Ismael Vidales Delgado
¡Este soy yo!, porque en todo el mundo, no hay nadie exactamente igual a mí. Hay personas que se parecen a mí, pero ninguna es exactamente como yo. Por eso todo lo que produzco es solamente mío y de mi responsabilidad.
Todo en mí, me pertenece: mi cuerpo y todo lo que hace; mi mente y todos sus pensamientos e ideas; mis ojos y todas las imágenes que ellos captan; mis sentimientos, ya sean el coraje, la alegría, el amor; mi boca y todas las palabras que salen de ella, corteses, dulces, ofensivas, piadosas; mi voz, fuerte, suave, melodiosa, brusca; todas mis acciones orientadas hacia los demás o hacia mi; mis fantasías, sueños, esperanzas y miedos son de mi propiedad también; igual me pertenecen todos mis éxitos y todos mis fracasos.
Yo puedo, si así lo deseo, mejorar mi autoestima, mejorar mis valores, fijarme metas altas, quererme un poco más y perdonarme algunas de mis debilidades.
Yo puedo hacer posible que todo en mi trabaje para mi superación; yo sé que si inicio un recorrido hacia mi interior me voy a llevar sorpresas agradables y desagradables, pero debo hacerlo, porque sólo así me entenderé como un ser humano, que pertenece a un tiempo y a un espacio, que tiene raíces en el pasado y compromisos con el futuro, sólo así me entenderé como una persona que quiere ser mejor.
Yo puedo enfrentar con objetividad y valentía mis flaquezas, puedo vivir con humildad mis virtudes, puedo respetarme y querer a los demás, sin más interés que la convicción de pertenecer a la misma especie, ésta especie humana que debemos cuidar, preservar y mejorar, porque tarde o temprano habremos de enfrentar el juicio de la historia y debemos rendir buenas cuentas.
