Tomado del libro «Los adolescentes preguntan» de Ismael Vidales
Tal vez mi consulta le parezca un poco inusual, pero el caso es que hay un detalle que me está molestando de cierto tiempo para acá y no se qué hacer. No sé a que se deba, pero no me gusta la comida de mi casa, en otro lugar si me gusta, pero en mi casa no puedo comer, no me agrada el sabor que le dan en mi propio hogar. ¿Piensa que estoy “chiflado” o hay algo que yo pueda hacer?
Iván.
Con frecuencia nos gustan más los dulces, los antojitos y las botanas. La alimentación balanceada es indispensable para tu crecimiento, así que las verduras también forman parte de tu alimentación diaria.
Tampoco debemos exagerar al grado de suprimir los dulces, helados y pasteles, sobre todo si esa eliminación es violenta, pues hará mas daño la neurosis que la caries. El control “neurótico” de la alimentación por parte de los padres, llega a suprimir, esconder, tirar a la basura, destruir, etc., las golosinas que los adolescentes gustan de comer. (No sé si este es tu caso).
Esta situación los hace recurrir al engaño, la clandestinidad y sobre todo a desarrollar un sentimiento de culpabilidad criminal que está muy lejos de serlo realmente. He escuchado al menos de una madre de familia, gritar a su hija : “te he dicho que no tragues ese mugrero, te va a dar una enfermedad… tú crees que nada más trabajo para el doctor”.
Así que ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. Por otra parte, sugiérele (con todo respeto) a quien cocine en tu casa, que cambie las recetas o que practique con otro tipo de sazón porque tal vez ahí está el problema.
Si después de intentar todo tipo de estrategias sigues prefiriendo comer fuera de tu casa, entonces si, tal vez se trate de esa “chiflazón” tuya que mencionas.
