisfacer el esparcimiento, el ocio y la diversión como compensación al trabajo y producción aparecerán teatros, salones de fiestas, plazas de toros, casinos y clubes sociales.
Las relaciones internacionales y la estancia de extranjeros se manejan desde los consulados; la seguridad pública para garantía del orden y la tranquilidad se equipa con penitenciaría, Juzgados y Comandancia de Policía, y la pujante empresa industrial genera, a escala monumental, edificios adecuados para la producción en línea de objetos comerciables, así como el concepto de colonia habitacional, otorgando casas de obreros a los empleados de base.
De las experiencias vividas por las revoluciones Antirreeleccionista y Constitucionalista, a partir de 1910, surgirá una nueva conciencia políticosocial a favor de los obreros y los campesinos, que queda amparada en la Constitución de 1917 a través del derecho al trabajo, a la educación, a la vivienda, a la salud, y al ocio; derechos que se traducirán arquitectónicamente en extensas edificaciones fabriles y laborales, en escuelas elementales, normales, técnicas y universitarias; en amplios conjuntos habitacionales tanto para la clase obrera, como residenciales; en hospitales, clínicas, maternidades y puestos de socorro y en monumentales teatros, salas de cine, arenas y centros deportivos. Tal paisaje urbano dibuja un nuevo perfil de la ciudad adjetivada de industrial que se registra en el Plano de la Ciudad de 1946 por las 650 industrias censadas en tal fecha.
FIN DE LOS GOBIERNOS MILITARES
Cerrando el capítulo de los gobiernos militares tanto en lo nacional como en lo estatal –Manuel Ávila Camacho, Bonifacio Salinas Leal- e iniciándose el de los civiles –Miguel Alemán Valdés, Arturo B. De la Garza- en la década de los años cuarentas, y a partir de 1950, con la magna obra de la canalización del río Santa Catarina, la construcción de los puentes prolongando las avenidas Félix U. Gómez, Ignacio Zaragoza, José María Pino Suárez, José Eleuterio González, y la Ley de Condominio que propició la verticalización arquitectónica con obras como los condominios de oficinas Acero y Monterrey y la unidad habitacional Condominios Constitución, la ciudad de Monterrey inicia una nueva fase de su imagen y desarrollo: ciudad de negocios.
En la década de los años setenta, la ciudad confirma su categoría de metropolitana tanto por la conurbación de siete municipios vecinos como por ofrecer habitación al 80 por ciento de los habitantes del Estado. El modelo político que la determina entra en crisis por los efectos de la Guerra Sucia que se abre con los inmolados de Tlatelolco y el Jueves de Corpus y cuya inconformidad social se prolonga por el resto de la centuria; el Ejército Zapatista de Liberación Nacional irrumpe en los años noventas como una más de tales manifestaciones.
CENTROS UNIVERSITARIOS, HOSPITALARIOS Y ADMINISTRATIVOS
En este tiempo se formaliza el Movimiento Urbano Popular, de ideología marxista, que crea el frente de Tierra y Libertad para la reivindicación del ciudadano, promoviendo el autogobierno, la invasión de terrenos ociosos y la autoconstrucción de objetos arquitectónicos. La participación activa de nuevos grupos sociales incide en la configuración urbana. Paralelamente la ciudad se equipa con nuevos centros universitarios, hospitalarios, administrativos, comerciales y asistenciales que la prestigian en una nueva modalidad: ciudad de servicios.
A partir del nuevo milenio, la concentración del capital intelectual de alto nivel al servicio de los centros de enseñanza superior, de los institutos de investigación y de los centros de producción científica y tecnológica generados desde la ciudad de servicios conllevan a la conformación de la ciudad del conocimiento, proyecto que unifica, asocia y clarifica el siguiente estadio de distinción urbana. Como todos los cambios anteriores, productode sus circunstancias históricas, este nuevo tendrá una identidad urbano arquitectónica que distinguirá dicha personalidad y aunque imperceptible ya se está construyendo.

