Cinthya Araiza
Entrar a la ciudad de Dubrovnik, es como aventurarse a otro mundo; es como si se hiciera un viaje en el tiempo hacia el pasado, a una época de castillos, príncipes y murallas.
Sólo hay unos cuantos lugares en el planeta en los cuales uno se siente como si hubiera entrado en un mundo totalmente diferente. Es exactamente así como se percibe Dubrovnik, ciudad de piedra cuya blancura desde el norte está protegida por el cerro Srd, de 412 metros de altitud y desde el sur por el mar cristalino con islas alrededor. Esta ciudad es el centro de muchos acontecimientos históricos, templo de sucesos culturales los que a través de épocas dejaron huellas hasta en el más escondido callejón de piedra blanca; centro urbano cuyo núcleo todavía late con su propio ritmo, pero que además es la unión entre lo antiguo y lo moderno, lo urbano y lo rural.
El nombre eslavo de Dubrovnik, proviene de Dubrava, que es el bosque denso de litoral de roble que en tiempos pasados cubría el cerro Srd. Esta ciudad es el centro del distrito de Dubreovnik y Neretva, el mismo que se encuentra en el extremo sur de Croacia; el distrito está dividido en 17 alcaldías, las que cuentan con 188 aldeas y 5 centros urbanos- Dubrovnik, Korcula, Metkovic, Ploce i Opuzen, donde vive 126.000 habitantes. Según el censo de 1991, en la misma Dubrivnik habían alrededor de 49.728 habitantes.
La reciente ciudad empezó a llenarse paulatinamente con una serie de construcciones. Los diligentes, excelentes constructores, empezaron construyendo bellas murallas que en el siglo XIII rodearon totalmente la parte norteña de la ciudad. En ese mismo siglo la ciudad se convirtió en la encrucijada de importantes y seguros caminos de caravana que unían al mar con el interior de la Península de los Balcanes.
Fue una ciudad fortificada que tuvo un comercio bastante desarrollado, una rica marina, que además se encontraba en la mira de sus vecinos del este y oeste. Fue la ciudad de Venecia que marcó a Dubrovnik como su competencia cada vez más fuerte en materia de comercio, lo cual causó varios intentos de conquista por parte de los venecianos.
Con el tiempo, la ciudad de convertía poco a poco en una republica aristocrática debido a que los aristócratas empezaron a gobernar ocupando así las posiciones políticas y económicas más destacadas. Al fortalecer su poder monetario y político, dominio y riquezas, era de esperarse que llamara la atención de sus enemigos, hechos que desencadenaron en el ataque de los venecianos poniendo así en 1205 a Dubrivnik bajo su seno.
Franciscanos, jesuitas, judíos, todos son parte de la riqueza histórica de esta tan hermosa ciudad que enamora a quien ponga sus pies en sus calles rodeadas por esculturales iglesias y monumentos. Tan sólo sentarse a contemplar las blancas paredes, saborear delicias del mar ó fruits de mer, disfrutar de una tarde soleada ó lluviosa, escuchar los violines callejeros y hasta ir de compras, tomar fotos panorámicas en el bello puerto ó bien subir a las impresionantes murallas…Dubrovnik sin duda alguna es patrimonio de la humanidad que se debe disfrutar.
