Maestro José Roberto Mendirichaga / UDEM
Aprincipios de la década de los 70 del pasado siglo, el historiador británico Edward H. Carr dictó en la Universidad de Cambridge unas conferencias sobre “Cómo se escribe la historia”, que luego devinieron en el ya clásico texto: ¿Qué es la historia? Carr explica en este libro la necesidad de que el historiador -tarea que en esto comparte con el filósofo (Bourdieu y Luhmann dirán que también con el sociólogo)- se pregunte siempre por la causa de los sucesos. Y apunta:
LA CAUSALIDAD DE LOS HECHOS
“Herodoto, el padre de la historia, definió su meta al principio de su obra: Conservar el recuerdo de las hazañas de griegos y bárbaros, ‘y, especialmente, más que nada, decir la causa de que lucharan unos con otros’. Halló pocos discípulos en el mundo antiguo: hasta Tucídides se ha acusado de no tener una clara idea de la causación” (Ariel, México, 1992, pp. 117-118).Páginas más adelante, el historiador inglés vuelve sobre el asunto para recordar la concepción de Tucídides y Lucrecio acerca de la historia. Este último escribe en De rerum natura: “Poco nos importan las pasadas edades del tiempo eterno que precedió a nuestro nacimiento”. Por eso asienta Carr que, “… como no había sentido del pasado, tampoco lo había del futuro (Ibid., p. 148). Para Herodoto, lo fundamental en la historia serán las fuentes orales; para Tucídides -considerado por muchos como el historiador más completo que haya existido-, en cambio, serán los documentos y la escritura misma. Y de aquí partirán, en el ejercicio de la historia, dos corrientes diversas y, a la vez, complementarias, según que den mayor o menor énfasis a la oralidad o a la grafía, respectivamente.
NOCIÓN TELEOLÓGICA DE LA HISTORIA
Sigamos en un último punto con este historiador europeo. Para Carr, a excepción de Virgilio, que sí mantuvo esta concepción cíclica de la historia, tanto en la Eneida como en la cuarta de las Églogas, “… fueron los judíos, y los cristianos tras ellos, los que introdujeron un elemento del todo nuevo, postulando una meta hacia la que se dirige el proceso histórico: la noción teleológica de la historia”.Vendrá luego un largo periodo de diez siglos: el Medioevo. En este sentido, para San Agustín -obispo de Hipona, que sentó las bases del discurso histórico hasta el Renacimiento- los hechos pasados no debían verse como calamidades, sino como mutaciones, entendidas éstas a la manera de cambios producidos por efectos de la acción humana. La voluntad divina estaba presente, pero podía ser “cambiada” por los actos libérrimos de los hombres.
REVOLUCIÓN DE LAS IDEAS
El racionalismo de la Ilustración es, realmente, el que marca el final de una visión totalmente cíclica y, de alguna manera, predeterminada por la misma sociedad. En esto estriba la verdadera revolución de las ideas, que luego se permeará a campos como la política, el arte, las ciencias, llegando hasta la filosofía y teología mismas.Coincidiendo con la idea de progreso, que se establece plenamente en el siglo XIX y que prevalecerá durante la mayor parte del siglo XX, la historia como ciencia se tuvo que afirmar y reafirmar, para después darse a conocer como “ámbito de múltiples observaciones”, como “mirada particular” y como “forma de ver la vida” (Guillermo Zermeño, Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México y profesor del Doctorado en Historia de la UIA). La historia va a quedar, así, en el campo de las ciencias sociales, más que en las tradicionales humanidades. Éste va a ser su nuevo signo, su nueva característica.
FUNDAMENTOS DE LA HISTORIOGRAFÍA MODERNA
Montesquieu, a partir de sus Consideraciones acerca de las causas de la grandeza de los romanos y de su decadencia (1734), fijará los fundamentos propiamente dichos de la historiografía moderna. Montesquieu es un ilustrado: un representante francés del enlightment. Nosotros, en los inicios del siglo XXI, somos aún herederos de esta visión. A partir de este momento, la historia se va a contar de una manera diferente. Va a ser una particular forma de recordar y de hacer memoria.En la historia tradicional, el topos de la misma gesehen da más importancia a los hechos, al pasado; en cambio, a partir de esta nueva historia, entendida como geschichte, en una apreciación dinámico-lingüística, se atenderá más a lo escatológico y al futuro desde el presente.
