Centenario de Fernando Benítez

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Jorge Pedraza Salinas

En ocasión del centenario del natalicio del escritor Fernando Benítez, un grupo de amigos, entre los que figuran Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco, le rindieron merecido homenaje en la sala principal del Palacio de Bellas Artes. Mientras tanto, en San Pedro Garza García se abrió la Biblioteca Fernando Benítez, con más de nueve mil volúmenes que pertenecieron a ese destacado periodista, de quien en esta ocasión deseamos recordar cuatro de sus frases:

l.- En México el arte de la entrevista periodística no se ha desarrollado porque a los políticos y a los hombres importantes les gusta disfrazarse de esfinges.

2.- Mi mérito, si tengo alguno, es reconocer el talento. No lo he descubierto, sólo he estimulado a los que lo tienen, lo que es diferente.

3.- Mis primeros recuerdos tienen que ver con la revolución y éstos influyeron el resto de mi vida. Comprendí que no había un México sino muchos Méxicos.

4.- [Los indios] Me dieron una lección inolvidable; me enseñaron a no creerme importante, lo cual ha sido decisivo en mi vida. A pesar de mis arranques de orgullo, soy un hombre humilde.

BENITEZ Y LA HISTORIA

Aunque fundamentalmente se dedicó al periodismo y a la literatura, Benítez también incursionó en la Historia.

Hay quienes consideran que la historia no tiene ninguna importancia. Que el pasado es eso: simplemente pasado. Y que como tal debe quedar atrás. Benítez no estaba de acuerdo con ello. Por el contrario, la importancia de estudiar la historia radica en que nos permite conocer nuestras raíces, los aciertos y los fracasos de nuestros antepasados, para emprender con mayores y mejores herramientas el análisis y la solución de los problemas actuales y futuros.

Un recorrido por la historia de México, nos lleva a la conclusión de que los más grandes reveses que el país ha sufrido son aquellos en las cuales los mexicanos se han derrotado a sí mismos. Y ello se ha debido, sobre todo, a la falta de unidad, a que los caudillos y los líderes se olvidaron de trabajar en equipo. Esto nos hizo vulnerables en el pasado. Esto permitió que los enemigos avanzaran con mayor facilidad. Así fue en el pasado. Ojalá ya no sea en el futuro.

EL ESCRITOR Y SU OBRA

El miércoles 12 de enero de este 2012, se cumplieron 100 años del natalicio del maestro Fernando Benítez, escritor, periodista y editor de suplementos culturales, autor de «Los indios de México», «Los primeros mexicanos», «Los demonios en el convento», «El rey viejo», «Ki, el drama de un pueblo», «La ruta de la libertad», «La última trinchera» y otras obras más.

Con motivo de su centenario, recientemente se le rindió homenaje en el Palacio de Bellas Artes, evento en el cual participaron entre otros los escritores Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco, el artista plástico Vicente Rojo, el magnate Carlos Slim y Fernando Canales, antiguo administrador del diario Novedades. Todos ellos elogiaron la obra literaria de quien fuera considerado una de las figuras más destacadas y significativas de la cultura mexicana en el siglo XX.

«Siempre me ha conmovido pensar que Fernando Benítez fue el continuador de Ignacio Manuel Altamirano, quien sobre la Patria en ruinas luchó por levantar el edificio de las letras y las artes como una barrera contra olas de sangre y de barbarie. Ya que la sangre y la barbarie han vuelto a ser nuestro pan de cada día, la tentación de la desesperación es muy grande, nada sirvió de nada, la inmensa tarea resultó inútil; México es un país mucho peor de lo que era en 1961», señaló Pacheco.

FUNDADOR DEL NUEVO PERIODISMO

El poeta, que calificó a Fernando Benítez (1912-2000) como «el fundador del nuevo periodismo mexicano», dijo que hoy en día la cultura ha vuelto a ser lo que era antes de Fernando Benítez el patito feo, la paginita escondida entre las secciones de espectáculos y aseguró que el resultado no pesa sólo sobre la literatura sino sobre el pensamiento.

Carlos Fuentes recordó al Benítez seductor, gran amigo, provocador, interesado en los pueblos de México, como lo dejó de manifiesto en varios de sus libros en especial Los indios de México. Fuentes celebró en Benítez su afán por querer documentar al México olvidado.

Ante una sala casi llena, los ponentes recordaron con cariño al escritor, editor, antropólogo, etnólogo e historiador mexicano, al tiempo que aseguraron que el mejor homenaje que puede recibir el Premio Nacional de Periodismo de México en divulgación cultural de 1986, es leerlo continuamente.

En el Palacio de Bellas Artes ha sido abierta al público una Exposición de Libros, cartas, fotografías, dibujos, periódicos, recortes de prensa y fotografías. La muestra con la que el Instituto Nacional de Bellas Artes conmemora el centenario del natalicio del escritor, propone un recorrido cronológico para abordar las diversas facetas de la labor periodística e intelectual de Fernando Benítez.

La Biblioteca Fernando Benítez

En la zona metropolitana de Monterrey –en Garza García– ha quedado la importante Biblioteca de Fernando Benítez, con más de nueve mil volúmenes y documentos importantes, la cual ha llegado a nuestras tierras gracias a la Fundación Dr. Ildefonso Vázquez Santos, Biblio-Red, A.C., que nace para contribuir a la conservación y la valoración del patrimonio bibliográfico y documental de México, sin excluir otras clases de patrimonios y manifestaciones culturales de igual importancia.

Se trata de una biblioteca patrimonial muy importante, con alrededor de nueve mil 100 volúmenes y un acervo documental de 12 metros lineales, que abarcan correspondencia, manuscritos, cuadernos de apuntes, originales de libros, fotografías y documentos personales.”

Un grupo de empresarios de Monterrey decidió adquirir, la biblioteca de Fernando Benítez, la cual se entregó a la Fundación Ildefonso Vázquez Biblio-Red  A. C., con la finalidad de crear un espacio que sirviera para que el público en general e investigadores se acercarán a un acervo muy importante desde diferentes perspectivas.

Así, en una casa especialmente acondicionada en San Pedro Garza García,  existe ya de manera oficial la Biblioteca Fernando Benítez, un espacio de 800 metros cuadrados, remodelado y adaptado especialmente para alojar la colección, para lo cual fueron fabricados 200 metros lineales de estantería de madera para libros y esculturas, además de vitrinas y muebles de archivo.

FACETAS DEL ESCRITOR

El decano de los escritores mexicanos tenía múltiples facetas. Entre ellas, dos muy importantes. Fue uno de los máximos defensores de los indígenas en el siglo 20 y fue el iniciador de los suplementos culturales en México.

Benítez era partidario de los homenajes en vida y era, además, un gran bromista. El día de su sepelio, la carroza en la que eran trasladados sus restos se detuvo debido a fallas mecánicas y hubo necesidad de cambiar el ataúd a otro vehículo de la misma agencia funeraria. Para algunos de sus amigos, esta fue la última broma del escritor.

Entre las obras que publicó Fernando Benítez figura una que lleva por título «El libro de los desastres» (Ediciones Era, l988, l993). A través de este libro de l64 páginas, Benítez hace un repaso de la historia de México, desde los orígenes hasta nuestros días y relata como las culturas indias fueron arrasadas, su legado anatemizado por la Iglesia, sus edificios destruidos, su gente esclavizada. Posteriormente, en el siglo XVIII, los jesuitas, criollos depositarios de la cultura novohispana, fueron expulsados por la Corona; al mismo tiempo cundía el neoclasicismo en la arquitectura religiosa, y con él la destrucción de obras maestras del barroco mexicano.

El libro está dividido en siete capítulos: l.- Una agonía larga y dolorosa. 2.- La expulsión de los jesuitas. 3.- Donde los mexicanos se derrotan a sí mismos. 4.- La destrucción de los conventos. 5.- El saqueo de libros en el siglo XIX. 6.- Continúa la sangría de libros. 7.- La emigración de nuestros códices, y 8.- De ciudad a megalópolis.

Se inicia el libro con el señalamiento de que el nuevo dios impuesto por el conquistador Hernán Cortés trajo a México la destrucción, la esclavitud y la muerte, pero tres años después de la derrota azteca, en l524, llegaban los doce primeros franciscanos, que buscaban la igualdad de los hombres ante Cristo.

Defensor –como lo fue siempre– de los indios, Benítez hace un repaso de sus sufrimientos. Sin embargo, a pesar de todo, los indios aún sobreviven en México. «Ellos le dan a nuestro país el resto de magia que nos empeñamos en extinguir».

LA CAMPANA EN EL AMANECER

Parece como si los golpes teatrales fueran haciendo la historia de México, afirma el autor mientras nos recuerda a Hidalgo tocando una campana en el amanecer para iniciar la lucha por la Independencia. Desde la toma de Guanajuato, se produce la división de los caudillos.

Vienen después el genio militar y político de Morelos, los Galeana, los Bravo y Vicente Guerrero. Si Morelos aspiraba a ser el siervo de la nación, el ambicioso Iturbide desea ser Emperador. Fueron once años de lucha por la Independencia, en los cuales los cuartelazos se suceden.

Conservadores y liberales se disputan el poder. Mientras tanto, la Iglesia conserva su poder. ¿Y el pueblo? La condición de la gran masa no cambia. «La lucha debilita al país y agrava su miseria».

VISIÓN HISTÓRICA DE FERNANDO BENÍTEZ

En estos días, México está celebrando el centenario del natalicio del escritor y periodista Fernando Benítez. Además de haber sido el creador de los principales suplementos culturales de los diarios del país, Benítez es autor de importantes obras como “Los indios de México”, “El Rey Viejo” y “El Agua Envenenada”.

Con una gran claridad del panorama histórico, Benítez describe el siglo XIX, cuando sufrimos la pérdida de la mitad de nuestro territorio. Esto altera el curso de nuestra historia. A la invasión norteamericana se agregan otros males, como son la pérdida de riquezas ornamentales y valiosas bibliotecas que han ido a parar al extranjero.

Al hablar de estos temas, Benítez lo hace con el propósito de que los mexicanos sepamos y recordemos lo que hemos perdido, «para que el olvido de nuestra historia no se convierta, como hasta ahora, en un desastre siempre renovado».

Mientras todo esto sucede, los ojos de nuestros vecinos del norte están alertas. El Presidente Jefferson recibe al barón de Humboldt, quien había estado en México del 22 de marzo de l803 al 7 de marzo de l804. El norteamericano queda impresionado con la descripción que el alemán le hace de la población, la riqueza y la geografía.

Aparece luego en nuestra tierra el agente secreto Joel R. Poinsett. Iturbide le prohíbe la entrada, pero Santa Anna se la autoriza. Las intrigas de Poinsett rinden frutos, se fomenta la división que llevaría a México a las luchas internas. En l836 Texas proclama su independencia y después solicita su anexión al territorio norteamericano. «México, hundido en guerras fratricidas, manda un ejército a través de los desiertos. Santa Anna toma el Álamo y se duerme en sus estropeados laureles. Es hecho prisionero y, para salvarse, da por hecho consumada la pérdida de Texas.»

LA INVASION NORTEAMERICANA

Sin embargo, las cosas no pararían ahí. Viene después la invasión norteamericana que encuentra a los generales mexicanos desunidos. Mariano Paredes Arrillaga, comisionado para combatir a los norteamericanos, marcha hacia la ciudad de México para alentar a sus partidarios y buscar la Presidencia.

«Así comienza el desastre –afirma Benítez. Los mexicanos se derrotan a sí mismos y esto sella toda la guerra. Taylor avanza hacia Matamoros. Los habitantes de la pequeña aldea de Frontón, al verse amenazados, incendian sus casas y se suman a las tropas defensoras».

En l836 Texas proclama su independencia y después solicita su anexión al territorio norteamericano. «México, hundido en guerras fratricidas, manda un ejército a través de los desiertos. Santa Anna toma el Álamo y se duerme en sus estropeados laureles. Es hecho prisionero y, para salvarse, da por hecho consumada la pérdida de Texas».

Sin embargo, las cosas no pararían ahí. Viene después la invasión norteamericana que encuentra a los generales mexicanos desunidos. Mariano Paredes Arrillaga, comisionado para combatir a los norteamericanos, marcha hacia la ciudad de México para alentar a sus partidarios y buscar la Presidencia.

«Así comienza el desastre –afirma Benítez. Los mexicanos se derrotan a sí mismos y esto sella toda la guerra. Taylor avanza hacia Matamoros. Los habitantes de la pequeña aldea de Frontón, al verse amenazados, incendian sus casas y se suman a las tropas defensoras».

Hay momentos en que el ejército mexicano toma la ventaja, pero no la sabe sostener y aprovechar. Continúan las divisiones internas. Detrás de todo esto está Santa Anna. Los mexicanos obligan al ejército de Taylor a retroceder en Angostura, pero Santa Anna, en lugar de realizar el ataque definitivo, ordena la retirada y se proclama victorioso.

El ejército mexicano, que salió con l8 mil hombres, se dispersa y regresa a San Luis Potosí solamente con cuatro mil. Mientras tanto, los norteamericanos invaden Monterrey en un recorrido que habrá de llevarlos hasta la Capital de la República. Las consecuencias son bastante conocidas: el territorio mexicano es mutilado.

Fueron once años de guerra insurgente. Vinieron después 55 años, con 56 cambios de gobernantes y una dictadura de más de 30 años. Se destruyeron las riquezas del país y se perdieron enormes territorios (al sur hasta Costa Rica y al norte hasta Oregón).

Después de relatar estos trágicos acontecimientos, Benítez aclara que ha tratado de resumir en su libro una serie de desastres con la intención de dar una idea sobre los peligros que sufrimos y los que todavía nos amenazan.

Y concluye con este mensaje: «Desde luego, las soluciones no están a la vuelta de la esquina, ni se darán en un corto plazo. El pueblo anhela decidir su futuro con la papeleta electoral en la mano, decidir pacíficamente como vivirá en el siglo XXI y no por medio de las armas según ocurrió en el siglo XIX y en una fracción del XX.

Este es uno de los muchos mensajes que nos dejó Fernando Benítez, sin duda alguno uno de los personajes más destacados en el periodismo cultural mexicano, a quien hemos querido recordar en ocasión del centenario de su natalicio.

 

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