Adicción a la comida chatarra

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Gabriel Leyva

La obesidad es un problema enorme en México. En parte se debe a la falta de ejercicio, pero mucho tiene que ver con la dieta que llevamos. Aquí en México somos amantes de las comidas grasosas como se refleja en los antojitos mexicanos y la proliferación de restaurantes de comida rápida, y somos el mayor consumidor per cápita de Coca Cola en el mundo. No es difícil saber por qué, muchas veces la comida más deliciosa es la menos sana. Y todos hemos experimentando esa sensación de no poder dejar de comer papitas, no por nada Sabritas usaba el slogan de “a que no puedes comer solo una”. Pero estudios recientes le dan un significado bastante siniestro a frases como esta. Aparentemente la comida chatarra estimula nuestro cerebro en la misma manera que drogas como la cocaína y la heroína, y puede llegar a ser adictiva.

Un estudio realizado en ratas revelo que la comida chatarra provoca un comportamiento similar al de las ratas adictas a la heroína. Los centros de placer en las ratas adictas a comidas altas en calorías y grasa se vuelven cada vez menos responsivos entre más comida consumen. El experimento consistió en darle a un grupo de ratas comida procesada como galletas y hamburguesas y a otro grupo comida alta en nutrientes y baja en calorías. Las ratas que consumían la comida chatarra rápidamente desarrollaron hábitos de comida compulsivos y se volvieron obesas, consumiendo casi el doble de calorías que las otras ratas. Tan solo después de 5 días de comenzar el experimento, las ratas con la dieta alta en calorías empezaron a mostrar reducciones profundas en la sensibilidad de sus centros de placer, sugiriendo que los animales rápidamente se estaban acostumbrando a la comida. Como resultado, las ratas tenían que comer cada vez más para obtener el mismo nivel de placer, igual que los adictos a la heroína que necesitan cantidades cada vez más grandes para sentirse bien. En otras palabras, las ratas estaban perdiendo el control, una señal clara de adicción. Su adicción llego al punto e que estaban dispuestos a sufrir dolor para obtener su droga. Los investigadores expusieron a las ratas a un shock eléctrico en las patas cuando intentaban consumir la comida grasosa. Las ratas que no estaban acostumbradas a comer estos alimentos aprendieron rápidamente a no hacerlo, pero el otro grupo siguió con su misma dieta a pesar de que sabían que esto les causaría dolor.

Puede ser fácil pensar que esto solo se aplica a las ratas y que los seres humanos somos más complicados. Y en parte es cierto. Nuestros cerebros están diseñados para “recompensar” el consumo de alimentos altos en grasa, sal, y azúcar. La azúcar es simple, ya que nuestras células la usan como energía. La sal y la grasa son un poco más complicadas. La sal regula la presión de la sangre y mantiene a nuestros nervios saludables, y como la sal es poco abundante en la naturaleza, el cuerpo recompensa su consumo. En tiempos antiguos la sal era tan valiosa que a los soldados romanos se les pagaba con ella, de ahí proviene el término salario. La grasa es un poco menos entendida, los científicos no están seguros porque nos parecen tan atractivos los alimentos ricos en grasas. Una teoría es que es un vestigio de la evolución de nuestros ancestros primates que tenían que alimentarse de tuétano alto en grasas para sobrevivir. El problema aquí es que los mecanismos de recompensa están diseñados para funcionar en sistemas donde hay escasez de alimentos, mientras que nosotros vivimos en una época de relativa abundancia. Aun así, por si solos, la sal, grasa, y azúcar no son adictivos. Pero cuando las consumimos al mismo tiempo (como por ejemplo una hamburguesa que contiene los tres) se crea una reacción sinérgica en el cerebro que es similar a los síntomas de la adicción.

Si estas revelaciones son ciertas, podrían tener repercusiones enormes en como regulamos la industria alimentaria. Es probable que los fabricantes de comida chatarra no estén conscientes de los procesos neurológicos detrás de esta adicción, pero es claro que si están conscientes de los efectos que sus alimentos tienen sobre las personas.  Aunque considerando que los cigarros son legales y todo mundo sabe que se les agrega nicotina para ser adictivos, tal vez a nadie le importe.

 

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