Comida chatarra y menjurjes “milagrosos”

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Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez

Mientras en todo el mundo, entre cuatro y cinco por ciento de los presupuestos de salud se gastan en enfermedades vinculadas con la diabetes, y en México este padecimiento, junto con la obesidad, se ha constituido en el reto más grande por solucionar en materia de salud pública, el ciudadano es bombardeado por publicidad engañosa, tanto alimenticia como farmacéutica, con lo cual se frena cualquier tarea preventiva en contra de este mal.

Un diabético en casa significa, para una familia, gastos extraordinarios, que se traducen en cuatro o cinco mil pesos mensuales, sólo en consultas y medicamentos. A ello deben añadirse otros costos no financieros, pero no por ello menos desgastantes, como es el hecho de que algunos pacientes con diabetes viven esquemas de estrés, ansiedad o dolor emocional. 

PRODUCTOS ‘MILAGRO’

Lo anterior parece ignorado por las agencias publicitarias. Basta sentarse a ver el televisor;  leer algún diario, revista o página de internet, para comprobarlo. Los medios promocionan medicamentos “que curan todo”, desde cáncer hasta diabetes o hipertensión; fórmulas mágicas, de un antes y después, para bajar de peso milagrosamente; productos “naturales” y soluciones encantadoras, que siempre son “nuevos descubrimientos” y hasta tés, líquidos o pomadas, procedentes, dicen,  de las culturas maya, azteca, zapoteca e incluso egipcia.

Como contraparte, poco se difunde la opinión de médicos o expertos sobre tales temas. Mucho menos se establece conciencia de que, en México, la diabetes mellitus ocupa el primer lugar en  número de defunciones cada año -tanto en hombres como en mujeres-, con tasas de mortalidad ascendente en ambos sexos,  con más de 70 mil muertes y 400 mil nuevos casos anuales.

Según reportes del Instituto Nacional de Nutrición, en una década, el número de mexicanos con obesidad se incrementó de 9 a 24 por ciento; es decir, 15 puntos porcentuales más, y en esta alza influye el tipo de alimentación que hemos adoptado y los estilos de vida sujetos a estrés, ansiedad o depresión, que suele caracterizar sobre todo a las grandes urbes.

INCIDENCIA DE LA DIABETES

Esta institución indica que 14 de cada cien personas mayores de 20 años padecen diabetes; cerca del 50 por ciento de los diabéticos desconocen que están enfermos. Sólo para atender el problema de obesidad y sus consecuencias, se destinan 54 millones de pesos diarios. A este gasto, deben añadirse los costos por baja productividad; ausencia por enfermedad; retiro o muerte prematura, como un efecto indirecto sobre las familias y el sistema productivo a causa de la diabetes.

Estos serían datos como para perder el apetito y, aun así las cosas siguen. No importa que el propio presidente Felipe Calderón explicara que en ocho años se incrementó en más del 60 por ciento la atención a enfermedades relacionadas con sobrepeso y obesidad, y el gasto para ello pasó de mil 500 millones de euros a dos mil 330 millones de euros, el  equivalente al Seguro Popular de todo el año 2009.

Con tales cifras, resulta sorprendente el escaso control sobre los espacios publicitarios que llegan a infantes, hombres y mujeres, con alimentos masivamente sugeridos, aun y cuando estén saturados de azúcares, carbohidratos, saborizantes y demás, los cuales suelen difundirse como “nutritivos”. A ello, todavía debemos agregar que en medio de las repetitivas crisis económicas, la dieta de las familias con menos recursos es cada vez menos sana.

En Monterrey, ricos y pobres beben refrescos embotellados desde la mañana hasta la madrugada, en lugar de leche o aguas frescas, como lo hacían sabiamente las abuelas. Los almuerzos han sido sustituidos por “tacos mañaneros”, que suelen repetirse por las noches; colateralmente, el sedentarismo se acrecienta; la gente no se ejercita, por desidia o por temor, ante la inseguridad.

La comida rápida desplazó vertiginosamente a la tradicional y, aunque en las bolsas de frituras te digan la leyenda: “come frutas y verduras”, nadie explica a las familias el daño silencioso que le traerá, por el consecuente deterioro en sus hábitos alimenticios, el preferir productos industrializados, rápidos pero alejados de la dieta tradicional del mexicano, basada en frijol, maíz, granos o comida fresca.

ENGAÑOS A LA POBLACIÓN

No hay medicamentos mágicos o fórmulas patentadas para atender el sobrepeso. De poco sirven los esfuerzos del personal de salud, cuando mediáticamente no se controla aquello que se publicita e incita a la población a consumir con engaños, triquiñuelas y mentiras abiertas, eso sí, bien diseñadas tecnológicamente, para hacerles creer que son verdaderas.

En esto, como en otros temas de salud, las leyes, el sistema de salud y el ciudadano deben tener la palabra, por encima de la seductora industria publicitaria.

 

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