Por Marielle Court
(Tomado de Le Figaro. Traducción de Félix Ramos Gamiño)

La Antártida es un territorio cuyo acceso anual no es posible más que para 30 o 40 mil personas. Pero un equipo de científicos de ocho países diferentes, entre ellos representantes del CNRS y del Instituto Polar Francés (IPEV), acaban de demostrar cómo esos viajeros muy ocasionales siembran pequeños granos, que están a punto de convertirse en especies invasivas.
A la fecha, la hierba anual que uno encuentra prácticamente por todo el mundo, parece haber tomado posesión de este nuevo territorio, y otras cuatro o cinco especies estarían a punto de establecerse ahí.
La inmensa mayoría del continente austral está cubierto perpetuamente de nieve y hielo, pero el uno por ciento del territorio, principalmente en la península y en el litoral, quedan descubiertos durante el verano, y pueden recibir formas de vida.
Están bien ocultos en el fondo de los bolsillos de los parkas, o pegados a las suelas del calzado; depositados en el fondo de las mochilas o de los bastones de marcha. Es así como los granos atraviesan los continentes.
“Un primer estudio había sido realizado por una decena de personas en 2005”, explica Marc Lebouvier, del CNRS y uno de los autores del estudio, publicado en los PNAS (Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias). Allí, la encuesta abarcó una muestra representativa de personas que estuvieron en la Antártida durante el período estival, entre noviembre y febrero de 2007-2008.
Visitantes de todas las regiones del mundo
Un primer cuestionario estuvo dirigido a más de seis mil 500 turistas, científicos, manejadores del equipaje, a fin de conocer sus nacionalidades y los países que habían visitado durante los doce meses precedentes.
“Nos dimos cuenta de que no solamente estaban representados ahí todos los países del mundo, sino de que, casi la mitad de esas personas habían visitado regiones frías”, subraya el investigador, lo que denota que los granos que eventualmente transportaban eran susceptibles de aclimatarse en la Antártida. Enseguida, 853 participantes aceptaron someterse a un examen muy minucioso de sus efectos personales, a fin de determinar al mismo tiempo el número de granos transportados y las especies vegetales a que pertenecían.
“En total, se contaron dos mil 600 granos de 200 especies diferentes”, prosigue el investigador. Los visitantes transportan, en promedio, menos de diez granos cada uno. Esto va desde cero para aquéllos que tienen equipo completamente nuevo, hasta varias decenas para aquéllos que recorren las regiones frías, sin limpiar su equipo en cada ocasión. “El récord absoluto ha sido de 200 granos de veinte especies diferentes para la misma persona”, cuenta Marc Lebouvier.
Ecosistemas rústicos
En esas regiones, los ecosistemas funcionan muy bien, pero son demasiado rústicos. La llegada de una o de varias especies nuevas puede conducir a trastornos mayores. Esto es precisamente lo que se ha podido constatar en algunas islas subantárticas.
Pero, sobre todo, previenen los científicos, la situación se podría agravar a causa del calentamiento climático, que es muy sensible en determinadas zonas de la Antártida. La costa oeste, en particular, ha registrado ya alzas muy importantes de la temperatura. A diferencia de las zonas templadas, en estas regiones muy frías, una simple alza de un grado centígrado puede permitir a especies que vegetan, desarrollarse de manera repentina.
Este estudio permitirá hacer recomendaciones, particularmente
sobre el mantenimiento de los equipos, y dará a los signatarios del Tratado sobre la Antártida, bases de reflexión para minimizar los riesgos de introducción de especies en el continente blanco.
