La psicobiografía de un trasplante

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Martha Cantú Cavazos

Graduada como psicóloga del Posgrado en Psiquiatría Hospitalaria y de la Comunidad, en el Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario “José Eleuterio González”, de la Facultad de Medicina de la UANL, a finales de la tercera década de la vida, la presencia única de sangre en orina sin ninguna otra manifestación clínica, con diagnóstico de enfermedad de Berger o IgA, inicié una insuficiencia renal crónica de más de quince años de evolución, que culminó en un transplante renal efectuado en el mismo hospital donde me gradué. La temporal cercanía de esta vivencia inspira este relato, con una secuencia de fases más complicadas desde la perspectiva de la medicina de alta especialidad, en lo laboral y social, en lo psicológico, filosófico y espiritual del impacto en el área familiar; además de anotar la trascendencia de sentir y estar acompañada por un equipo médico interdisciplinario, calificado y cohesivo. Se podría elaborar un artículo para cada una de las di-versas etapas de este proceso, las cuales desarrollo a continuación brevemente, como preámbulo al tema central: El trasplante. Estas fases son:

a) La importancia del diagnóstico temprano

b) El seguimiento médico para vigilar el avance de la enfermedad

c) El progresivo cambio de estilo de vida

d) El apego al tratamiento psicológico

El proceso cursa con la negación inicial, enojo, rebeldía, depresión, angustia, incertidumbre y aceptación. Estos estados emocionales requieren de manejo psicoterapéutico especializado y, en momentos de mayor estrés, de medicación ansiolítica y antidepresiva. Además, otro de los objetivos psicoterapéuticos es la redefinición de la enfermedad que inclina la balanza hacia la esperanza de vida, lo cual a pesar del padecimiento de la enfermedad permite continuar el proyecto de vida: ejercer la profesión, formar una familia, es decir…… ¡disfrutar a plenitud la vida!

PREPARATIVOS PARA EL TRASPLANTE

No obstante, la enfermedad continúa silenciosamente su progreso… la revisión médica nefrológica dicta la más temida de las noticias: la insuficiencia renal es grave, con lo que se da inicio a los preparativos para el trasplante. Mis hermanos quedan excluidos como donadores, por contar con diagnóstico de padecimientos médicos. La distancia geográfica (la familia de origen es de otro Estado) y la historia de múltiples duelos debido a que en el transcurso de estos años mi madre, mi hermano mayor y yo quedamos viudos, fueron eventos que contribuyeron a que la noticia de trasplante se manejara con negación y racionalización. Pero si la desgracia y la enfermedad salen a la cara, mi apariencia física saludable y la ausencia de síntomas graves favorecieron aún más estos mecanismos. El círculo de amistades respondió de la misma manera. Sin embargo, para mí el diagnóstico era abrumadoramente contundente, por lo que se iniciaron todos los trámites para cumplir con los lineamientos para la donación de cadáver: al ser receptor (a), inicialmente se requiere la revisión médica y la atención de profesionales en diversas especialidades: psiquiatría, cardiología, oftalmología, neumología, gastroenterología, infectología, dermatología, alergología, ginecología, urología, inmunología y odontología, quienes solicitaron diversos estudios, los cuales no están exentos de angustia, molestias físicas, y ¿por qué no decirlo? también de matices psicológicos de negación inicial por parte de alguno de los especialistas evaluadores: “¿Por qué viene a evaluación para trasplante? ¡Usted se ve muy bien!”Posteriormente, un equipo médico interdisciplinario, acreditado ante las autoridades hospitalarias y de Salubridad, valora los resultados que emitieron los diferentes especialistas y que se sintetizan en un documento denominado: protocolo del receptor. Si es viable el trasplante, consignan el caso en una lista de espera ante el Registro Nacional de Trasplantes o, de lo contrario, sugieren las medidas que se han de seguir. Tras la buena noticia de ser un potencial receptor, nuevamente aparece la incertidumbre, compañero inseparable de viaje: la disponibilidad de órganos de cadáver es inferior a las necesidades actuales de nuestro país.

INICIO DE LA HEMODIÁLISIS

Debido a la insuficiencia renal avanzada, se inicia la hemodiálisis; lo fundamental e imprescindible es llegar en las mejores condiciones médicas, con el fin de aumentar las probabilidades de éxito inmediato y prolongado del trasplante. El inició de la hemodiálisis planteó nuevos retos: la visita previa para conocer la máquina donde debía permanecer conectada por tres horas dos veces por semana; la instalación del catéter, y, por consiguiente, la suspensión de las actividades académicas por laborar dentro de un área hospitalaria. A pesar de mantener en mente el objetivo de la hemodiálisis, los miedos y fantasías ansioso-depresivos emergieron como una burbujeante espuma, al grado de amenazar mi estabilidad emocional. Fue el hecho de ir inicialmente a la hemodiálisis, acompañada de mi madre o de una entrañable amiga, aunado a los maravillosos avances tecnológicos de las máquinas de hemodiálisis, y al sostenido trato empático, cálido y profundamente humano del personal médico y de enfermería, lo que hizo que las ansiedades se fueran disipando, dando paso a un profundo vínculo de confianza y seguridad en el personal hospitalario. Al mismo tiempo, la psicóloga del equipo de trasplantes, con un enfoque psico-educativo, nos orientó y preparó como familia sobre el período de aislamiento en la fase de hospitalización, los posibles efectos de las medicaciones, así como de las condiciones y requerimientos que deberían cumplirse en casa al regresar del hospital. En forma paralela, la familia, amigos y compañeros de trabajo se organizaron en una sólida e invaluable red de apoyo, afecto y solidaridad.

PROCURACIÓN DE ÓRGANOS

Mientras transcurre la espera, el comité de trasplante trabaja en la procuración de órganos. En el momento de contar con un donador cadavérico, selecciona de la lista de espera a los potenciales receptores que somos localizados vía telefónica, para acudir a la prueba cruzada que consiste en un examen inmunológico en el cual se mezclan la sangre del candidato receptor y del donador cadavérico, para valorar la compatibilidad. A la vez, somos confronta-dos cara a cara con la diversidad de necesidades y circunstancias de otros pacientes. En el aire se respira la pregunta ¿Quiénes serán los compatibles? Mágicamente, el sentimiento de compasión nos une, y se escucha la propuesta: vamos a rezar para que Dios ilumine a los doctores y decidan lo mejor sobre nosotros… al fin se escucha la anhelada noticia: ¡Sí hay compatibilidad! La futura receptora del riñón exclama espontáneamente: vamos a ser hermanas. Al abrazarnos, se mezclan las lágrimas de alegría y de la tensión acumulada. Después del acto quirúrgico, se despierta de la anestesia bajo una estrecha vigilancia médica y cuidados especializados de enfermería. Durante los siete días que dura aproximadamente la hospitalización, en caso de no haber complicaciones, la cercanía empática del personal médico y enfermeras contribuye a que el dolor físico y psicológico no sólo sea más llevadero, sino –elaborativo- al brindar la apertura a preguntas e incertidumbres sobre los medicamentos que se tomarán de por vida, medidas para evitar infecciones, cuidados en casa, la dieta, el retorno a la cotidianidad, el trabajo etcétera. El proceso de un trasplante es una experiencia de amor excepcional, en la cual convergen a la perfección lo divino, lo científico y lo humano. Coincido con el Papa Juan Pablo II, quien define un hospital como un templo de conocimientos, dolor y esperanza. En los trasplantes la esperanza y el milagro de la vida triunfan. Los donantes de cadáver y sus familias desde la humildad del anonimato, practican y nos recuerdan: Amarnos los unos a los otros. Mi terapeuta y mi psiquiatra están de acuerdo conmigo.

 

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