Por Romain Clergeat – Paris Match
(Tomado de Paris Match. Traducción de Félix Ramos Gamiño).

Gracias a la explosión de la inteligencia artificial, se abre al hombre un nuevo universo. Reencuentro con estos descubridores del mundo de mañana.
Si usted anunciara en una comida que en veinte años el teléfono portátil quedará reducido al tamaño de una célula sanguínea, y que en nuestro sistema circularán unos nano robots, nadie lo tomaría en serio. Pero, si una afirmación de esta naturaleza le hubiera permitido a usted ser invitado en dos ocasiones a la casa de Bill Gates; si, desde 1980, hubiera usted previsto que una computadora derrotaría al campeón mundial de ajedrez, y hubiera usted imaginado la arquitectura del Internet, seguramente la concurrencia sería todo oídos.
Pero, en ese caso, usted se llamaría Raymond Kurzweil, y usted habría inventado el primer escáner de superficie plana, el primer piano verdaderamente eléctrico (Stevie Wonder es uno de sus amigos), el primer software de reconocimiento vocal, etcétera. Hoy en día, Kurzweil es el creador del movimiento “Singularidad”. Su postulado es: “llegará un momento en que el progreso será obra únicamente de la inteligencia artificial”.
“Si uno observa las curvas de crecimiento de las tecnologías durante los últimos cincuenta años, constata un inexorable avance exponencial. Hasta el momento, el desarrollo humano se ha realizado de manera lineal, paso a paso. En la manera lineal, uno pasa de 1 a 2, a 3, etcétera, hasta 30. En la forma exponencial, es 1, después 2, después 4, después 8 y, después de 30 etapas, llega uno al millón. Vea usted la diferencia”.
La secuenciación del genoma es un buen ejemplo de este crecimiento, que muy pronto nos va a rebasar. El proyecto debía tardar 15 años. A los siete años, se había logrado la secuenciación de apenas el uno por ciento del genoma humano, y los escépticos se alegraban. “Pero, una vez alcanzada esta etapa, no se requirieron más que siete etapas para llegar de manera exponencial al cien por ciento. Eso es lo que ha pasado”, explica Kurzweil.
Según él, dos fases marcarán para siempre nuestra civilización: en primer lugar, 2029, año en que una computadora aprobará el test de Turing. Si, al cabo de tres horas de diálogo escrito, el examinador es incapaz de decir cuál de los cinco interlocutores es una máquina, la prueba habrá sido superada.
En 1999, un grupo de expertos hablaba de cien años antes de que una inteligencia artificial pudiese triunfar en este examen. En 2006, el plazo no era más que de 50 años. En cuanto a mí, yo les digo que esto sucederá en menos de veinte años. “Después, 2045 será el punto sin retorno, cuando la cantidad de inteligencia artificial en el planeta será un millón de veces superior a la suma de inteligencia biológica humana.
“Entraremos entonces en la era de la Singularidad, etapa en que no será posible hacer previsiones en forma racional. Entonces se presentará la explosión de la inteligencia artificial que, obediente más que nunca a las leyes exponenciales, rebasará a la inteligencia biológica, y estará en posibilidades de proceder ella misma a su propio perfeccionamiento”. Un escenario catastrófico para todos aquéllos que ya imaginan el mundo a la merced de HAL 900, la computadora de “2001: la odisea del espacio”, que se libera, de conformidad con sus propios criterios, del dominio humano.
Un día, será posible almacenar la propia memoria en un disco externo, y reinyectarla a voluntad
Hoy en día, el hombre puede todavía desconectar la máquina. Pero, ¿mañana? “Es un falso problema”, responde Kurzweil; “Ya desde ahora no la podemos desconectar. Sin la inteligencia artificial, no habría más útiles de comunicación a gran escala, no habría sistema bancario ni medios de transporte masivo. Mi iPhone es cien veces más pequeño que la computadora que utilizaba cuando era estudiante en el MIT (Massachusetts Institute of Technology); mil veces más potente y un millón de veces menos cara”.
Kurzweil ve en esta explosión tecnológica la solución de casi todos los problemas. “El avance de la tecnología permitirá solucionar el problema de la pobreza. Gracias a las impresoras 3D, será posible producir todo aquello de lo que tenga uno necesidad: alimento, ropa, muebles… eso sin hablar del dominio de la ciencia. En la actualidad, el ser humano tiene una vida cuatro veces más larga que hace mil años. La medicina, convertida también ella en una tecnología de la información, se verá sometida a esta misma ley de la aceleración. Nos hemos tardado cinco años en secuenciar el virus del sida, y treinta y un días para el del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS). Ahora es posible hacerlo en una jornada.
En quince años, gracias a la nanotecnología, nuestra esperanza de vida aumentará un año o más cada año cada año. Y, un poco más adelante, nano robots inyectados en nuestro cuerpo estarán programados para combatir todas las enfermedades que nos aquejan, empezando por el cáncer”. Hoy en día, en el marco de la enfermedad de Parkinson, ya se implantan chips en el cerebro, a fin de enviar señales a los músculos que ya no reciben órdenes de neuronas destruidas. Será posible escanear nuestro cerebro de manera integral; almacenar la memoria propia en un disco externo, y reinyectarla a voluntad eternamente…”
La vida eterna no surge ya de la ciencia ficción. La idea de “mantener en vida, de manera indefinida, de Aubrey de Grey, respetado biogerontólogo, ha sido tomada muy en serio por la comunidad de investigadores. Un concurso, dotado de 20 mil dólares, para refutar sus teorías, jamás ha sido ganado. Existe una posibilidad, de cada dos, de que, dentro de 25 años, se llegue a abatir el envejecimiento, bajo un umbral decisivo de control crítico. Por decisivo, me refiero a un control médico del mismo tipo que para los enfermos comunes.
Por medio de su fundación SENS (Strategies for Engineered Negligible Senescence), este especialista, con apariencia de leñador de los bosques, reduce el envejecimiento a una simple erosión física reversible. Una acumulación de daños moleculares y celulares, que bastaría prevenir antes de que se conviertan en patógenos. “Mi objetivo no es conservar la vida a cualquier precio, en un estado de envejecimiento avanzado, sino todo lo contrario”.
En 2045, las máquinas no tendrán necesidad del hombre, y se auto repararán
Grey divide las causas del envejecimiento en siete cagtegorías: “La terapia por medio de células madre está en el centro de las soluciones aportadas. En pocas palabras, se trata de reemplazar las células que se han vuelto incapaces de reproducirse. Ya están en curso ensayos clínicos en seres humanos. En cuanto a las enfermedades cardiovasculares, primera causa de mortalidad en el mundo, resultan de la acumulación de desechos moleculares que nuestro cuerpo es todavía incapaz de eliminar. Si llegamos a encontrar la enzima adecuada para desembarazarnos de ellos, ya no habrá –en teoría- enfermedades cardiovasculares. Las etapas serán progresivas, pero cada uno de nosotros aportará algo de su tiempo para ganar en longevidad. A fin de cuentas, pienso que la primera persona que podrá vivir mil años, nacerá dos décadas después de que el primer ser humano haya alcanzado los 150 años. Actualmente, el decano de la humanidad es un japonés de 122 años”.
En este mundo agitado, la organización de nuestras sociedades no permanecerá fija. Habrá otros modos de gobierno. El Seasteading Institute, financiado en parte por un genio de la era de las start-up, Peter Thiel (fundador de PayPal et patrocinador de Facebook, del que sigue siendo accionista, trabaja en la construcción de islas-países en aguas internacionales. Su presidente, Michael Keenan, explica que “ya no es posible que todos vivamos según un modelo o, grosso modo, que cada cuatro o cinco años, una parte imponga sus puntos de vista a la otra. Existen 200 gobiernos en el mundo y, finalmente, menos de diez formas verdaderamente diferentes de gobernar. Desde un punto de vista industrial, tal hegemonía sin rival es un contrasentido”. Es un principio básico: mientras más gordo estés, menos desarrollarás ideas originales, por miedo de molestar a la mayoría. Resultado: nada se mueve. Nosotros queremos cambiar eso”.
Los nuevos utopistas no tendrán ya necesidad de LSD para rehacer el mundo. Ellos ya hicieron sus pruebas, y la mayor parte son riquísimos. Ellos innovan en el momento en que, efectivamente, el mundo está al borde de una mutación mayor.
“No existe gobierno que funcione como una start up, y ésa es la idea. Crear micropaíses en aguas internacionales no tiene nada de absurdo. No tendremos asiento en la ONU, y ¿eso qué? Taiwán tampoco lo tiene, y no le va tan mal. Desde 2014 lanzaremos el Proyecto Blueseed, un navío en el que trabajarán y vivirán 500 personas. Una vez probada la viabilidad financiera y psicológica, podrá empezar el desarrollo de islas”. Seasteading es un think tank, no un constructor de estructuras en altamar. Su meta es invitar a inversionistas a imaginar micropaíses, dotados de modelos de negocios creíbles. En sus inicios, cada isla costará 114 millones de dólares, y concentrará a 300 personas. “Esto significa 380 mil dólares por persona, que es el costo necesario para instalarse en una ciudad moderna, justifica Keenan. Puede uno imaginarse islas dedicadas a los refugiados climáticos, y otras que no funcionarían más que por invitación. Existen también actividades económicas transpolables en el mar, como las prisiones, los call centers o lo que llamamos el turismo médico”.
En su entusiasmo, la gente de Seasteading ha también hablado de islas especializadas en abortos, incluso burdeles. “En términos de comunicación, esto era un error”. Sin embargo, ahora que esto ya se ha dicho, miremos las cosas de frente. Funciona ya un navío, “Women on Waves”, que se desplaza por las zonas en que está prohibido el aborto. Entonces, ¿por qué no contemplar una isla país en que la principal actividad económica gire en torno a esta especialidad? Para los burdeles, acabemos con la hipocresía, como en Hamburgo o Amsterdam. Habría también panaderías, cafés, escuelas e incluso una iglesia, si así lo deciden sus habitantes. “Si cada una de estas islas-países dispone de un modo particular de gobierno, todas podrán proclamar la misma divisa: ‘Fluctuat nec mergitur’ (Se tambalea, pero no se hunde). Empero, con el desorden climático, se corre el riesgo de que el número de tsunamis por venir sea también exponencial…” (Investigación de Anne-Cécile Beaudoin).

