Ismael Vidales
Hernán Cortés, el conquistador de México, había aprovechado la situación de algunos pueblos indígenas con respecto a la cabeza del Imperio, los aztecas, para ir avanzando, paso a paso, hacia la conquista de Tenochtitlan y hacer fácil su caída. Mas esto no fue tan factible como lo planeó Cortés, pues la ciudad resistió hasta el sacrificio.
Cortés decidió poner sitio a la ciudad defendida por Cuauhtémoc distribuyendo sus fuerzas en tres bandos; el de Pedro Alvarado que se estableció en Tacuba; el de Cristóbal de Olid, en Coyoacán, y el de Gonzalo de Sandoval en Ixtapalapa.
Cuarenta días transucrrieron de lucha continua, y como a los ofrecimientos de paz que presentaban los españoles, Cuauhtémoc había contestado que prefería morir antes que entregar la ciudad. Cortés dispuso que el 28 de junio se diera el asalto general. La vida en la ciudad era imposible por la falta de víveres y la multitud de cadáveres que envenenaban el ambiente; esto hacía prácticamente imposible la defensa.
Cuauhtémoc fue hecho prisionero y llevado a presencia de Cortés, a quien dijo: “Señor Malinche, yo ya he hecho lo que estaba obligado en defensa de mi ciudad y vasallos y ya no puedo más; y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona; toma luego ese puñal que traes en la cintura y mátame con él”.
Con esto terminó el sitio de la ciudad el 13 de agosto de 1521.
