(Tomado de Paris Match. Traducción de Félix Ramos Gamiño)

Objetos compañeros. Táctiles y afectivos, el l’iPhone y la iPad han modificado nuestro acercamiento a la tecnología. De aquí en adelante, el conjunto de los smartphones, tablettes, ordenadores y cámaras fotográficas han adoptado la filosofía de lo bello, lo intuitivo y provechoso.
Estos pequeños aparatos tienen el aspecto de los compactos, la potencia y la óptica de los réflex y la calidad de video de las videocámaras.
Elegantes, con clase, los aparatos híbridos, casi de nivel profesional, han venido a trastornar nuestras ideas en asuntos de fotografía y video. Hasta ahora, para lograr imágenes de muy buena calidad, era necesario invertir en una cámara réflex, la única que podía estar a la altura de nuestras ambiciones, con su gran lente y sus juegos de óptica, con súper gran angular y potente teleobjetivo. Además, para realmente aprovechar todas estas posibilidades, era necesario dominar el funcionamiento de todos los implementos de acuerdo con los complicados instructivos. En pocas palabras, la calidad tenía su peso y, sobre todo, la reputación de complejidad de las réflex desanimaba a más de uno.
Por lo tanto, resulta natural que constructores se hayan dado a la tarea de imaginar cajas pequeñas, no réflex, pero con objetivos intercambiables, y dotados de un receptor de calidad. La primera en lanzarse en esta carrera fue Olympus, con su Pen, seguida por Panasonic, Sony, Samsung, Pentax y, ahora Nikon.
Los híbridos habían nacido. Sin exageración, son del tamaño de un compacto “normal”. Después, ya sea que elija uno “un pancake” (gran angular ultra plano) un pequeño, mediano o grande, se pueden tomar fotos familiares, de monumentos, de safaris, e incluso macrofotografías. Otra gran ventaja: el video en alta definición, que viene en todos los híbridos, evita el gasto de comprar una video cámara. Gracias al gran tamaño de sus sensores, tanto en foto como en video, uno encuentra el control de la zona de nitidez (profundidad de campo) y, sobre todo, el fácil dominio de los parámetros. Resultado: tanto en imagen fija, como animada, la calidad está, simple y sencillamente, a la orden.
Tablettes
Las de singer Apple. Sus competidores prefieren explorar otras pistas: doble pantalla, video o precio mini. Aun cuando Apple ha sido el amo del artículo, de su diseño y de su lanzamiento, las tablettes comienzan a alejarse de su parentesco iPadiano. Tanto en la forma, como en el fondo. La guerra de las pizarras no se limita ni al rectángulo ni al tamaño, y sobre todo, ni al contenido. Cierto, la firma de la manzana había puesto la barra muy alta, pero uno estaba acostumbrado a los destellos geniales del gran Steve. Una vez pasada la primera ola de copias, el público ha querido francamente desligarse de la molesta estrella de las Apple stores.
Igual que pasa con los smartphones, aquí tiene lugar un encuentro Apple-Android; en fin, casi; porque Amazon, el aguafiestas, ha decidido enviar un explorador al frente de las tablettes. No es caro, 99 euros, tan pequeño como un libro de bolsillo, menos grueso que un Smartphone; pero, sobre todo, en blanco y negro, el Kindle busca únicamente a los amantes de la lectura, que pueden comprar y telecargar e-books de manera instantánea. La librería virtual cuenta en este momento con 30 mil títulos en francés.
Este año, Amazon lanzará Fire, una tablette en color, verdadera iPad killer, capaz de ofrecer música, películas, juegos y aplicaciones. Mientras esto ocurre, los miembros de la familia Android rivalizan en talento para seducirnos. Sony innova con su tablette articulada, especie de Nintendo DS multimedia gigante, con pantallas HD; Samsung se juega la carta de la velocidad y de la calidad de vidéo, en tanto que HTC añade una opción de diseño de precisión, con un estilete. Falta que, a pesar de todo, este genio tecnocreativo, las tablettes vayan a vivir todavía por algún tiempo con la iPad en el punto de mira.
Smartphones al dedo, al ojo y a la voz
La guerre de los iPhone Killers es rabiosa. Sus armas: 3D, autonomía y tecladoclavier. Pero Apple ne se deja comer el mandado. “Uno no cambia un diseño ganador”. Éste parece ser el leitmotiv de Apple cuando se trata de lanzar el sucesor del
iPhone 4. Exteriormente, el 4S retoma el 99 por ciento del aspecto y el volumen del anterior. Es necesario decir que, desde hace algunos años, con su pantalla dotada de un botón único, todos los smartphones del top 5 parecían diseñados a partir del iPhone. Y esto sigue así. Que los saquen en blanco y negro (los colores únicos de Apple), los táctiles se suceden y se parecen. Pero, en contraparte, el uso ya es otra historia. Aunque los procesadores tienen velocidades comparables, dos grandes familias se dividen el mercado táctil. Por el lado del iPhone, se ofrece Siri, un reconocimiento de voz mejorado, y por el otro, del club de los androides, la sincronización inalámbrica, también controlable por la voz.
Cada semana aparece su lote de salidas de los smartphones, mudos por el sistema iniciado por el gigante Google. Todos ellos tienen más o menos la pantalla del mismo tamaño (alrededor de cuatro pulgadas), pero incluso esta norma está en riesgo de cambiar con Samsung y su proyecto Galaxia Q, maxi Smartphone o minitablette de más de cinco pulgadas. Demasiado pronto, han debido pensar los coreanos, no los podremos ver para las fiestas.
Mientras esperamos, he aquí la última entrega para antes de Navidad. HTC se distingue integrando la 3D sin lentes en foto y video, y LG, por una especie de iPhone de autonomía muy mejorada. En Blackberry, el Bold 9900 conserva el teclado que le ha dado su reputación, pero asombra por su pantalla táctil, con zoom que se puede activar con dos dedos, tan reactivo como no importa qué Smartphone de última generación. Porque aquí, como en Apple, no se cambia: se mejora. Ordenadores: ultra libros, las PC se vuelven hermosas. Arrastrado por el torbellino de las tablettes, el segmento de los netbooks ha vencido. Queda un espacio para las PC portátiles, bellas, poderosas y ligeras.
Al principio, los pequeños netbooks eran baratos y revolucionarios; pero su pantalla de once pulgadas, su procesador sucinto y su raquítico disco duro, los han colocado del otro lado de la vertiente de la high-tech. Ahí donde la pendiente conduce a la obsolescencia, los promocionales de Internet, la recámara de los niños, y después el olvido. ¿Quién tiene la culpa? Las tablettes, sin duda alguna. Precios similares, desempeño superior, autonomía incomparable; pero, sobre todo, mucho más sexis, las pizarras táctiles han sellado la suerte de estas pequeñas portátiles. Los amantes del diseño no lo van a lamentar. Es necesario decir que por el precio (de 300 a 500 euros), no tenía uno derecho más que a un mínimo servicio. Empero, uno no se desembaraza de una familia de ordenadores así. Por necesidad o por gusto, aún hay adeptos al pequeño ordenador portátil, ligero, capaz de leer una película o de permitir correcciones en un tablero Excel, todo ello con un verdadero teclado físico.
He aquí, pues, que ha llegado la era de los ultralibros. Más bellos que los netbooks, más ligeros, más rápidos; pero, también, un poco más caros. Estas PC están reservadas para los cuadros superiores. Equipadas, en su mayor parte con un veloz procesador Intel i5, cuentan también con retocador de fotos y con el montaje video. Como las tablettes, uno las lleva dondequiera, en casa y en el exterior (Wi-Fi y 3G son parte de la oferta) y, sobre todo, a nadie le avergüenza que lo vean en su compañía; todo lo contrario.
Consumidores pequeños de energía, los ultra books son muy autónomos (baterías de cinco o más horas), y redefinen así nuestro acercamiento al ordenador, que se convierte de nuevo en un objeto de deseo.
