Maximiliano llega a México

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Jorge Pedraza

Mientras el Presidente Juárez se encontraba en Monterrey –hace 150 años–, un grupo de traidores y conservadores se habían trasladado a Miramar, con el objeto de ofrecer el trono de México al archiduque Maximiliano, hermano del Emperador de Austria y quien, por cuestiones políticas y familiares, tenía su residencia en el Castillo de Miramar, frente al Adriático, junto a su esposa Carlota Amalia, hija del Rey de Bélgica.

Era, la de Maximiliano, una situación que no le agradaba. Así que al recibir el ofrecimiento de los traidores, que se decían representantes del pueblo de México no dudó mucho y aceptó, aunque esto habría de costarle la vida.

El 10 de abril, en el Palacio de Miramar, Maximiliano aceptó el trono imperial. Concertó con Napoleón III, el Tratado de Miramar, mediante el cual el Emperador de Francia se comprometió a mantener en México un ejército de 25 mil hombres para apoyar al Imperio por espacio de seis años.

Ese 10 de abril, en el Palacio de Miramar, Maximiliano aceptó el trono imperial con estas palabras:

“Yo, Maximiliano Emperador de México, juro a Dios por los Santos Evangelios procurar por todos los medios que estén en mi alcance el bienestar y prosperidad de la Nación, defender su independencia y conservar la integridad de su territorio”.

Antes de abandonar su patria, Maximiliano tuvo que renunciar a todos sus derechos. No sólo a la corona de Austria,sino también a sus derechos privados.

El mismo día, 10 de abril de 1864, nombra a Joaquín Velázquez de León, Ministro de Estado del Imperio. A Juan N. Almonte lo designa como su Lugarteniente. A Leonardo Márquez le otorga el título de Caballero Gran Cruz de la Imperial y Distinguida Orden de Guadalupe.

Maximiliano concertó con Napoleón III, el Tratado de Miramar, mediante el cual el Emperador de Francia se comprometió a mantener en México un ejército de 25 mil hombres para apoyar al Imperio por espacio de seis años.

ENTREVISTA CON
MAXIMILIANO

William Zerman, agente del gobierno de Juárez, se entrevistó con Maximiliano. En abril 16, envía una carta al Ministro de Relaciones y Gobernación, en la que se refiere a sus entrevistas con Maximiliano, anteriores a su aceptación al trono. Explica, en la misma, que hizo ver al príncipe europeo lo odioso de un gobierno impuesto por un enemigo extranjero. “Tanto las respuestas del Archiduque –agrega Zerman– como de su esposa y del Barón revelaban no sólo la ignorancia de las cosas de México, sino también de las pasiones políticas en tiempo de guerra civil. Concluyó por manifestarme su resolución de aceptar y de marchar a México”.

Maximiliano consideró siempre la necesidad de sostener una entrevista con Benito Juárez. Prueba de ello son algunos documentos, entre ellos el siguiente:

“Bruselas, marzo 16 de 1864

(Gral. William H. Germán). General:

“Después de las conversaciones mantenidas con usted en Londres y Bruselas, el archiduque ha pensado que una entrevista personal con el Presidente Juárez, podría ayudar a salvar las dificultades y aclarar los puntos de vista del Archiduque para el bien del país que está llamado a dirigir.

“Lejos del pensamiento del Archiduque está el querer imponerse a los mexicanos mediante una fuerza extranjera contraria a su voluntad. Respeta demasiado libremente de su destino, para consentir jamás en que se ejerza violencia para la elección de sus instituciones políticas.

“La primera condición impuesta por el Príncipe para aceptar la Corona, ha sido el asentimiento del país. Si hoy está decidido a tomar las riendas del Gobierno, es porque las actas de adhesión que han llegado de la mayor parte de las provincias de México, le autorizan a creer que la Nación, tomada en su totalidad, es favorable a un cambio de sus formas políticas y al establecimiento de una Monarquía constitucional bajo el cetro de S.A.I. Si esta Monarquía debe instituirse, el Archiduque está firmemente resuelto a apoyarse en todas las fuerzas del país, sin distinción de partido; quiere trabajar sinceramente, en el supremo interés del bienestar de la Patria común, en refundir las opiniones políticas que durante largo tiempo han dividido a una Nación digna de mejores destinos. Un entendimiento franco y leal con los principales hombres políticos del partido liberal y, especialmente, con aquél que hasta el presente ha sido el jefe legítimo del país y de quien el Archiduque no ha cesado de apreciar los sentimientos patrióticos, podrá ayudar poderosamente a lograr este objetivo.

“Si el Sr. Juárez comparte esta opinión, usted podrá, General, al transmitirle las ideas que usted mismo ha oído exponer al Príncipe y tranquilizando al Presidente sobre otros puntos de vista más fáciles de tratar de viva voz, darle la seguridad que S.A.I. tomará las medidas necesarias de seguridad para que le sea posible dirigirse a un punto convenientemente situado del territorio, para encontrarse con el Archiduque.

“En el caso de que el Presidente Juárez desee realizar esta entrevista que tendrá sin duda, felices resultados para su Patria, usted tendrá la bondad, General, de hacer llegar la comunicación S.A.I., en caso de que yo me encuentre ausente, por intermedio del Sr. Jacques Kuhachevich, su tesorero, que siempre está cerca del Príncipe y que es hombre perfectamente seguro. Reciba, General, la seguridad de mi alta consideración. Barón de Pont. Consejero de S.A.I. y R. Apostólico”.

En compañía de la Archiduquesa Carlota, Maximiliano fue a Roma para entrevistarse con el Papa. Este le prometió enviar un nuncio para la solución de asuntos pendientes.

En Trieste, Italia, Maximiliano y Carlota se embarcan en la fragata Novara, con rumbo a México.

El 28 de mayo de 1864 –un día como hoy–,  Carlota y Maximiliano desembarcan en Veracruz y expresan el placer que les produce pisar el suelo de su nueva y hermosa Patria. La mayoría de los autores describen el recibimiento como frío. Esto causó triste impresión a Carlota.

¿DÓNDE ESTABA
EL PRESIDENTE?

¿Dónde estaba Juárez cuando Maximiliano y Carlota llegaron a México? Generalmente los libros escolares de Historia Patria no lo mencionan, pero Juárez estaba en Monterrey rodeado del cariño y el afecto de los regiomontanos.

Desde Monterrey, Juárez permanece atento al rumbo que toman los acontecimientos en todo el país.

En la tierra del Padre Mier, don Benito Juárez saboreó la alegría de las victorias y los sinsabores de los fracasos. Conoció el verdadero significado de la traición de algunos de sus conciudadanos y de quienes se decían, como Santiago Vidaurri, fieles seguidores de la causa liberal.

Durante su estancia en este rincón de la Patria, los regiomontanos de entonces supieron comprender, amar y respetar al gran patricio y ofrecerse sin condición alguna a la causa liberal, que era la causa mexicana. Su amor a la justicia, a los fines nobles y, en general, a todo lo que significara el bien común, dejó huella imborrable, por lo que Monterrey le rinde perenne homenaje a través del grato recuerdo de su presencia en este monumento y muchos más en todo el Estado, en calles, escuelas, monumentos y en los corazones de todos sus habitantes.

EL FALLO DE
LA HISTORIA

Una de las más hermosas cartas de Juárez fue escrita en Monterrey por este distinguido patriota. Me permitiré transcribir la parte final de esa carta en la cual Juárez rechaza una invitación de Maximiliano para unirse al Imperio:

“Es cierto, señor, –afirma Juárez– que la historia contemporánea registra el nombre de grandes traidores que han violado sus juramentos y sus promesas, que han faltado a todo lo que hay de sagrado para el hombre honrado; que en estas traiciones el traidor ha sido guiado por una torpe ambición de mando y un vil deseo de satisfacer sus propias ambiciones….

“Es dado al hombre, Señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios propios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad, y es el fallo tremendo de nuestra historia. Ella nos juzgará… Benito Juárez”.

Tenía razón Juárez.

Juárez peregrinó por diversas ciudades del país para salvar a la República. Estuvo en San Luis Potosí, en Saltillo, Monterrey y Chihuahua. Mientras otros dudaban, el Benemérito permaneció firme en su decisión. Los mexicanos habían de triunfar sobre el austríaco, los franceses y los traidores.

En este episodio de nuestra Historia, destaca junto a Juárez la figura del militar nuevoleonés Mariano Escobedo. Los mexicanos continuaron siendo leales al Presidente Juárez hasta el final y fue precisamente el General Escobedo, quien se encargó de conseguir el triunfo definitivo al derrotar a Maximiliano.

La lucha no fue estéril. Valió la pena el esfuerzo. Finalmente triunfaron el derecho y la razón. Se equivocaron quienes buscaron en otro país un príncipe que viniera a gobernarnos. En el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro, la República derrotó al invasor y a sus seguidores.

Así se escribió el triunfo de la República.

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