Comorbilidad del trastorno de personalidad antisocial (psicopatía)

Spread the love

Doctor Daniel Ojeda Torres

Doctor César González González

Doctor Eduardo Ángel Madrigal de León

INTRODUCCIÓN

El trastorno de personalidad antisocial que en el desarrollo de este trabajo llamaremos psicopatía, se expresa tempranamente, a través de conflictos con las normas, la ausencia de remordimiento, la impulsividad, la búsqueda de la novedad, la mentira, la superficialidad de las relaciones interpersonales y el encanto superficial.

La psicopatía puede tener diferentes grados de manifestación y funcionalidad; desde las personas abusivas, que no tienen trascendencia legal, hasta los grandes criminales; pero, en general, se trata de individuos condenados a la inadaptación.

La personalidad psicopática es la gran simuladora, ya que puede dar manifestaciones de múltiples trastornos mentales, sin llegar a constituir ninguno de ellos.

Además de ser una gran simuladora, la psicopatía puede coexistir con un sinnúmero de conductas disruptivas y trastornos mentales que agravan la funcionalidad y el pronóstico de este trastorno de personalidad.

El objetivo de esta revisión es brindar un panorama amplio de la comorbilidad psiquiátrica que sufren las personas con trastorno de personalidad antisocial o psicopatía.

PSICOPATÍA Y CONDUCTAS DISRUPTIVAS

Un aspecto importante que se debe considerar es la comorbilidad que presenta la psicopatía. No hay muchas dudas de que las personas que manifiestan un tipo de conducta psicopática también muestran otros tipos de conducta y, por eso, esta conducta es más versátil que especializada.

Un estudio de Cambridge demostró la frecuencia de otras manifestaciones conductuales que acompañan a la psicopatía. Por ejemplo, los jóvenes psicópatas sentenciados hasta los 18 años (por robo y hurto) eran más disruptivos que los delincuentes sentenciados después de esa edad.

Los jóvenes sentenciados bebían más cerveza, se emborrachaban más a menudo  y decían que el alcohol los hacía violentos. Fumaban y habían empezado a hacerlo a edad más temprana, y tenían más probabilidades de ser jugadores empedernidos.

También tenían más probabilidades de haber sido encontrados culpables de delitos menores, de manejar en estado de ebriedad y de haberse lesionado en accidentes de tráfico.  Fueron más frecuentes sus relaciones sexuales, especialmente con varias parejas y a partir de una edad temprana.

A los 18 años, los delincuentes sentenciados ya tenían antecedentes laborales erráticos, con periodos de desempleo. Muchos vivían lejos del hogar familiar y reportaban no llevarse bien con sus padres. Era más probable que usaran tatuajes. Tendían a vagar en grupos de cuatro o más y se mezclaban en actos de vandalismo o violencia en grupo.

Habían participado frecuentemente en riñas, iniciadas por ellos mismos; portaban armas, y las usaban en los pleitos.

FARMACODEPENDIENCIA Y PSICOPATÍA

No se ha identificado un tipo de personalidad especialmente vulnerable a la farmacodependencia. Sin embargo, el farmacodependiente tiene antecedentes significativos de impulsividad o ansiedad. Estos antecedentes se han relacionado con la etiología de la dependencia a través del refuerzo positivo y negativo.

Las personas impulsivas, lo son precisamente por su incapacidad para controlar los impulsos. Esta carencia se observa típicamente en el trastorno antisocial (psicópata) y por déficit de la atención. Algunos farmacodependientes presentan durante la infancia estos trastornos, pero entonces su impulsividad se manifiesta en las actividades propias de esta etapa de la vida.

Con la llegada de la adolescencia se producen las primeras ingestas de alcohol y otras sustancias, y surge el deseo de consumir, por la euforia y el placer experimentados. Entonces, la impulsividad se manifiesta también en una insuficiente capacidad de control sobre el deseo de consumir alcohol u otras sustancias.

Las variables de personalidad que se han relacionado con el consumo de drogas, de acuerdo a Zavaleta  (2001), son: búsqueda de sensaciones, conflicto de identidad, poca tolerancia a la frustración, rasgos antisociales (psicopatía), impulsividad, autoestima y autoconcepto inadecuados; sentimientos de culpa; miedo o temores irracionales; tensión; ansiedad asociada a sentimientos de inferioridad e inadecuación.

RASGOS DESADAPTATIVOS DE PERSONALIDAD

De Macedo (2006) encontró una elevada prevalencia de rasgos desadaptativos de personalidad entre los farmacodependientes; el 65 por ciento presentó seis rasgos o más. Los rasgos desadaptativos de mayor prevalencia en el grupo de farmacodependientes fueron: compulsivo (81.5 por ciento); antisocial o psicopático (78.7 por ciento); histriónico (71.3 por ciento), y agresivo sádico (70.4 por ciento).

En los sujetos jóvenes, la prevalencia de rasgos histriónicos y psicopáticos fue la más frecuente.

SUICIDIO Y PSICOPATÍA

Las causas de la conducta suicida son complejas, tanto las que se refieren a la tentativa, como las relativas al suicidio consumado. Algunos individuos parecen especialmente vulnerables al suicidio cuando se ven enfrentados a sucesos ambientales o acontecimientos vitales difíciles, o cuando están expuestos a una combinación de distintos estresores.

Así, los trastornos de personalidad representan un amplio campo de interacción entre el entorno y los factores biológicos que sitúan al individuo en un nivel de mayor riesgo de conductas suicidas. Es la interacción de los factores ambientales con la personalidad del individuo lo que determina el resultado final.

Las personalidades proclives al suicidio, en general expresan rigidez, inestabilidad y hostilidad (trastorno narcisista y borderline de la personalidad). Desde esta perspectiva, en los años sesenta se creía que los psicópatas eran inmunes al suicidio; sin embargo, Verona y Cols. (2001), hallaron una sustancial evidencia a favor de una correlación positiva entre conducta antisocial y actos suicidas. Franke y col. reportaron (2003) que el alcoholismo de internos de penitenciarías con personalidad psicopática se asociaba con episodios depresivos, trastornos de ansiedad, dependencia de la cocaína, y tentativas suicidas.

Lester y col. (1989), compararon 182 pacientes con psicopatía con otra muestra de 109 pacientes deprimidos con tentativas suicidas. El grupo de psicópatas registró puntuaciones similares en los inventarios de depresión. No obstante, las tentativas del grupo de psicópatas poseían menor intencionalidad suicida que las del grupo de pacientes diagnosticados con depresión, y poseían un mayor número de tentativas previas que los pacientes deprimidos.

TRASTORNO DEL CONTROL DE LOS IMPULSOS Y PSICOPATÍA

Los trastornos del control de los impulsos incluyen el trastorno explosivo intermitente, la cleptomanía, la piromanía, el juego patológico y la tricotilomanía.

El trastorno explosivo intermitente se asocia con los trastornos de personalidad, aunque no hay estudios sistemáticos que avalen esta información. Wise y cols. (1996), ponen de manifiesto una extensa serie de factores asociados, entre los que destacan  los orgánicos, los trastornos de personalidad y las adicciones.

En el caso del juego patológico, los trastornos de personalidad son muy frecuentes. Según Kruedelbach y cols. (2006), el 61.1 por ciento de los pacientes con juego patológico presentaban algún trastorno de personalidad.

Los trastornos de personalidad llamados inmaduros son los que se asocian al juego patológico; el más frecuente es el trastorno narcisista de la personalidad (18.5 por ciento), seguido del trastorno límite de la personalidad (11.7 por ciento); el trastorno antisocial de la personalidad (psicópata), con el 9.9 por ciento, y el trastorno histriónico de la personalidad, (6.8 por ciento).

Por último, no se ha encontrado evidencia científica que asocie la tricotilomanía, cleptomanía y piromanía con los trastornos de personalidad, aunque en forma empírica se han observado conductas piromaníacas en algunos psicópatas.

TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN Y PSICOPATÍA

El trastorno por déficit de la atención (TDAH) es un padecimiento caracterizado por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad que condiciona rituales de aprendizaje y conducta desadaptativos con una evidente alteración funcional.

Los niños con TDAH, cuyos síntomas persisten durante la adolescencia, tienen un riesgo elevado de desarrollar un trastorno de conducta. Aproximadamente un 50 por ciento de niños con trastorno de conducta desarrollan un trastorno de personalidad antisocial (psicopatía) durante la vida adulta. Los niños con TDAH y conducta disocial también tienen riesgo de desarrollar un trastorno relacionado con el consumo de sustancias.

SIMULACIÓN Y PSICOPATÍA

La simulación se caracteriza por la presencia de síntomas físicos o psíquicos, producidos intencionadamente, o fingidos, motivados por la existencia de incentivos externos, no psicológicos, como puede ser evitar responsabilidades laborales o militares, evitar procesamientos penales, obtener tóxicos o conseguir pensiones.

El paciente psicópata invariablemente se encuentra expuesto a estas encrucijadas, por lo que tiene que recurrir a la simulación, para evitar responsabilidades, penas, castigos, o para obtener beneficios adicionales en la interacción con los demás.

CONCLUSIONES

La psicopatía es  un trastorno de personalidad cuyas características de interacción social lo hacen muy desadaptativo en sí mismo, y que desafortunadamente no está solo, sino que tiene múltiples alteraciones de conducta asociados, y, lo que es peor, está acompañado por un sinnúmero de trastornos mentales que complican aún más la funcionalidad de los pacientes, y deterioran gravemente sus relaciones interpersonales.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love