Indira Kempis
Uno de los espacios públicos de nuestra cotidianidad es la calle. Totalmente inevitable transitar por ella. Se vuelve tan riesgosa como cómoda en tanto es la zona por la que andamos. Lamentablemente, las calles en Monterrey son cada día un foco de riesgo ante la violencia y la delincuencia que vivimos. Por tanto, cada día más personas reaccionan a estas situaciones evadiendo las calles.
El encierro es un mecanismo de defensa habitual. Se abstienen, en algunos casos, hasta de salir a la tienda. Como he escuchado a algún amigo: “Los humanos podemos viajar a la luna, pero ni siquiera podemos caminar tranquilos en la calle”. Es la paradoja de sociedades que apuestan a la libertad y que, sin embargo, no hemos creado las condiciones para que se geste desde las rutinas básicas.
El miedo por el riesgo que implica salir a la calle, además de poner en jaque las reacciones naturales por la inseguridad, inhibe nuestra capacidad de convivencia y, por lo tanto, afecta directamente al tejido social (ese concepto que se ha vuelto entre parte de la agenda pública e incluso “moda” en el lenguaje del combate a la inseguridad). Poco se comprende que en la medida en que nosotros no hagamos uso de este espacio público natural, más complicaremos el panorama de las soluciones.
Otro amigo, colombiano, me afirmaba que uno de los factores que incidieron en el involucramiento de la ciudadanía en la transformación de Medellín fue el no abandonar las calles a pesar de las condiciones de inseguridad a las que se enfrentan las sociedades. De manera tal, que esa interacción que no se pierde, es una gran ventaja para la sociabilización de los proyectos tanto de la sociedad civil como del gobierno.
Salir a la calle es un acto, en estos tiempos, revolucionario. Convivir con otros desde el saludo o incluso sólo reconociendo que existen, te da una perspectiva diferente de la ciudad. El abandono de las calles para la vida pública tiene más costos sociales que beneficios en el corto y el largo plazo. Vencer el miedo para apropiarnos de nuestros espacios públicos es ya uno de los retos más demandantes y desafiantes que tenemos al vivir en esta ciudad. Debemos encaminar esfuerzos para que el ánimo de encerrarse, aislarse, cercarse no nos alcance, de otra forma será doblemente difícil crear una ciudad segura.
