Santiago Magallanes Torres
La subsistencia y el desarrollo de toda sociedad dependen del aprovechamiento de los recursos naturales. Sin embargo, en su carrera por conquistar y poseer, el ser humano ha provocado la extinción de muchas especies animales y vegetales, así como un deterioro del entorno natural –en muchos casos irreversibles- cuyos costos pueden ser tan altos como la supervivencia misma.
Ante este creciente y preocupante deterioro ambiental, cada vez es mayor el interés por encontrar esquemas que permitan estimar y asignar valores objetivos a los bienes y servicios que los ecosistemas nos prestan, pues sólo de esta forma las acciones de conservación y restauración de la naturaleza surtirán el efecto deseado.
PROTECCIÓN AL BOSQUE
Los Servicios Ambientales Forestales parecen ser regalos de la naturaleza, y, para mantenerlos, no se requiere más que proteger al bosque mismo. No obstante, la conservación o la mejora de los servicios ambientales muchas ve-ces exige que se sacrifiquen otros valores y usos de suelo competitivos, como la explotación de maderas preciosas o la conversión de tierras boscosas en agrícolas, lo cual no muchos están convencidos de llevarlo a cabo. La valo-ración de los servicios ambientales se nos presenta como una opción muy viable para apoyar la conservación y el desarrollo sustentable. Sin embargo, a la fecha, en México no disponemos de instrumentos de promoción y divulgación para que personas, comunidades, empresas e instancias gubernamentales apoyen o participen en proyectos de pago por servicios ambientales. En la mayoría de los casos, se desconoce qué son o a qué se refieren los bienes y servicios ambientales.
SERVICIOS AMBIENTALES
Por ende, los servicios ambientales, también llamados ecosistémicos, son los beneficios intangibles que los diferentes ecosistemas proporcionan a la sociedad, ya sea de manera natural o por medio de un manejo sustentable. Por ello, la base de los servicios ambientales se halla en los componentes y procesos que integran los ecosistemas. Dicho en otras palabras, como los procesos y las funciones del ecosistema que, además de influir directamente en el mantenimiento de la vida, generan beneficios y bienestar para las personas y comunidades. Entre los servicios ambientales, destacan los de protección a las cuencas hidrográficas, también conocidos como Hidrológicos, los cuales incluyen entre sus funciones:
Regulación del ciclo hidrológico. En otras palabras, el mantenimiento del caudal durante la temporada de secas y el control de inundaciones;
La conservación de la calidad del agua; es decir, la reducción al mínimo de la carga de sedimentos, la carga de nutrientes, la carga de sustancias químicas y de salinidad;
El control de la erosión del suelo y la sedimentación;
Reducción de la salinidad del suelo o la regulación de los niveles freáticos; y
El mantenimiento de los hábitats acuáticos
Si bien el concepto de “servicios ambientales” es relativamente reciente, la realidad es que la sociedad se ha beneficiado de dichos servicios desde sus orígenes; en la mayoría de los casos, sin tomar conciencia de ello. Es importante tener clara la diferencia entre “bienes” y “servicios” ambientales. Los primeros son productos tangibles de la naturaleza (madera, frutos, agua, suelo) de los que nos beneficiamos directamente los seres humanos. Los servicios ambientales son, en cambio, beneficios intangibles cuya utilización –cuando la hay- es indirecta (captura de carbono, regulación del clima, belleza escénica, etcétera).
EL PROBLEMA DEL AGUA EN MÉXICO
Actualmente, los propietarios y/o poseedores de los te-rrenos forestales en su mayoría, por razones económicas, modifican el uso del suelo (por ejemplo, hacen un desmonte) y/o adoptan prácticas de manejo no sustentables (sobrepastoreo, quema de pastos), las cuales impactan negativamente en la provisión de uno o más servicios ambientales, ya sea por la disminución de la calidad del agua, la pérdida de biodiversidad o el incremento de las emisiones de CO2, entre otros. Asimismo, debe considerarse que tradicionalmente se ha asignado un valor a los bienes o productos ambientales que consumimos, lo que no ha sucedido aún con los servicios que obtenemos del entorno. Ello explica por qué el valor económico de dichos servicios es subestimado y los ecosistemas que los proporcionan son, en general, sobreexplotados y degradados.
En México, la contaminación generalizada y el mal uso del suelo que predomina en el país agravan enormemente la situación actual del agua.
La situación se torna más delicada aún, teniendo en cuenta que las dos terceras partes de nuestro país están consideradas zonas áridas y semiáridas, en donde se acentúan conflictos ya existentes entre los usuarios del servicio por la disponibilidad de éste. Además, cabe destacar que la distribución de la lluvia es altamente variable en el país, y que existen regiones en donde se concentra el 70 por ciento del escurrimiento, pero son habitadas por apenas una tercera parte de la población, situación contraria a zonas donde se localiza cerca del 80 por ciento de los habitantes, en tanto que el escurrimiento apenas alcanza al 30 por ciento del total del país.
¿QUÉ ES EL PAGO POR SERVICIOS AMBIENTALES HIDROLÓGICOS?
Se refiere a la retribución directa, por diversos mecanismos, a quienes se ocupan de manejar, resguardar, conservar y mejorar los ecosistemas que brindan servicios ambientales derivados del agua, necesarios para el bienestar de la sociedad. Una vez definido el concepto, es preciso diseñar y poner en marcha mecanismos con la finalidad de inducir el pago de estos servicios y generar acciones que atenúen, contengan y reviertan el impacto negativo generado por la sociedad.
Asimismo, la aplicación de diversas políticas o acciones para el desarrollo de mercados de servicios ambientales inicialmente dio origen a los llamados Sistemas de Pago por Servicios Ambientales, de los cuales se derivó lo que actualmente se conoce como Áreas Promisorias para el desarrollo de Mercado de Servicios Ambientales (APROMSA).
PSAH EN NUEVO LEÓN
El Estado de Nuevo León se ha caracterizado, a lo largo de los años, por su progreso, con predominio de la actividad industrial, lo que ha derivado en un dinámico cambio de uso de suelo que, aunado al aprovechamiento irracional de los recursos forestales, ha modificado los ciclos hidrológicos, el reabastecimiento de los mantos acuíferos, el hábitat natural de la fauna silvestre y ha aumentado la pérdida de suelo por erosión.
Como resultado de estas modificaciones, se ha visto un incremento en la temperatura, una mayor tasa de evaporación, baja precipitación pluvial y, por lo tanto, disminución del aporte de agua al subsuelo y a las co-rrientes superficiales. Por lo tanto, la falta de dotación de este vital recurso significaría cambios dramáticos en el bienestar de los habitantes de la zona metropolitana de Monterrey.
Las áreas boscosas del Estado de Nuevo León son consideradas de alto valor para la conservación, ya que se presentan zonas alternadas de bosques de coníferas y chaparrales en buen estado de conservación. Sus funciones en la producción de servicios ambientales son fundamentales, ya que el 60 por ciento del agua que abastece a los más de cuatro millones de habitantes de Monterrey y su área metropolitana es captada en estas zonas.
