Gabriel Leyva
(Ateneo de las Ideas)
Puede ser difícil entender por qué alguien se querría unir a un cártel de narcotraficantes. Obviamente, existen recompensas económicas muy grandes; pero los costos en forma de los actos de violencia extrema, el desprecio de gran parte de la sociedad, y la alta posibilidad de una muerte temprana son demasiado altos para la mayoría de la población. La teoría económica del crimen es controversial en cuanto a su capacidad para predecir y explicar los actos criminales; pero creo que en el caso del narcotráfico, el análisis económico es una herramienta útil para entender los motivos y circunstancias que llevan a alguien a cometer estos despreciables actos.
TEORÍA NEOCLÁSICA DEL CRIMEN
La teoría neoclásica del crimen es simple. La decisión de cometer un crimen es como cualquier otra decisión económica racional. El individuo evalúa las diferentes posibilidades, tomando en cuenta los posibles beneficios y costos de cada acción y estrategia, y toma una decisión después de adquirir toda la información posible (también tomando en cuenta el costo de obtener información).
En el caso de una decisión criminal, el individuo debe tomar en cuenta la posibilidad de ser atrapado y tener que pagar una multa o ir a la cárcel, además de la posible marginación social. La teoría neoclásica del crimen es útil por varias razones: primero, simplifica el análisis del crimen, porque reduce todos los motivos a interés propio; segundo, es generalizable, ya que esta teoría se puede aplicar para analizar crímenes tanto materiales como violentos. Esto ayuda en el análisis del narcotráfico, ya que la venta de drogas generalmente mezcla los dos tipos.
Una premisa tan simple puede parecer insuficiente para explicar la realidad de un fenómeno social tan complicado como el crimen, y la teoría neoclásica del crimen tiene bastantes críticas válidas. El mayor problema es que la teoría es altamente instrumental y asume que todos los individuos son perfectamente racionales en sus decisiones. Los críticos dicen que esta teoría del crimen ignora factores importares, como normas y valores, así como presiones sociales. La teoría asume que los individuos toman decisiones en un estado de aislamiento, lo cual rara vez es cierto.
A pesar de éstos y otros problemas, la teoría neoclásica tiene su lugar porque, aunque los individuos no siempre hagan un análisis de costo y beneficios al tomar una decisión, se pueden hacer predicciones y conclusiones válidas. En general, este modelo provee una plataforma simple y elegante para el uso de herramientas económicas en el estudio del crimen. Además, la teoría económica del crimen ha sido expandida por otros autores, para incluir elementos de teoría del juego, que ayudan a cubrir algunas de sus debilidades. En particular, la teoría del juego permite incluir presiones sociales y culturales, además de las acciones de fuerzas gubernamentales en el estudio del crimen, lo cual nos provee una imagen más completa de los motivos de la actividad criminal.
CONSIDERACIONES ECONÓMICAS
Entonces, ¿qué consideraciones económicas existen específicamente en el caso del narcotráfico? Usualmente, el costo que asociamos con un crimen es la posibilidad de ir a la cárcel o sufrir algún otro tipo de castigo. Pero en el caso del narcotráfico, el efecto de la ley es casi inexistente, debido al alto nivel de impunidad. La cantidad de narcotraficantes que son aprehendidos por la ley es mínima, y aun y cuando son capturados, el castigo es casi insignificante.
Los narcos llevan en las cárceles una vida privilegiada, y los escapes son comunes. Además, se ha comprobado que los jóvenes son más propensos a tomar riesgos, y tienen una actitud más despectiva ante la posibilidad de sufrir consecuencias penales por un crimen. Debido a esto, la penalización por parte de la ley muy apenas se puede considerar como un factor en la decisión de cometer crímenes relacionados con el narcotráfico.
Otra consideración común en la decisión de cometer un crimen es la posible venganza de las víctimas. En este caso también existe inmunidad para los narcotraficantes, ya que cualquier ataque contra un cártel de parte de una víctima se responde con violencia extrema, lo cual crea un ambiente de miedo que previene casi cualquier tipo de venganza.
EL PLACER DE SER TEMIDOS
Otro problema es la marginación social. Presuntamente esto es un factor importante en el caso del narcotráfico, ya que los crímenes relacionados con él son particularmente aborrecidos por la sociedad mexicana, debido al estado presente del país. Pero es difícil determinar si el miedo y el desprecio de la sociedad general es un costo para todos los individuos. Sin duda, existen personas que disfrutan ser temidas, ya que esto es parte importante del poder del narcotraficante.
Además, es importante recordar que el sentimiento de pertenencia es un aspecto importante de cualquier organización criminal. Un grupo social que está siendo asediado por todas partes, como un cártel, naturalmente se va a recluir, fortaleciendo los lazos entre los miembros de éste. Entonces, la marginación de los grupos criminales contribuye a que los lazos entre los miembros se vuelvan más estrechos.
EL PRECIO: LA VIDA
Por último, existe el costo en expectativa de vida. La vida de un sicario generalmente es violenta y corta. Éste es probablemente el factor mitigante que tiene el mayor peso en el balance de costos y beneficios del narcotráfico. Alguien que entra en el negocio de las drogas en México sabe que está acortando su vida significativamente. No importa quién seas, ceder varios años de tu vida es una decisión difícil para cualquier individuo.
Ahora, ¿cuáles son los beneficios del narcotráfico para el individuo? Claramente, gran parte de la tentación es la oportunidad de grandes ganancias económicas, especialmente considerando que no se requiere de ninguna experiencia previa o entrenamiento. Pero aparte de los beneficios puramente monetarios, hay que considerar el estilo de vida. Los narcotraficantes llevan una vida hedonista, manejando carros de lujo, consumiendo drogas, como la cocaína; constantemente; asistiendo a fiestas decadentes y con mujeres de sobra -prácticamente una vida de estrella de cine.
Además de todo esto, ser parte de una organización criminal como un cártel, provee un fuerte sentimiento de pertenencia. Como dije previamente, el estatus de paria social que poseen los narcotraficantes sólo fortalece el vinculo social entre éstos. No es coincidencia que muchos cárteles se identifiquen a sí mismos como familias. Si uno está dispuesto a cometer los actos de violencia que se requieren de un sicario, los beneficios en realidad son bastante sustanciales mientras duran. El estilo de vida del narco es algo que la mayoría de la gente jamás podría experimentar en circunstancias normales.
Tomando en cuenta estas consideraciones, podemos obtener una idea de qué tipo de individuo accede a convertirse en narcotraficante. Si el individuo está consciente de que su expectativa de vida se reduce considerablemente al tomar la decisión de unirse a un cártel, podemos asumir que este individuo está descontando el futuro a un grado extremo. En términos generales, descontar el futuro se refiere a darle menos valor a la utilidad futura que a la utilidad presente. Normalmente, alguien que descuenta el futuro sería una persona que prefiere gastar el dinero tan pronto como lo obtiene, y no ahorrarlo para poder gastarlo en el futuro.
BREVE VIDA DE LOS SICARIOS
Sin embargo, aquí no estamos hablando de alguien que simplemente es descuidado con el dinero. Estamos hablando de alguien que está sacrificando la mayor parte de su vida para obtener grandes beneficios inmediatos. Asumiendo que un individuo de 20 años que se une a un cártel viva hasta los 25 años, comparado con la expectativa normal de vida de 73 anos en hombres, podemos ver que alguien que decide unirse a un cártel estima que la utilidad que obtendrá como narco durante cinco años es mayor a la utilidad que obtendrá durante 53 años de vida normal.
Esto demuestra que alguien que toma una decisión como ésta tiene muy pocas esperanzas para el futuro. Es una actitud completamente nihilista. Para que alguien piense que no hay ninguna posibilidad de que las cosas mejoren en 50 años, tiene que estar profundamente marginado de la sociedad. Esto involucra varias cosas: una es tener un estimado muy bajo de ganancias monetarias futuras. En este caso, el individuo probablemente es alguien con pocas habilidades o, más comúnmente, con habilidades que se han vuelto obsoletas.
CANDIDATOS AL NARCO
El neoliberalismo y el libre comercio han devastado numerosas industrias mexicanas que no pueden competir con empresas extranjeras, como es el caso del sector agrícola. Esto asegura que haya una amplia oferta de personas cuyas habilidades y conocimientos simplemente ya no son rentables. Usualmente, estos individuos tienen poca oportunidad de aprender nuevas habilidades, creando así una clase social con recursos económicos y humanos extremadamente bajos.
Pero la falta de esperanza económica no es aquí el único factor de motivación. Muchos sicarios y narcos han confesado que nunca sintieron que pertenecían a algo, hasta que entraron al cártel (volviendo una vez más a los fuertes lazos sociales que se crean en una organización criminal). Esto nos dice que un individuo que decide convertirse en narco, generalmente carece de los grupos sociales necesarios para que un ser humano viva una vida plena.
Entonces, estamos hablando de personas marginadas tanto social como económicamente, un verdadero lumpenproletariat. En un estado donde se concibe el bien social, el gobierno debería intervenir para prevenir la creación de una clase social tan destituida. Pero el aparato de gobierno mexicano ha fracasado completamente en este aspecto, destruyendo cualquier confianza que este grupo social pueda tener en el Estado.
La combinación de marginación y falta de confianza en el gobierno es extremadamente peligrosa. En estas condiciones, no es sorprendente que muchos de ellos recurran al crimen para satisfacer sus necesidades, tanto sociales como económicas, a pesar del alto costo involucrado.
Una lección que la guerra en Irak nos ha ensenado sobre las insurgencias modernas es que el descontento de una población completamente marginada no se puede eliminar con violencia. Mientras exista una clase social que se sienta completamente desesperada y fuera de opciones no violentas, seguirán existiendo insurgentes. Creo que la situación de México es similar a la de una insurgencia, por lo que pienso que las medidas violentas que el gobierno ha tomado para combatir el crimen organizado están destinadas a fracasar.
Sí, hemos llegado al punto en el que la violencia es necesaria para mantener el orden civil. Pero si queremos realmente resolver el problema, tenemos que revisar las instituciones que han dejado que exista la clase social de la que he hablado. Tenemos que fomentar nuestro capital humano, restaurar las industrias que han sido devastadas por la economía neoliberal. México necesita una verdadera red social que proteja la integridad y las necesidades básicas de sus ciudadanos.
