Gabriel Leyva
Existe un término que se usa en la tecnología llamado “uncanny valley” que habla sobre la respuesta de un ser humano a robots y otras cosas que tratan de imitar nuestra apariencia. La teoría es que un objeto artificial se nos hace más agradable entre más humano parezca, hasta cierto punto. Porque después de cierto punto llega a un estado donde parece casi humano sin realmente serlo, y en ese momento se vuelve desconcertante. Por ejemplo respondemos positivamente a ciertas cosas con cualidades humanas como los androides en la guerra de las galaxias o los animales de caricatura.
Pero a muchos espectadores los personajes de la película “Polar Express” les parecieron desagradables. Este fenómeno solo ha existido en forma de anécdota y el cómo y porque de su existencia ha sido un tema de debate en robótica, neurociencia, y graficas de computadora. Pero ahora un equipo internacional de investigadores está analizando los procesos cerebrales de alguien que ve un androide inquietante para entender que causa este fenómeno.
Para lograrlo les enseñaron a los participantes una serie de videos del androide Reeplie Q2 realizando varias acciones ordinarias como saludar y tomar agua. También les enseñaron videos del ser humano sobre el cual el androide está basado haciendo las mismas cosas. Finalmente les enseñaron videos del mismo androide pero esta vez sin “piel”, es decir con todas sus partes mecánicas expuestas de tal manera que ya no podría ser confundido con un humano. En otras palabras crearon 3 condiciones diferentes: una con una persona con apariencia y acciones biológicas, otra con un agente que parece biológico pero hace acciones mecánicas, y finalmente una con aspecto y acciones mecánicas. Mientras veían estos videos los investigadores realizaron un análisis de resonancia magnética en los participantes.
La mayor diferencia en actividad cerebral que encontraron durante la condición con el androide fue en las áreas del cerebro que conectan la parte que procesa movimientos del cuerpo con la parte que contiene las neuronas espejo (las neuronas que tiene que ver con la empática y la imitación). Según la interpretación de los investigadores esto demuestra que existe un desconecte cuando percibimos algo que parece humano pero no actúa como tal. El cerebro se prendió cuando la apariencia y las acciones del androide “no computaban”.
Aparentemente el cerebro en si no le importa que la apariencia o los movimientos sean biológicos. Lo que busca es que sus expectaciones sean correctas, es decir que el aspecto sea congruente con él sus acciones. En otras palabras está bien para nosotros ver algo que actúa y parece mecánico porque es congruente, pero cuando vemos un androide donde sus movimientos no coinciden con su apariencia, es ahí donde sucede el valle inquietante.
