Honorato de Balzac (1799-1850)

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(Tomado del libro Literary Anecdotes, de Robert Hendrickson. Traducción de Félix Ramos Gamiño)

Honorato de Balzac empezó a utilizar la partícula de, a partir de 1830. Antes se apellidaba simplemente Balzac. Su fascinación por la aristocracia se puede ver incluso en uno de sus primeros seudónimos, Lord R’hoone, anagrama de Honoré. Tal vez adoptó el de para relacionarse con el aristócrata escritor francés Jean-Louis Guez de Balzac (1594-1654). En realidad, Balzac no tenía antepasados aristócratas. De hecho, aunque probablemente él no lo sabía, su apellido ni siquiera era Balzac. Su verdadero apellido, antes de que su padre lo cambiara, era Balssa. Sus familiares, desde más de un silgo antes de que él naciera, habían sido campesinos y muy pequeños propietarios rurales.

Desde el principio, Balzac alimentó una gran ambición. En 1819, después de abandonar su trabajo como empleado de un abogado, para iniciar su carrera como escritor, escribió debajo de un retrato de Napoleón: “Lo que Napoleón no pudo lograr con la espada, lo haré yo con la pluma”.

Durante sus primeros años como escritor, Balzac vivió en un frío y vacío cuartucho, pero él lo amuebló con la imaginación. En una de las paredes escribió: “Recubierta con palo rosa, con cómoda”, y en otra: “Tapiz gobelino, con espejo veneciano”. En el centro de la pequeña habitación, sobre la chimenea, estaba la inscripción: “Pintura de Rafael”.

En una carta de 1837 a Madame Hanska, resumió su creencia religiosa: “Creo en la incomprensibilidad de Dios”.

Firmó contrato con el editor francés Urbain Canel para la publicación de Les Chouans, primer trabajo que apareció con su propio nombre. Tan ansioso estaba el autor por lograr una obra perfecta, que el editor tuvo que andar varios meses tras él para que le entregara el manuscrito.

Balzac creyó tener un truco publicitario que aseguraba el éxito para su obra de teatro Les Ressources (1842). La noche de la inauguración hizo circular el rumor de que quedaban muy pocos boletos, con lo que buscaba provocar una estampida hacia las taquillas. Sin embargo, el tiro le salió por la culata, pues la mayor parte de la gente que se dirigía al teatro y oía el rumor, prefería regresar a casa, pues pensaba que sería imposible conseguir una entrada.

Balzac es, tal vez, el mejor ejemplo de aquellos escritores que gustaban de “quemar el aceite” por la noche. Igual que Plinio el Viejo antes que él, a Balzac le gustaba empezar a trabajar a la medianoche, y escribir durante 18 horas seguidas. Hacía esto los fines de semana, y era tan meticuloso en su trabajo, que en varias ocasiones volvió a escribir por completo sus novelas. Con frecuencia, se mantenía despierto bebiendo 50 tazas de café durante la noche, y era tan pobre que, cuando escribió la Comédie Humaine, tuvo que encerrarse en un cuarto secreto para esconderse de sus acreedores.

Aseguraba que el café que bebía, tan cargado como lodo, estimulaba su mente; después de beberlo, decía él, “las ideas surgen como los regimientos del Gran Ejército en el campo de batalla, y se inicia el combate. Los recuerdos llegan cargando, con banderas ondeantes; la caballería ligera de las comparaciones se extiende a sí misma en un magnífico galope; la artillería de la lógica se apresura con su tren de municiones, y las luces del ingenio estallan como certeros tiradores”.

Se dice que una noche Balzac despertó, para encontrar a un ladrón que estaba registrando su escritorio, y empezó a reír incontrolablemente. “¿De qué se ríe?”, preguntó el sorprendido ladrón. “Me río”, respondió Balzac, “de los trabajos y peligros que debe usted haber pasado, en la esperanza de encontrar, por la noche, dinero en un escritorio cuyo honesto propietario nunca lo ha podido encontrar durante el día”.

El naturalista y escritor alemán Alexander von Humboldt (1769-1859), que dio nombre a la Corriente Humboldt, pidió en una ocasión a un doctor amigo suyo, especializado en desórdenes mentales que le permitiera observar de cerca a un lunático. El doctor hizo los arreglos para que ambos cenaran con dos hombres: uno de ellos bien vestido y tranquilo; el otro, de cabellera desordenada y extravagantemente vestido, que hablaba y gesticulaba de manera incesante mientras comía.  Hacia el fin de la comida, Humboldt inclinó ligeramente la cabeza hacia su amigo y susurró: “Me gusta tu lunático, Es divertido”. Y el doctor replicó: “Pero el lunático es el otro. El hombre al que estás mirando es Monsieur Honoré de Balzac”.

Charles Chaplin escribió en su autobiografía: “Lo mismo que Balzac, que pensaba que una noche de sexo significaba la pérdida de una buena página de sus novelas, así yo creo que significa la pérdida de un día de buen trabajo en el estudio”. Y Chaplin tenía razón acerca de Balzac, aunque tal vez Balzac no tenía razón acerca del sexo y la escritura; pero Balzac creía que ambos actos de amor eran incompatibles, y que sus proezas de escritor dependían de qué cantidad de esperma retenía en su cuerpo al momento de escribir. Una noche “sufrió” una emisión nocturna incontrolable, y expresó que eso le costó una obra maestra al día siguiente. Circula una anécdota según la cual, al salir de un burdel, en una de sus raras visitas a uno de estos sitios, Balzac exclamó: “Ah, J’ai perdu un livre, J’ai perdu un livre!” (“¡He perdido un libro, he perdido un libro!”).

Balzac tuvo a Evelina Hanska como su amante durante 17 años, antes de casarse con ella en 1850. Aproximadamente un mes después del matrimonio, Balzac observó: “Es más fácil ser amante que esposo, por la misma razón que es más difícil mostrar siempre un ingenio agudo, que pronunciar de vez en cuando una buena palabra”.

En su primera visita a Viena, desconocedor del idioma y de la moneda, Balzac no entendía a los conductores de carros y no sabía cuánto pagar por el servicio. Por lo tanto, cada vez que llegaba a su destino, entregaba una moneda al conductor. Si la mano de éste seguía extendida, añadía otra. Mientras añadía una moneda a otra, tenía sus ojos fijos en el rostro del conductor. Tan pronto como el hombre esbozaba una sonrisa, Balzac se daba cuenta de que había pagado una moneda de más, por lo que volvía a tomar la última entregada y descendía del carruaje.

Ningún novelista ha contemplado un esquema ficticio tan gigantesco como el de la Comedie Humaine, de Balzac. Éste planeaba escribir 135 obras, formando así un gran diseño que describiera la vida francesa desde fines del siglo XVIII y hasta la primera mitad del siglo XIX. Trabajando por lo general 16 horas diarias, desde 1827 a 1847, Balzac pudo terminar 97 de esas novelas, por las que desfilan más de dos mil personajes, pero la muerte puso fin a su esfuerzo. Por lo menos 12 de esos libros son obras maestras, y le ganaron a Balzac la fama de uno de los más grandes novelistas.

Muchas novelas han sido escritas en corto tiempo, pero la obra maestra de Balzac, Le Pere Goriot (1836), es probablemente el mejor de todos los libros escritos rápidamente. Balzac escribió la bien construida novela en solo 40 días, trabajando 24 horas diarias la mayor parte del tiempo. Al término de su labor estaba tan fatigado física y mentalmente, y tan intoxicado por el café, que el médico le ordenó absoluto reposo. Sin embargo, muy pronto volvió a las viejas prácticas. De hecho, se dice que su novela Le Secret des Ruggieri (1836), fue escrita en una sola noche, aunque esto parece poco probable.

La vida parecía ser sólo trabajo. En una carta a un amigo, escribió:

Debo decirte que estoy abrumado por el trabajo. El ritmo de mi vida se ha alterado. Me voy a la cama como las gallinas, a las seis o siete de la tarde. Despierto a la una de la mañana, y trabajo toda la noche. A las ocho, me duermo por una hora y media. Entonces como algo y bebo una taza de café negro, y entonces empujo mi vagón hasta las cuatro. Recibo visitas, tomo un baño o salgo y, después de la comida, me voy otra vez a la cama. Debo vivir así durante meses, si es que no quiero verme abrumado por mis obligaciones. Las ganancias crecen muy lentamente; las deudas son inexorables y fijas. Desde luego es cierto que ahora puedo hacer una gran fortuna, pero para lograrlo tengo que trabajar tres años más.

Balzac nunca obtuvo el debido reconocimiento de parte de las autoridades literarias de su país. En varias ocasiones pretendió ser miembro de la Academia Francesa, pero siempre retiraba su nombre cuando resultaba evidente que no tenía oportunidad de ser electo. En la única ocasión en que participó en una elección, solamente obtuvo dos votos.

Pocos personajes literarios, incluidos Gargantúa o Trimalquio, comieron más dentro de los libros, de lo que lo hacía Balzac en la vida real. Una comida común para el novelista constaba de cien ostiones, para empezar, 12 chuletas de carnero; un platón con nabos, dos perdices asadas; lenguado a la normanda, varias frutas; y vinos, café y licores para bajarlo todo. Thackeray, quien murió por comer exageradamente, nunca consumió tanto como Balzac de una sola sentada.

 

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