Competitividad en México, en la nueva era

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Doctor Alejandro Ibarra Yúnez

EGADE Business School / Tecnológico de Monterrey Campus Monterrey

La economía de México parece continuar por una senda de crecimiento mediano con estabilidad macroeconómica, después de la crisis originada en los Estado Unidos en 2008-2009 y cuya salida hacia crecimiento sostenido continúa estando en duda.

Ante lo anterior, la capacidad mexicana de acelerado crecimiento y creación de riqueza de alto nivel parecen no estar presentes, por lo que los agentes económicos: empresas, sindicatos, comerciantes, desarrolladores inmobiliarios, sector financiero y gobiernos operan con inercia y ante un estado de cosas donde los riesgos de mercado externos e internos aún persisten.

Por otra parte, la  agenda de Estados Unidos se aleja del tema de seguridad nacional pero no de cierto proteccionismo, así como vemos cómo otras economías, como China, la India, Brasil (los BRICs) y otros países en transición crecen a tasas altas; pero, sobre todo, han cambiado las “reglas del juego” para mejorar su posición competitiva en el mundo. Ello, como lo apunta Douglas North, obliga a realizar cambios drásticos y visibles a las instituciones que crean incentivos para el crecimiento, la competencia y los derechos de propiedad. Estas condicionantes parecen impedir avances en la productividad de México, sus empresas y sus regiones.

LA COMPETITIVIDAD Y SUS DIMENSIONES

¿Qué es la competitividad y cuáles son sus dimensiones? Competitividad es la capacidad de generar progreso de los individuos, las compañías, las ramas y las industrias completas en un ambiente global cambiante. Como puede verse, ser competitivos tiene múltiples dimensiones y aborda la complejidad de las relaciones económicas que potencian el crecimiento con calidad de vida. Algunos análisis, para ser medibles, buscan abordar algún ángulo de la competitividad. Por ejemplo, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la define como la capacidad de crear condiciones favorables para la inversión productiva.

Aplicando este enfoque para el Estado de Nuevo León, se califican dimensiones para esta definición de competitividad. Nuevo León aparece con buena calidad frente a otros estados en lo siguiente: a) Estado de Derecho; b) Creación de empresas y ramas productivas de media a alta tecnología; c) Una base suficiente y moderna de sectores tradicionales como la industria metalmecánica, maquinaria y equipo, alimentos procesados, electrónica, automotriz y servicios financieros; d) Sociedad preparada y capital humano disponible.

Entre los puntos que tienen un reto para modernizarse están: a) Insuficiente cuidado y planeación de la mejora del medio ambiente; b) Mercados de factores e insumos de producción insuficientes, complicados y de altos costos; c) Decisiones de gobierno poco confiables e insuficientes para el crecimiento con calidad de vida y d) Sistema político no moderno. De manera muy reciente aunque para algunos parece que ha sido larguísimo, está el fenómeno de la violencia e inseguridad en el estado, sobre todo emanado de organizaciones criminales (drug trafficking organizations o DTOs en inglés).

LA EXPERIENCIA DE AUSTIN, TEXAS

Una región competitiva implica que todos los actores pongan su parte con condiciones del ambiente económico, social y político favorables. Veamos el caso de Austin, Texas. La capital del Estado de Texas era un centro de gobierno, comercio e industria tradicional en los 70 y principios de los 80. Con unos 300 mil habitantes entonces, decidió cambiar las reglas del juego para competir mundialmente en el mercado de microprocesadores. La legislatura del Estado destrabó varios impedimentos para el desarrollo de esta pujante industria. Al inicio y mediante un contrato millonario del Departamento de Defensa, se creó un consorcio tecnológico: Sematech (hoy desaparecido en Austin).

TAMBIÉN EXISTEN INCONVENIENTES

En diez años, Austin cambió dramáticamente. Convertida en una nueva meca tecnológica, atrajo a miles de empresas, así como cuidó el entorno urbano; transformó a su ciudadanía en cosmopolita y multicultural; desarrolló servicios de entretenimiento, turismo, deporte, comercio y cultura. Por otro lado, las universidades y centros de investigación viraron su visión hacia la generación de nuevos y avanzados conocimientos, así como desarrolló el aeropuerto, los servicios de transporte y logística.

Pero no todo ha sido positivo. Hoy en día, con más de un millón de habitantes, los problemas de tránsito y el tiempo perdido en traslados a los centros de trabajo se han dejado sentir. Asimismo, el mercado base de su crecimiento pasado como ancla de competitividad, que eran los microprocesadores y la alta electrónica se han convertido en commodities. Ante ello, los actores en conjunto han iniciado un nuevo plan de transformación competitiva: convertir a Austin en la capital mundial de todo lo que tenga que ver con las comunicaciones “sin cables,” o the wireless capital of the World. Una nueva base de desarrollo con calidad está a la puerta. Desde microprocesadores para las comunicaciones, producción de todo lo referente a servicios de internet, hasta laboratorios de creación de imágenes en tercera dimensión para la industria del cine y la tele-medicina, posicionarán a esta capital en lugar de referencia competitivo. ¿Podría Nuevo León, y la zona metropolitana de Monterrey transformarse? La respuesta positiva requiere de al menos tres condiciones: a) una visión compartida, donde todos los actores participen; b) reglas del juego claras y predecibles, que dependen mucho de las acciones de gobierno; y c) los resultados deben ser visibles en menos de cinco años, pero aceptando que el ciclo de transformación competitiva será de mediano o largo plazo. Para ello es necesario hacer competitivo el mercado de insumos de producción, abordar de lleno el desarrollo sustentable con el cuidado del medio ambiente en todas sus dimensiones, así como generar nuevos motores dinámicos de crecimiento y especialización. Centros de desarrollo en campos como la logística, todas las industrias y servicios relacionados con la salud y medicina, o centros de desarrollo tecnológico y productivo automotriz o el software, han sido de alguna manera considerados. La ciudad parece que a pesar de todo tiene algunos avances visibles.

COMPETITIVIDAD Y NIVEL DE DESARROLLO

Las bases de la competitividad cambian con el nivel de desarrollo; es decir, la comparación frente a referentes internacionales en la nueva era (los primeros 20 años del siglo), debe hacerse con aquellos similares en estadios de desarrollo. La razón es que la base del crecimiento es diferente en cada nivel de desarrollo. Al inicio del desarrollo tradicional, como lo era el Nuevo León de los 40 hasta la mitad de los 80, el crecimiento dependía de los factores de producción, como el trabajo, capital y la tierra. Pero a medida que los niveles de ingreso y población crecen, el crecimiento deriva de la capacidad de inversión y adaptación tecnológica, como lo indica IMCO, junto con la capacidad de acceso a mercados internacionales, que crean redes de negocios, tecnología y flujos financieros.

Posteriormente, como el caso de Austin, los motores del crecimiento son la generación científica y tecnológica de nuevos desarrollos; es decir, la economía basada en el conocimiento. Nuevo León parece encontrarse entre las dos últimas etapas descritas, pero con dolencias que es urgente subsanar. Por ejemplo, el costo de abrir (y cerrar) empresas es muy oneroso en tiempos, burocracia, costo monetario, contratos y facilitación de negocios; el acceso a mercados mundiales debe facilitarse mucho más; el financiamiento abundante, con instrumentos modernos y competitivos requiere fortalecerse; la educación, cultura y capacidad cosmopolita se encuentran muy por debajo de niveles mundiales en una nueva era del conocimiento; y  el ambiente urbano y de toda infraestructura física ahuyenta todavía a muchos visitantes. Por otra parte, es necesario indicar que a pesar de que nuestro referente, Austin, es una zona de más de un millón de habitantes hoy en día, el crimen y la inseguridad son mínimos, a diferencia de nuestra realidad actual. Finalmente, son fundamentales las mentes visionarias y con arrojo competitivo, como las que diferenciaron a Nuevo León en México durante todo el siglo XX, que crean el gatillo de la transformación para cambiar las “reglas del juego” de manera drástica, como lo apuntara North.

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