Castillos en el cielo

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José Leal

En 1895, el científico ruso Konstantin Tsiolkovsky imaginó una torre tan alta que llegaría hasta un «castillo celestial» que flotaría serenamente en órbita geoestacionaria, a 35,000 kilometros sobre la tierra; un elevador espacial que transportaría personas y carga al espacio. La visión asombrosa de Tsiolkovsky fue inspirada en la torre Eiffel y ha sido, de igual forma, fuente de de grandes ideas para escritores de ciencia ficción. En 1979, el inventor y novelista británico Arthur C. Clarke, famoso por su narración «2001: una Odisea Espacial,»  describió en las «Fuentes del Paraíso» una estación orbital conectada mediante un larguísimo cable a la cumbre de una isla artificial que flotaba sobre mares ecuatoriales, cerca de Sri Lanka.

A lo largo del siglo XX muchos científicos abordaron el problema práctico de un posible sistema de este tipo, sin embargo, la física involucrada en el  concepto ha sido el factor más limitante; la falta de un material con la resistencia para soportar su propio peso y la tensión de lo que parecería una enorme onda, volando centrífugamente sobre la atmósfera de la tierra, expuesta a huracanes y meteoritos, fue durante décadas el principal desafío. A partir de los años noventa, el desarrollo de nanotubos de carbono, cientos de veces más resistentes que el acero, ha impulsado nuevamente a la investigación de posibles elevadores espaciales, e incluso la construcción de prototipos funcionales.

En los últimos años, ingenieros de la NASA han logrado impulsar un pequeño elevador de hasta 800 metros de altura con la energía de un rayo láser, apuntado desde el suelo hacia arriba  Las pruebas, que se llevan a cabo en el desierto de Mohave, tienen el objetivo de crear un ascensor que pueda transportar carga hacia el espacio, hasta una posible altura de 100,000 km sobre la Tierra y, de tener éxito, podrían ahorrar mucho de los enormes costos relacionados con el lanzamiento de cohetes espaciales. Un elevador así podría llevar satélites de comunicación para ser acomodados posteriormente en órbita; las personas podrían abordarlo y llegar en minutos a la estación espacial Internacional y, quizá, en un futuro remoto, podría servir de puente con una cuidad flotante en el cielo.

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