Ismael Vidales Delgado
Andrés es un padre de familia que diariamente sale a vender hamburguesas en un carrito que instala en las calles aledañas a una escuela, un cine y una fábrica. Hoy regresó más temprano que de costumbre y su esposa le preguntó ¿Ora, que te pasó Andrés, a poco ya acabaste?
Sí, fíjate que llegaron los muchachos de la escuela y se llevaron todas las hamburguesas, disque porque tenían una pachanga en su salón. Por cierto, a uno que llegó después tuve que darle sus trompadas, fíjate que me pidió una hamburguesa y un refresco, y ya que se la tragó me va saliendo que nomás traía tres pesos, pos no se vale, cómo le iba a perdonar los otros cuatro, pos de plano me quería ver la cara, así que le puse sus “trompos”.
Pero Andrés, si ya lo conoces, se la hubieras fiado, a lo mejor el pobre chamaco traía hambre y ni se dio cuenta de que le faltaba dinero, seguramente te la habría pagado mañana, yo creo que no debías haberlo golpeado, hoy por él, mañana por nuestras criaturas. Mira vieja, negocios son negocios, ¡a mí me vale!
En eso estaban cuando llegó Dianita llorando porque su hermano Javier no le quería dar la mitad del chocolate que compraron.
Díanita.- Mamá, Javier no me quiere dar un pedacito de chocolate, yo le di un peso para que completara para comprarlo y me dijo que me convidaba, pero ahora no quiere, mira mamá, se lo va a acabar.
La madre.- ¡Javier! Por favor dale una mordidita del chocolate a tu hermanita.
Javier.- Mira mamá, apenas voy a completar para mí solo, además, pa que es zonza, ¡a mí me vale!
