Doctor Ernesto O. López Ramírez
Imagine por un momento, que usted, estimado lector, llegara a un estado de consciencia en el cual no siente remordimiento ni pena por actos inmorales que pudiera cometer o por el daño que usted comete o ha cometido en perjuicio de otros, sin importar cuán relacionadas estén con usted estas personas. En general, imagine que se le reconoce como a una persona de sangre fría, que no se deja llevar por sus emociones y que no se interesa en tener empatía con los demás.
Bien, muchos académicos podrían entonces clasificarlo a usted con rasgos de psicopatía (sociópata). Es curioso ver que la mayoría de las personas no entrenadas en el desorden de la personalidad reconocen este perfil conductual emocional como asociado a individuos disfuncionales, que cometen crímenes violentos y que probablemente acaben tras las rejas.
En realidad, esto sucede con frecuencia, y podemos catalogar a este tipo de personas como sociópatas sin éxito social. Sin embargo, existen también los psicópatas socialmente exitosos. Martha Stout (2005) documenta casos de doctores, hombres de negocios y otros profesionistas sociópatas, e incluso se documentan casos de cómo personas del sexo opuesto encuentran sumamente atractivos estos rasgos de personalidad (Cleckley, 1988).
Ni qué decir de películas o programas de televisión donde personajes despiadados, carentes de empatía ante el dolor humano ajeno, son idealizados como modelos deseables de éxito social (Hyat, 1994). En general, se reporta que, al menos en Estados Unidos, del 7 al 15 por ciento de la población que está en prisión son psicópatas, mientras que el uno por ciento de la población general que no está en prisión lo son también.
EL MUNDO COGNITIVO EMOCIONAL DEL PSICÓPATA
Muchos de los rasgos de personalidad que se les atribuyen a los psicópatas han sido relacionados con déficits en el sistema emocional de su cerebro. Por ejemplo, supongamos que a usted, amigo lector, se le sienta enfrente de una computadora y se le presentan rápidamente (en 250 milisegundos) las siguientes caras, una por una, al mismo tiempo que se le registra su actividad cerebral:
El cerebro de una persona típica tiende a responder en cuestión de milisegundos al reconocimiento de las emociones, y seguramente sus registros cerebrales mostrarán el patrón de activación cerebral típico del reconocimiento facial de las emociones positivas y negativas (López, 2009).
El caso del individuo psicópata es muy diferente. El reconocimiento de emociones negativas es deficiente o nulo, y el patrón de activación cerebral ligado al reconocimiento de emociones positivas es minimizado y diferente al de una persona típica (Deeley, Daly, Surguladze, Tunstall, Mezey, Beer, Ambikapathy, Robertson, Gianpietro, Brammer, Clarke, Dowsett, Fahy, Phillips & Murphy, 2006).
Por otra parte, el reconocimiento facial emocional y de otros eventos sociales emocionales parece activar otras zonas del cerebro que no integran actividad frontal (zona pensante, reflexiva) e incluye la activación de zonas primitivas del cerebro relacionadas con la agresión (Hoff, Beneventi, Galta, & Wik, 2009).
INCAPACIDAD EMOCIONAL
En sí, este cuadro señala que el psicópata posee incapacidad emocional para la codificación apropiada de aspectos de negatividad, y que, en conjunto con su incapacidad de sentir emociones sociales de empatía y gratitud, se constituye como un rasgo de personalidad disfuncional.
Esto puede explicar por qué, cuando un psicópata evalúa una situación de conveniencia social, puede infligir dolor y sufrimiento a otros, sin preocuparse de los aspectos negativos morales o de remordimiento, ya que él en sí no es capaz de construir una perspectiva emocional negativa adecuada de otros individuos con los que se relaciona.
No es que él no entienda que está haciendo algo inmoral; de hecho, hay evidencia de que, en pruebas de juicio moral, tienden a salir más altos que los individuos típicos (Link, Scherer, & Byrne, 1977). Lo que pasa es que en realidad no les importa ni les afecta.
Por otra parte, tampoco es el caso de que este tipo de personas no puedan sentir enojo, dolor o tristeza; es sólo que dicho repertorio emocional lo aplican exclusivamente en aspectos relacionados con ellos mismos, de tal forma que son muy sensibles a la humillación y la vergüenza, ante lo cual reaccionan rápidamente con enojo y agresión.
LECCIONES SOBRE LA MENTE DEL PSICÓPATA
Todos los individuos de la especie humana somos seres emocionales. En términos evolutivos, nos hemos desarrollado primero como entidades emocionales, y luego adquirimos aquellas habilidades intelectuales que nos tipifican como humanos: el pensamiento y el lenguaje. Esto es, somos seres emocionales con pensamiento, y, como tales, poseemos un cerebro que nos provee de un repertorio emocional e intelectual que nos permite adaptarnos a la sociedad que nos circunda.
En ocasiones, ciertos individuos usan estas capacidades intelectuales emocionales para comportarse como psicópatas, aun y cuando genéticamente no tienen la disposición como una forma de adaptación social.
Existen ejemplos famosos de soldados y líderes que, durante la Segunda Guerra Mundial, exhibieron conductas antisociales, al grado de poder ser catalogados como sociópatas. Miles de individuos incurrieron en esta guerra en conductas sociópatas, y eran individuos que se asumían civilizados y capaces de vivir en armonía.
PSICÓPATAS DE SEGUNDO ORDEN
Este tipo de pseudo-psicópatas son también conocidos como psicópatas de segundo orden (Fagan, & Lira, 1980) y representan un mensaje claro de que ciertos contextos culturales favorecen la emulación de dichas conductas antisociales. Uno podría pensar de inmediato que la conducta de un psicópata de primer orden y la conducta antisocial de un psicópata de segundo orden son cosas diferentes, ya que los primeros son el resultado de un déficit de base genética. Sin embargo, los individuos normales pueden, ya sea de una forma directa o indirecta, poner su sistema emocional en estado de déficit y crear un sistema cognitivo intelectual cruel y antisocial.
Esto es así porque los mecanismos cognitivo cerebrales que evalúan el sufrimiento de otros, y aspectos negativos de eventos sociales, no son fijos sino modificables… sobre todo en edades tempranas.
De esta forma, niños o jóvenes que frecuentemente son expuestos a modelos de crueldad y violencia como estrategia de éxito, poseen altas probabilidades de actuar con base en dichos modelos, al grado de modificar sus mecanismos de procesamiento de información social emocional.
ENORME DAÑO SOCIAL
Si bien es cierto que no todos los individuos son cognitivamente vulnerables a esta influencia, ya que poseen habilidades para afrontar la constante perversa influencia de dichos modelos, (Alloy, & Riskind, 2006), también hay que entender que existen individuos que nunca tuvieron dichas estrategias de afrontar la influencia de estos roles sociales. Basta con unos cuantos, sobre todo si son psicópatas de segundo orden exitosos para causar un gran mal social.

