Infancia en construcción…

Spread the love

Indira Kempis

El 30 de abril celebramos en las diferentes ciudades de nuestro País el Día del Niño. De acuerdo con Wikipedia, el origen de este día “consagrado a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo y destinado a actividades para la promoción del bienestar y de (sus) derechos”, se constituyó en 1954 por recomendación de la Asamblea General de las Naciones Unidas para que los países constituyeran el suyo. “La ONU celebra dicho día el 20 de noviembre, en conmemoración a la aprobación de la Declaración de los Derechos del Niño en 1959 y de la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989”, enuncia la enciclopedia virtual.

El marco de este festejo debe de recordarnos más que nuestros tiempos de infancia, la responsabilidad que tenemos ante las nuevas generaciones de seres humanos que serán los futuros gobernantes, políticos, empresarios, activistas, emprendedores sociales, de México. Probablemente, no valoremos esta dimensión social de un día que no debería ser común ante el entorno que descubrimos como adultos resulta difícil de afrontar.

Uno de los problemas más graves por los que atraviesa la infancia es la violación, justamente, de sus derechos. Cada día incrementa el número casos de explotación infantil en las grandes ciudades, algunos de ellos están relacionados con la trata de personas, algunos otros con una severa desigualdad que propia el caldo de cultivo perfecto para que destinen esos años, en los que deberían estudiar y jugar, en trabajar jornadas extenuantes, a veces sin remuneración. Esta situación es una enfermedad social silenciosa vinculada, actualmente, al crimen organizado.

Es vital mantenerse a la expectativa y vigilancia permanente sobre el tema. Las sociedades que encuentran mecanismos e intervenciones en la materia suelen ser las más avanzadas. Los esfuerzos que se destinen a la salud, educación, cultura y vivienda de los niños, tendrá repercusiones en nuestro presente y futuro inmediato. En la medida que facilitemos su entorno para el cumplimiento de estos derechos, podremos asegurar sociedades más sanas en la convivencia, así como mayor seguimiento a los proyectos preestablecidos. Los niños, por tanto, no deben ser una población invisible de los buenos recuerdos, sino el termómetro de nuestros esfuerzos por crear un mundo mejor del que encontramos.

.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love