El Imperio de los Algoritmos

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José Leal

Muchos, quizá, ven lejano el día en que las computadoras decidirán que los servicios humanos son redundantes para su funcionamiento. Sin embargo, una silenciosa toma de control está en marcha ahora mismo, y, en ella, los algoritmos son protagonistas de la invasión informática a los patrones de conducta humana más entrañables. 

Los algoritmos son conjuntos de instrucciones ordenadas, específicas y finitas que permiten realizar una actividad determinada. Un ejemplo simple es cualquier instrucción que utiliza un estado inicial, digamos ‘la televisión está apagada’ y mediante una serie de pasos sucesivos como ‘verificar si se encuentra conectada’ y ‘encender el interruptor’ logra modificar el estado final del sistema. Cualquier manual de procedimientos organizacionales es, en esencia, un conjunto de algoritmos que hacen posible la toma de decisiones ordenada y eficaz. Los algoritmos pueden expresarse en diagramas de flujo,  instrucción lingüísticas o mediante el uso diversos niveles de codificación maquinal. Un ejemplo simple del uso de los algoritmos está en las aspiradoras robóticas que ‘aprenden’ la forma más rápida de limpiar una casa.

Los algoritmos se encuentran detrás de todo servicio imaginable; desde los buscadores de amigos en las redes sociales hasta los programas de análisis para los mercados financieros, y nos ayudan a tomar mejores decisiones o, al menos, eso es lo que se espera de ellos. Sin embargo, en lo últimos años ha crecido la preocupación de que estos pequeños robots matemáticos estén, en los hechos, tomando el control de muchas decisiones humanas. Un ejemplo del enorme poder de los algoritmos está en la gigante informacional Google y su código secreto que pone en pantalla toda la información del mundo, justo a tiempo, de acuerdo a las necesidades de cada usuario, y que la ha catapultado al éxito entre los buscadores de internet.

Hoy la «caja negra» (un sistema de algoritmos creado por físicos y matemáticos) controla hasta el 70% del mercado mundial de valores y, en la medida que las instrucciones se hacen complejas y las cifras inalcanzables para el cerebro humano, el algoritmo se  consolida como eje de todo criterio de compra o venta. De acuerdo a Jane Wakefield de la BBC de Londres, el día 6 de mayo del 2010, un algoritmo fuera de control provocó una desbandada de inversiones y una caída de 10% en el índice Dow Jones. Un supuesto corredor, que no fue identificado, se ha señalado como responsable de esta falla, sin embargo la fuente asegura que fue un algoritmo el que decidió la venta de 75,000 acciones subvaloradas, misma que fue detectada y seguida por otros algoritmos de manera automática, provocando un a reacción en cadena.

Los algoritmos expanden su influencia más allá de las fronteras de la máquina y le dan forma a los mercados y al propio cerebro, adquieren complejidad y control sobre las actividades económicas más fundamentales y ganan su batalla silenciosa por la hyper-eficiencia, pero carecen de la perspectiva humana para detectar sus propios errores y, eventualmente, pueden desencadenar consecuencias imprevistas.

 

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