Cinthya Araiza
Biopiratería es «el empleo de los sistemas de propiedad intelectual para legitimar la propiedad y el control exclusivo de los recursos biológicos y de los productos y procesos biológicos que se han utilizado durante siglos en las culturas no industrializadas” (Shiva, V. (2003) ¿Proteger o expoliar? Los derechos de propiedad intelectual. Barcelona. Intermón Oxfam.)
Utilizar ilegalmente la biodiversidad se ha vuelto un buen negocio bastante rentable para miles de personas; los participantes por lo general son investigadores, comerciantes y hasta empresas y firmas reconocidas. Los recursos biológicos son manipulados, explotados y comercializados en el mercado internacional. Por lo general, los recursos provienen de países en desarrollo ó de pueblos indígenas poseedores de profundos conocimientos de los productos y servicios de origen biológico. Esta práctica no sólo intenta adueñarse y monopolizar el saber colectivo, vida y cultura de los pueblos tradicionales, pues el contrabando de miles de especies de flora y fauna, es considerado como acto delictivo por perjudicar la biodiversidad, desde el momento en que se desprende a dichas especies de sus hábitats naturales hasta que son entregadas a su comprador final.
Es evidente que América Latina dueña de una rica y extensa biodiversidad, lleva siglos sufriendo el mal de la piratería de los recursos naturales, llamada economía del conocimiento; somos habitantes de una región en donde habitan un gran número de pueblos indígenas que intentan sobrevivir a un mundo excluyente y manipulado por grandes corporaciones; son las culturas indígenas, quienes a lo largo de los años han creado -cada una- su propio sistema de conocimiento y tradiciones colectivas «la tierra es para los pueblos indígenas espacio de vida y libertad.”(Fernando Antonio de Carvalho Dantas)
La explotación de la riqueza de los pueblos indígenas sufre de gran impunidad, pues a pesar de existir una ley auspiciada por la OMC, que regula las normas que rigen al comercio internacional además de darle formalidad al sistema de propiedad intelectual, no ha logrado defender completamente sus derechos, por el contrario, muchas veces se ignora y menosprecia a dichas culturas. Es verdad que los avances en biotecnología facilitan los registros de marcas, patentes y acuerdos sobre propiedad intelectual, sin embargo, sólo se reconoce a los investigadores, científicos y tecnólogos formales para la concesión de una patente. Ante esta situación, los pueblos indígenas se sienten obligados a pelear por su cuenta ante un sistema jurídico ad hoc con el mundo occidental un tanto excluyente.
Este es un serio problema social y se deben tomar cartas en el asunto; los gobiernos y los organismos que protegen la tan respetada propiedad intelectual, deben también brindar mayor apoyo y protección a los diversos pueblos encargados de este cúmulo cultural bioétinico para que dejen de ser víctimas de la biopiratería que pone en riesgo la riqueza cultural que nos queda. Legislar, es un deber y los menos favorecidos tienen también tienen necesidad de proteger lo que es suyo.
