Indira Kempis
¿Por qué llueve? Es una de las preguntas típicas de la infancia. Me escuché y he escuchado a otros chicos formularla. Hoy llueve en Monterrey después de una temporada de sequía en la que el calor hizo sus estragos hasta el buen humor citadino.
De acuerdo con Apolonio Juárez Núñez, integrante del Laboratorio de Ciencias Aplicadas de la Benémerita Universidad Autónoma de Puebla, se presentan múltiples factores para dar origen a la lluvia, el principal es: “Cuando el Sol calienta la superficie terrestre, parte del agua de los ríos, los lagos, mares y océanos se evapora. Este vapor al estar a mayor temperatura que el aire normal, sube a la parte superior de la atmósfera. Una parte del vapor de agua que sube se va enfriando hasta llegar a una altura en la que se condensa formando nubes. Otra parte de ese vapor se queda en la atmósfera en forma de humedad. Cuando la temperatura en las nubes disminuye y la concentración de vapor de agua en la atmósfera se incrementa, se inicia el proceso de formación de gotas de agua que la ser más pesadas que el aire, se precipitan”.
¿Cómo podríamos explicarlo de manera más sencilla? Él nos explica: “El proceso que da origen a la formación de lluvia se puede reproducir y verificar fácilmente cuando ponemos a hervir agua, ésta se evapora y sube a la parte superior del recipiente que la contiene. Si colocamos una tapa a la olla, el vapor se condensa y se forman gotas que se precipitan. El proceso de formación de gotas de agua en la tapa se hace más eficiente si colocamos hielo sobre ella”.
Entonces las nubes que parecen exprimirse dejan su huella en el Río Santa Catarina y que dejan al menos una estela de tranquilidad que permite disfrutar la lluvia. Aunque para algunos automovilistas la lluvia sea sinónimo de caos, recordemos que no es la lluvia la responsable del mismo, sino una ciudad a la que le hace falta una movilidad urbana integral. La lluvia, al menos hoy, aligera esos incrementos de temperatura y encuentra sentido en las explicaciones científicas de por qué llueve.
