Gabriel Contreras
El motivo de su prestigio inicial proviene, en primer lugar, de su valor histórico en sí mismo, y en segundo lugar se deriva de la fama ganada a pulso por quienes fueran alguna vez sus moradores. Sin embargo, hoy estas casas están en ruinas.
En las primeras de estas casas, que nos hace pensar en los últimos días del Siglo XVIII y se encuentra ubicada en el cruce de Morelos y Escobedo, en Monterrey, nació y vivió Servando Teresa de Mier.
En aquellos tiempos, en los que Monterrey no era otra cosa que un rancho poblado por soldados, frailes y herreros, la dirección de la casa era Calle del Comercio 26. Enfrente estaba el Colegio Jesuita, que hoy no es colegio ni Jesuita, es simplemente la Farmacia Benavides. Total, que ahí quiso estudiar Servando, cosa que no consiguió porque aquel edificio estaba vetado para todo mundo.
Al paso del tiempo, aquel muchacho se cargaría de ideas rebeldes, profundas y novedosas, pudo viajar, fue un tanto hereje y blasfemo, fue detenido, escapo y volvió a escapar, consiguiendo tejer una vida de persecuciones, sufrimiento y cierto heroísmo.
La vida se puso fea con Fray Servando Teresa de Mier, quien llegaría a ser el primero en concebir la Guerra de Independencia, exaltar como pocos los valores patrios, y morir siendo parte del equipo de Guadalupe Victoria.
Hoy, aunque alguna calle lleva su nombre, su casa es un expendio de hamburguesas, eso si, con nombre Real: Burguer King. “Aquí nació Servando Teresa de Mier” indica una placa, y ahí se vende comida rápida.
Esta otra casa, de madera y situada en lo más alto del Cerro del Mirador, paso muchos fines de semana el niño Alfonso Reyes, acompañado de su padre, el General Bernardo Reyes, entonces Gobernador del Estado.
Aquí, aquel niño fue perseguido por el sol y por las abejas, aquí tuvo sus grandes paseos a caballo, y compartió numerosas historias con el famoso soldado poeta, que acabaría siendo asesinado a las puertas de Palacio Nacional.
Esta casa, que fue sinónimo de descanso y alegría para Bernardo y su hijo Alfonso, hoy se pudre en el olvido, tiene el techo plagado de agujeros y avanza pacientemente hacia la muerte.
Irónicamente, dos de los grandes héroes de las ideas nacidos en Monterrey son testigos hoy, quizás, desde el mas allá, de nuestro desdén y nuestra indiferencia.



