Infertilidad, la familia y los amigos

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Licenciada Sandra de la Garza Santos

Asociación Mexicana de Infertilidad Presidenta Fundadora

sandra.delagarza@gmail.com

Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente

William Shakespeare

Generalmente, los artículos publicados sobre el tema de la infertilidad abordan este problema de salud desde el área médica, pasando por las repercusiones emocionales, hasta llegar a las alternativas posibles en tratamientos de reproducción en los que se requiere de alta tecnología. Existe escasa literatura dirigida a los familiares y amigos de estas parejas que tienen  problemas en su fertilidad, información que pueda ayudarlos a comprender y, sobre todo, para apoyarlos mediante un acompañamiento afectivo que tanto necesitan las parejas que viven este proceso, así como quienes se encuentran cerca de ellos.

Dado que el embarazo es un proceso que se asume como natural y cotidiano, puede pensarse que es un proceso sencillo; pero no lo es en absoluto, de tal manera que hay muchos factores que pueden disminuir las posibilidades de que se logre y, por lo tanto, se presente un problema de infertilidad.

La infertilidad se define como la incapacidad de lograr un embarazo cuando no se ha recurrido a un método anticonceptivo, después de un año de vida sexual activa, así como también la incapacidad de llevar a buen término un embarazo, el cual culmine con el nacimiento de un bebé vivo. No se le define como una discapacidad, porque técnicamente no se necesita tener hijos para llevar una vida saludable.

La Organización Mundial de la Salud define el término deficiencia como la pérdida o la anormalidad de una estructura o de una función psicológica, fisiológica o anatómica, que puede ser temporal o permanente. Entre las deficiencias se incluye la existencia o aparición de una anomalía, defecto o pérdida producida por un miembro, órgano, tejido o cualquier otra estructura del cuerpo, incluidos los sistemas de la función mental.

DEFICIENCIA PARA LA REPRODUCCIÓN

Por lo tanto, se podría establecer que las personas que viven la experiencia de la infertilidad presentan una deficiencia para la reproducción; en otras palabras, tienen un problema para producir niños, pero esta deficiencia acarrea consecuencias emocionales y sociales con las que luchan día a día.

Dejando a un lado la inversión económica que representa el abordaje médico de la infertilidad, ya que al menos en nuestro país alrededor del 90 por cierto de los especialistas y las clínicas de reproducción se encuentran en el sector privado de salud, los seguros de gastos médicos no contemplan una póliza, y los medicamentos son muy costosos; la inversión de tiempo en consultas, salas de espera y exámenes de diagnóstico es alta; vivir el proceso de infertilidad representa uno de los problemas más difíciles de sortear para una pareja o persona. No sólo no están cumpliendo con el objetivo, no escrito, pero establecido culturalmente para la pareja, que es el de formar una familia con hijos; tampoco están cumpliendo con lo esperado como hombre y como mujer.

PERÍODOS DE ADAPTACIÓN

Desde el inicio, la vida está llena de periodos de adaptación: cambios de ciudad, de escuelas, situaciones familiares, de la niñez a la adolescencia, de la adolescencia a la vida adulta, el primer trabajo, el primer amor, la convivencia en pareja, entre muchos otros. Asimismo, las parejas tienen que adaptarse a la infertilidad, a las emociones que ésta genera y al proceso médico. La velocidad con que se consiga esta adaptación dependerá de la eficiencia y experiencia del nivel de adaptación de cada uno de ellos.

Somos personas; a todos nos gustaría disfrutar siempre o ver cómo lo que hacemos funciona; por eso, cuando se juntan el dolor y la ausencia de recompensa inmediata, ya que con los tratamientos médicos y  alternativas viables sólo se está incrementando la posibilidad de lograr un embarazo -no se está comprando un embarazo o un bebé-, la enorme mayoría opta por cambiar de camino o estancarse y defenderse en su situación, sin modificar nada, hasta que no puede más y cae.

Se viven diferentes momentos de optimismo y sensación de pérdida y fracaso. Al mismo tiempo, se tienen diferentes necesidades de apoyo y formas de adaptación. En un principio, la pareja sospecha que algo no debe de estar bien, porque no han logrado o concebir o que ese embarazo llegue al nacimiento de un bebé en un período determinado de tiempo; pero, en el momento en que el médico dice: “necesitan realizarse estudios de diagnóstico” es cuando empieza lo que llamamos “La Crisis de la Infertilidad”.

El duelo, la furia, la angustia, la depresión, la culpa, son emociones que se experimentan en megadosis que atacan los diferentes sistemas del cuerpo. Lo que hace que una crisis sea aplastante para muchas personas es que la magnitud de los sentimientos es la más grande que hayan experimentado, y el miembro de la pareja que carga con el factor causal es quien vive la situación más compleja.

DESCONTROL EMOCIONAL Y SOCIAL

En estas circunstancias se despiertan sentimientos de coraje,  tristeza, pérdida, miedo, confusión, entre otros. Durante el proceso de la infertilidad, algunas áreas se van viendo afectadas en su conjunto, como  la autoestima,  la vida sexual, la situación económica, la carrera profesional o el trabajo, la habilidad para planear la vida y, sobre todo, las relaciones no sólo de pareja, sino también las familiares y sociales.

Poco a poco, hombre y mujer van descubriendo que han dejado de pertenecer al mundo fértil, y que son involuntariamente infértiles, proceso que afecta su identidad social. El mundo fértil al que ellos pertenecían, donde eran aceptados, sintiéndose personas completas y normales cuando no estaba cuestionada su fertilidad, se ha distanciado. A partir de ese momento, su valor social se percibe disminuido, y tienen que aprender a llevar un estigma social, como portadores de un tabú, porque la fertilidad es visualizada como un símbolo de prestigio.

Vivir el proceso de infertilidad es una situación que se va resolviendo en el camino, dado que no existe una guía para personas que deseaban formar una familia con hijos, que pueda mostrarles los pasos a seguir para inventarse una vida plena sin hijos.

PARA LA FAMILIA Y AMIGOS DE SUSY Y FER

Susy y Fer saben que los quieres y deseas que sean felices, que sean otra vez los mismos de siempre. Pero últimamente te podrán parecer aislados, deprimidos, y obsesionados con la idea de tener un niño. Probablemente encuentres difícil de entender por qué el hecho de encargar un bebé ha teñido virtualmente todos los aspectos de sus vidas diarias.

Susy y Fer esperan que, leyendo estas líneas, entiendas mejor el dolor que están sintiendo. Quizás te sorprendas cuando conozcas que aproximadamente una de cada cinco parejas que decide tener un niño, no puede concebirlo. Se estima que, en México más de cuatro millones de personas en edad reproductiva pueden presentar problemas en su fertilidad. Hay muchas posibilidades para justificar una estadística tan mala: trompas de Falopio obstruidas, problemas ováricos, alteraciones hormonales, un número bajo de espermatozoides o de mala calidad, por mencionar sólo unas pocas.

Todas estas dificultades para conseguir un embarazo son físicas o fisiológicas, no psicológicas. Las trompas no se bloquean por el hecho de que una mujer esté pensando con intensidad en quedar embarazada o se relaje; y el hombre no puede lograr  que sus espermatozoides aumenten en cantidad o viajen más rápido, lo cual no es sinónimo de problemas de erección.

Cuando alguien a quien queremos tiene problemas, es natural que intentemos ayudarle; y si no hay nada específico que podamos hacer, procuramos darle algún consejo. A menudo recurrimos a nuestras propias experiencias o a anécdotas que implican a otras personas que conocemos. Quizás te acuerdes ahora de alguna amiga que tuvo problemas para quedar embarazada, hasta que ella y su marido se fueron a un crucero por el Caribe. Así que le sugieres a Susy y Fer que se tomen también unas vacaciones. Susy y Fer aprecian mucho tu consejo, pero no les sirve, porque su problema tiene un origen físico. No sólo no les sirve, sino que además les afecta mucho.

De hecho, están continuamente inundados por este tipo de consejos. Imagínate lo frustrante que debe ser para ellos que les cuenten que otras parejas quedan embarazadas “mágicamente” durante sus vacaciones, simplemente por haber hecho el amor.

Para Susy y Fer, que ya están recibiendo tratamiento para la infertilidad, hacer el amor y quedar embarazada son dos conceptos que empiezan a no estar relacionados. No te puedes imaginar la fortaleza con la que están intentando tener un bebé, y lo frustrados que se sienten cada vez que se dan cuenta de que no han tenido éxito.

Estos consejos, aunque bien intencionados, son en realidad un intento de transformar una situación extremadamente compleja y desagradable, en un problema simple. Simplificando su problema de este modo, se devalúan sus sentimientos, lo que hace que se sientan incomprendidos.

COMPRENSIÓN, LA MEJOR AYUDA

Lo único cierto es que no hay prácticamente nada concreto que puedas hacer para ayudar a Susy y Fer. La mejor ayuda que les puedes proporcionar es ser comprensivo con ambos y ofrecerles todo tu apoyo. Y es más fácil apoyarlos de esta manera, si puedes apreciar que el hecho de no poder tener hijos puede llegar a ser un golpe devastador.

Muchas mujeres han crecido con la esperanza de que tendrían un hijo algún día. Se han visto a sí mismas asumiendo el papel de madres desde que jugaban con muñecas. Incluso, algunas mujeres no se consideran a sí mismas completas, sino hasta que son madres. Cuando Susy piensa en que no puede tener hijos, se siente, de algún modo, imperfecta. Lo peor de la situación es que Susy y Fer no tienen la certeza de que algún día puedan lograr tener un hijo.

Los mensajes esperanzadores, sobre todo aquéllos que están poco fundamentados, pueden ser perturbadores, porque interfieren con su adaptación emocional. La medicina moderna ha creado esta “espada de doble filo”: ofrece esperanza donde antes no la había, pero con sólo una pequeña posibilidad de éxito.

La medicina ha logrado grandes avances; la técnica de la fertilización in vitro (FIV) consiste en extraer un óvulo de la mujer y ponerlo en contacto con el esperma, en un “tubo de ensayo” para que éste lo fecunde en el laboratorio. El embrión así obtenido puede ser entonces transferido al útero de la mujer para esperar su implantación. Estas pruebas no sólo se llevan a cabo una vez y pueden llegar a durar años, con o sin éxito. A pesar de la esperanza que estas tecnologías ofrecen, no deja de ser un camino difícil de recorrer.

Algunos de estos procedimientos de alta tecnología se realizan sólo en unos pocos sitios, lo que obliga a viajar largas distancias. Incluso si el tratamiento está disponible y próximo, la pareja tiene que realizar numerosas visitas al médico, aplicarse inyecciones diariamente, compaginar continuamente su trabajo y otras actividades con los diferentes procedimientos médicos y realizar importantes desembolsos de dinero. Todo esto va acompañado de pruebas de diagnóstico que pueden llegar a ser extremadamente dolorosas. La infertilidad es una situación que resulta muy difícil exponerla claramente, por lo que son frecuentes las excusas cuando el tratamiento interfiere de alguna manera con un evento social o con el trabajo.

Después de cada intento médico de conseguir un embarazo, Susy debe adoptar una actitud de espera, sazonada con brotes de optimismo y pesimismo. No sabe si la tensión mamaria que siente es un signo de embarazo o un efecto secundario de los medicamentos. Si ve una pequeña mancha de sangre en su ropa interior, no sabe si es el embrión que lucha por implantarse o es su período menstrual a punto de iniciar.

CONFUSIÓN EMOCIONAL

Muchas mujeres que no logran el embarazo después de un tratamiento de reproducción, llegan a sentir como si su “bebé” hubiera muerto. ¿Cómo puede una persona llegar a sentir pena por una vida que sólo existió en su mente? Y mientras están tratando de arreglárselas con esta confusión emocional, puede ser que lleguen las invitaciones a una fiesta infantil o a un bautizo, o se enteran de que una amiga o una compañera de trabajo está embarazada, o leen la noticia de un bebé recién nacido abandonado en un parque. ¿Puedes imaginar su envidia o su rabia por las injusticias de la vida? Teniendo en mente que la infertilidad impregna prácticamente cualquier faceta de su existencia, es fácil entender por qué están obsesionados con esta búsqueda.

Cada mes que pasa, Susy se pregunta si, al fin, éste será su mes. Si no lo es, muchas veces la cuestión es si podrá reunir la energía suficiente para intentarlo de nuevo. ¿Será capaz de empezar un nuevo ciclo de tratamiento? ¿Se verá finalmente obligada a abandonar definitivamente su sueño? Es un hecho que muchas mujeres con problemas en su fertilidad se llegan incluso a preguntar hasta cuándo se mantendrá su relación de pareja.

EL TACTO, INDISPENSABLE

Cuando hables con Susy o Fer, trata de “sintonizar” con el peso que llevan. Ellos saben que te preocupas. Quizás un día necesiten hablar contigo de esta mala experiencia. Pero también saben que no hay nada que puedas hacer o decir para lograr el embarazo y temen que les hagas una sugerencia que incluso aumente su dolor.

Fer y Susy necesitan de tu apoyo; no los critiques por alguna de las cosas que hacen. Decir algo como: “Me preocupo por ti. Después de leer esto, me hago más a la idea de lo duro que debe ser esto para ti. Me gustaría poder ayudarte y estoy para escucharte y llorar contigo, si es que tienes ganas de llorar. También estoy para animarte, cuando pienses que no hay ninguna esperanza. Puedes hablar conmigo, en cualquier momento a cualquier hora” ayudaría mucho.

La cuestión más importante que hay que recordar es que Susy está angustiada y preocupada al igual que Fer, porque este es un camino lleno de incertidumbre. Escucha lo que tienen que decir, pero no juzgues. No menciones que el hecho de no poder tener hijos de forma natural es la voluntad de Dios. Si ese fuera realmente el caso, ¿qué sentido tendría el uso de toda esa tecnología para intentar hacer realidad lo que la naturaleza por sí misma no ha podido? La mayoría de las personas estamos siempre aprendiendo a comunicarnos en forma escrita o hablada, pero tenemos muy poco entrenamiento en escuchar con la intención de entender, porque generalmente escuchamos con la intención de contestar.

Después de la necesidad física de sobrevivir, la necesidad más importante de una persona es la de sobrevivir psicológicamente. Por tal motivo, escuchar con empatía es una herramienta muy poderosa que proporciona información precisa, además de que permite ver el mundo como lo mira cada uno de ellos, en lugar de insistir sobre el mundo que cada uno de nosotros miramos. Entre todos los problemas que la pareja tendrá que sortear, la infertilidad es una de las situaciones más devastadoras.

Ocurre lo mismo con una habitación normal, que puede representar una carrera de obstáculos para una persona con discapacidad visual. Así, la vida cotidiana puede estar llena de “peligros” para una pareja infértil; peligros que no existen para una pareja con hijos.

La Navidad es un buen ejemplo de las muchas fiestas que son especialmente difíciles para ellos. Marca de forma muy acusada el paso del tiempo. Se acuerdan de lo que pensaron en las últimas navidades: que el próximo año tendrían un niño o una niña con quien disfrutar junto a su familia y amigos; cada fiesta tiene para ellos su particular carga emocional.  Ver a otras parejas con sus hijos les muestra la familia que han sido incapaces de construir.

LOS CONSEJOS SOBRAN

Es frecuente que en alguna reunión social alguien les pregunte sobre el tiempo que llevan de casados y si tienen niños; en ese momento les gustaría salir corriendo, pero no pueden. Y si se les ocurre comentar que tienen problemas para concebir, probablemente comiencen los consejos, justo lo que no necesitan: “relájate; no te preocupes; vendrán pronto”, o aún peor: “Qué suerte tienes, yo que tengo hijos, me gustaría poder disfrutar de la libertad que disfrutas ahora”.

Esta clase de comentarios hacen que se sientan devaluados. El ser conscientes de cómo su sueño cae en pedazos, con una periodicidad mensual, les hace difícil reunir la energía suficiente.  Ir a una fiesta con niños puede ser doloroso, pero también lo es distanciarse de los encuentros sociales que celebran sus familias y amigos. La vida es muy estresante para Susy y Fer; sin embargo, hacen lo posible por sobrellevarlo.

Sé comprensivo. En algunas ocasiones los notarás deprimidos; en otras, enfadados; a veces, estarán física y emocionalmente extenuados. Se han embarcado en una ardua aventura física, emocional y económica, con una baja probabilidad de éxito. Sin embargo, cuanto más perseveren en su empeño, mayores son las posibilidades de conseguir finalmente un embarazo. En este momento no tienen idea de lo que ocurrirá, no saben por qué les ha tocado vivir esta situación, pero nadie lo sabe; todo lo que conocen es la angustia diaria.

Lo que ellos esperan de ti, es que los comprendas y les manifiestes tu aprecio. Necesitan a alguien en quien poder confiar. La confianza es una emoción que se manifiesta con tranquilidad, calma, aproximación y franqueza. En sí es la emoción que humaniza, pues hace posible acercarse a la otra  persona.

 

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