No todo lo que es espacio público, es espacio público

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Indira Kempis

Eduardo Cano.

Abrir los espacios públicos a la comunidad va más allá de las vías recreativas o los pequeños pasillos que se han trasladado el concepto de los grandes centros comerciales a la calle. Si bien esto es importante para la formación de relaciones comunitarias, también debemos poner en la agenda todas las implicaciones que se derivan por defender el derecho a una ciudad humana donde el transito libre nos permita caminar, convivir y recrearnos. El déficit de espacios públicos es uno de los síntomas negativos que fractura la construcción del tejido social, pero al mismo tiempo, con los pocos espacios que hay nos plantea cuestionamientos alrededor de su diseño y funcionalidad para la zona en donde están ubicados.

Es común encontrar en algunas zonas del país proyectos de rescate de espacios públicos tanto del gobierno federal como de los locales, a veces en alianzas con empresas privadas. En apariencia, las implementaciones resultan exitosas una vez que se remodelan o se replantean con nueva infraestructura. No obstante, al paso de los meses pocos son los que mantienen en el tiempo el aspecto inicial. La gran pregunta, incluso al momento de las inversiones, es: ¿Cómo lograr que los habitantes puedan mantenerlos?

Sin embargo, esta interrogante poco pone atención en la gran responsabilidad del equipo técnico de los tomadores de decisión en hacer de estos espacios lugares diseñados para la participación y no impositivos. En México, ante la premura del tiempo escaso en las gestiones, las cuestiones electorales y, en algunos casos, la falta de recursos, no ha permitido gestar proyectos de rescate de espacio público que desde su origen consideren a la participación comunitaria y la gestión social como algo primordial para tanto su uso como el mantenimiento o apropiación al corto y largo plazo.

En el diseño, las actividades recreativas deben ser relevantes, pero no tanto como aquellas que fomenten la colaboración, el trabajo comunitario, los mercados alternativos. Porque de otro modo, si lo único que se hace es trasladar hábitos que ya sabemos son nocivos para la vida social, entonces no tiene tampoco sentido contar con esos espacios públicos. Actualmente, hay ciudades en diversos países que ponen en práctica la integración de la comunidad a estos diseños como en el seguimiento de la implementación a partir de actividades de integración social. El rescate y uso de los espacios tampoco es tema sencillo que sólo dependa de la infraestructura o de la voluntad de las personas, se tienen que crear mecanismos y herramientas para afianzar la apropiación, por tanto, función, de éstos. De otra forma, no estamos realmente “rescatándolos”, sólo cumpliendo con una “cuota” de gráficas o de seudoconvivencia.

 

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