Indira Kempis
Uno de los principales objetivos al abordar el tema de los espacios públicos es enfatizar el valor de lo que es común, de todos, lo que construye democracia mediante el diálogo y la convivencia, fortaleciendo así el tejido social. Actividades culturales, educativas, recreativas como deportivas son algunas de las opciones más recurrentes para darle sentido al uso de esos lugares como parte de una estrategia de seguridad urbana.
Esto debe entenderse porque algunas implementaciones o diseños de proyectos relacionados con el rescate de los espacios tienden a incrementar las actividades que son de entretenimiento como una forma de atraer de manera fácil o automática a la gente, sobre todo a los jóvenes. En apariencia, en nuestro contexto social donde la gente se ha acostumbrado a la ligereza del espectáculo, podemos pensar que el objetivo se está cumpliendo.
No obstante, los cortos plazos en el uso de los espacios públicos son poco eficientes a la hora de esperar resultados sobre el tejido social. Esto significa que mientras no existan actividades que abran el debate, promuevan la reflexión y la crítica, el intercambio de ideas, la sensibilidad ante los problemas de la comunidad, la creatividad y la innovación, la tecnología… De poco sirve para darle seguimiento al fortalecimiento de relaciones que a la larga resultarán en mayores aportaciones de las comunidades en otros proyectos similares.
Por tanto, los proyectos que deberían estar relacionados al uso de los espacios públicos en una estrategia de seguridad urbana son aquellos que se realizan con diagnósticos sobre los cuales tomar decisiones y tener radiografías sociales de la comunidad como con actividades que promueven mayor participación en otras áreas a largo plazo. Si nos quedamos en hacer conciertos esporádicos, eventos de personajes o conferencias motivacionales, no se está consiguiendo el objetivo para el cual deberían ocuparse los espacios: participación para la seguridad.
