El paraíso del juego se lanza a una nueva atracción: las salas de tiro. De todos los rincones de Estados Unidos y del extranjero, vienen los aficionados para hacer una práctica con verdaderas armas de fuego, bajo la mirada de veteranas del ejército
The New York Times
Artículo original en inglés
(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix ramos Gamiño).
La Machine Guns Vegas, ubicada a menos de un kilómetro de Las Vegas Boulevard, es una sala de tiro que hace poco abrió sus puertas. Ahí, el cliente es recibido por anfitrionas armadas y (muy) ligeramente vestidas, antes de elegir su arma en un amplio catálogo, en que la tradicional Uzi «se codea!» con la vieja ametralladora Thompson.
Con su provocativa mezcla de sexo y de violencia (uno puede vaciar un cargador de ametralladora en una silueta de Osama Bin Laden), Machine Guns Vegas es el más reciente ejemplo de los erxcesos y extravagancias que siempre han caracterizado a Las Vegas; una exageración que ahora se expresa también fuera de los casinos. «Por el momento, la Uzi no está disponible; lo siento mucho», se excusa Melissa Krause –combinación ajustada, botas negras y pistola de juguete en la cintura- ante un padre y su hijo que acaban de hacer un viaje de tres horas por carretera, desde Victorville, en California.
«Tienen muchas armas que no encuentra uno en otras partes», se entusiasma el hijo, Chris Neveu, de 20 años, mientras se dirige al salón VIP, cuyos muros están cubiertos por armas de todo tipo. «Sólo tienes que mirar a tu alrededor: M-4, M-16, M-249, hay mucha cosas exóticas».
En la principal sala de tiro, Barry Burmaster, de 54 años, es presa de la emoción, después de haber comparado las dianas logradas con las de sus tres amigos. «Hace veinte años yo hubiera gastado 400 dólares en un bar de strip-tease», confía este vecino de Maryland, que está de visita para una convención. «Hoy vengo solamente para tirar».
Las escenas de violencia no son raras en Las Vegas, particularmente en esta zona cercana al boulevar denominado The Strip. El año pasado, varias personas fueron apuñaladas en plena calle. La mayor parte eran clientes de casino, que andaban de juerga. Los propietarios de Machine Guns Vegas aseguran que realizan estrictos controles, a fin de no dejar entrar sino a los amantes del tiro. Las personas responsables de los pabellones de tiro son antiguas integrantes de la milicia, reclutadas por su experiencia con las armas.
«No queremos que alguien nos reproche por haber contratado chicas para una sala de strip-tease», explica Genghis Cohen, un socio de Machine Guns Vegas. «Éstas son veteranas del ejército, entrenadas formalmente en el uso de las armas de fuego».
Esta sala no es la primera de su tipo que se abre en la región. En Nevada, las armas atraen a gran cantidad de curiosos, especialmente a turistas originarios de países en que las armas están prohibidas, como «el Reino Unido o Japón», explica Jasmine King, veterana bailarina a go go, actualmente empleada como anfitriona en Machine Guns Vegas.
Otra firma del mismo género, la Gun Store, está llena a reventar de clientes. Sin embargo, no es más que un almacén de armas y una sala de tiro; en tanto que, según sus propietarios, Machine Guns Vegas tiene otras intenciones. «Nosotros queremos tener una pequeña Melrose Avenue», revela Genghis Cohen, en referencia a la célebre arteria chic de Los Angeles. «Nosotros vamos a poner cuadros en los muros, añade. Mire nuestro espacio VIP: máquina para capuchino, grandes canapés en cuero. Imagine que usted es el vice-presidente del Palazzo o del Wynn [dos de los hoteles más lujosos de Las Vegas]. Usted se dice: ‘Bien, es la hora de desayunar; voy a comer un sandwich e iré a tirar durante una media hora’».
Por el momento no hay gran cosa para comer, aunque Machine Guns Vegas prevé en el futuro, ofrecer platillos preparados. Sin embargo, hay una amplia variedad en qué gastar una pequeña fortuna en este sitio que –a Dios gracias– no sirve alcohol.
Así, por 699 dólares –la fórmula más cara–, el cliente puede escoger 16 armas tirar mil 550 balas y acceder al salon VIP. Barry Burmaster y sus amigos han optado por una solución más económica: el paquete Auto Full, a 399 dólares, por diez armas. «Nos hemos hecho los machos», explica Wilbur Willis, impresor de 61 ans, originario de Chattanooga, Tennessee. «No hemos tomado más que armas automáticas. Fue genial. Había modelos antiguos y otros más recientes».
En cuanto a ella, Gricelda Fernández, una bailarina a gogo de Las Vegas, utiliza una pistola semi-automática, bajo la mirada atenta de un ranger. «Nunca antes había hecho esto», explica la joven de 22 años. «Es verdaderamente emocionante y muy fácil». Otro cliente, originario de Texas, ofrece este regalo a su hijo, por su cumpleaños número 29. «En casa, yo tiro con frecuencia, pero ésta es la ocasión de hacer algo que en casa no puedo: lo totalmente automático.» «¡Caramba!», murmulla Brian, chofer en Las Vegas. «¡Totalmente automático! ¡No está mal!»
