Olvierio Anaya
Maniaco-depresivo, trastorno que actualmente se le conoce como depresión bipolar, es un trastorno que causa estados de manía, euforia y depresión. Cuando el individuo se encuentra en la etapa maníaca presenta un estado de ánimo anormal, irritable y muy expansivo desde unos días hasta una semana de duración. Se puede elevar su ánimo y entusiasmarse a tal grado que su exaltación es desenfrenada. Cuando hace su aparición su irritación el paciente lo manifiesta con mucho enfado cuando las personas alrededor no están de acuerdo con él en alguna situación o no comparten su misma opinión. De repente su autoestima y grandiosidad se eleva al máximo junto con su ánimo, casi no duermen, se agitan y se involucran en una cantidad excesiva de actividades que incluso pueden poner en riesgo su vida.
El polo opuesto a las manías son los ataques de depresión que son caracterizados por la aparición de un desánimo total y ésta es de más duración que las fases maníacas llegando incluso a prolongarse hasta por dos semanas, en esta etapa, se pierde por completo el interés o el placer hacia todas las actividades que antes eran agradables, se experimenta abatimiento, inhibición de la actividad intelectual, cambia el apetito, les falta la energía y su actividad psicomotora es más lenta; todo esto provoca que tengan sentimientos de culpa, no se concentran bien y la toma de decisiones se les dificulta, tienen pensamientos recurrentes de muerte o suicidas. Su rostro se paraliza. La evolución de esta enfermedad es muy variable, muchos individuos que la padecen sufren la fase maníaca o la depresiva a lo largo de la vida o incluso pueden alternar los dos estados con intervalos libres entre una recaída y otra de la enfermedad se hacen cada vez más cortos.
El diagnóstico de trastorno bipolar debe ser realizado por un psiquiatra, quien se basará en los síntomas de la enfermedad, así como interrogatorio al paciente y familiares; no obstante, en ocasiones solicitará estudios como tomografía axial computarizada o tomografía por emisión de positrón único. Los especialistas en salud mental estiman que tanto niños como adolescentes pueden experimentar síntomas; cuando se entrevista a adultos que lo padecen, casi la mitad cuenta que su primer episodio maníaco-depresivo ocurrió antes de los 21 años, y 1 de cada 5 afirma que tuvo lugar durante la infancia.
Ahora bien, la mayoría de infantes y jóvenes que padecen la enfermedad suelen tener cambios de conducta a lo largo del día, por ejemplo: se resisten a despertarse por las mañanas, se muestran con tendencia a contestar mal y a quejarse, o bien inconsolablemente tristes y retraídos. A media mañana cambia el panorama y dejan de ver todo negro y disfrutan de pocas horas de claridad que les permiten participar en las actividades escolares, pero cuando llega la tarde vuelven a tornarse descontrolados, hiperactivos y eufóricos. Las investigaciones han demostrado que algunas personas pueden tener predisposición genética al trastorno bipolar. Por otra parte, también existen factores ambientales, los cuales pueden incluir infecciones por virus que haya padecido la madre durante el embarazo, consumo de drogas, traumas psicológicos en la infancia y poca tolerancia a situaciones estresantes.
Debe considerarse también que alguna falla en la química cerebral debida a algún problema en la anatomía del encéfalo o cambios hormonales puede dar lugar a un desorden afectivo. Lo anterior daña directamente a unas sustancias llamadas neurotransmisores, que son responsables de la comunicación entre las neuronas. Las investigaciones indican que sólo una tercera parte de las personas con trastorno bipolar reciben tratamiento apropiado, y dos terceras partes se encuentran aún sin diagnóstico o siguiendo una terapéutica inadecuada. Lo anterior representa grave problema porque las personas con psicosis maníaco-depresiva no tratada tienen altas probabilidades de recurrir al suicidio. El tratamiento en cada paciente es diferente, pues hay que considerar que no todos los organismos reaccionan de igual manera a los mismos medicamentos.
Cabe destacar que los estabilizadores del ánimo tienen la función de controlar los síntomas y prevenir recaídas al restablecer el equilibrio bioquímico del cerebro, por lo que es necesario tomarlos al menos durante un año; asimismo, llega a ser necesaria la administración de medicamentos antidepresivos, pero deberán ser suspendidos gradualmente cuando el estado de ánimo se haya estabilizado. Además del empleo de medicamentos para el trastorno bipolar, es importante que el paciente reciba psicoterapia, la cual ayuda a modificar los patrones de comportamiento que contribuyen a la presencia de la enfermedad y a entender de qué manera los síntomas pueden haber afectado su percepción personal. Lo anterior debe complementarse con la asistencia a grupos de apoyo diseñados para mejorar la conducta y compartir experiencias con otros afectados. Como se puede ver, el diagnóstico temprano y correcto del trastorno bipolar es básico para que el paciente pueda recibir tratamiento de inmediato, con lo que se evitará que su calidad de vida descienda y se facilitará su reintegración al medio social.
