Indira Kempis
Algunos de los polígonos de violencia coinciden con los polígonos de pobreza. En algunos de los países de América Latina la historia se repite. No es casualidad que estos territorios, además de vivir en condiciones de desigualdad sobre el resto de la ciudad, también tienen dinámicas sociales que inducen a la violencia, los conflictos o los problemas vecinas que algunas veces terminan en asesinatos.
La comuna 13 de Medellín, como cualquier otro de nuestros barrios, tiene algunas de esas características derivadas de la tensión social. Ahí me encuentro con Jeihhco un artista local, hip hopper, co-creador del festival musical “Revolución sin muertos” y del graffitour. Él es quien me explica por qué es importante que en comunidades afectas por la violencia y la delincuencia se escuchen a los vecinos, pero que además estos puedan tomar parte de los procesos de política o de obras públicas.
“Las comunidades no pueden ser ajenas a proyectos de intervención de sus espacios. Se deben tener en cuanta las voces, las ideas y los aprendizajes de los barrios. Ningún proyecto debe ser pensado desde el escritorio. Hay que ir al campo, hay que ir al barrio, hay que ir a la calle, hay que hablar con la gente, hay que escuchar a la gente que la gente opine que la gente de sus ideas porque así es la construcción de ciudad”, afirma Jeihhco.
Mientras conversamos por las escaleras eléctricas, las que tengo que aclarar no son las primeras al aire libre, pero sí las primeras y únicas en el mundo pensadas para la movilidad urbana sustentable y conectividad en uno de los barrios de mayor riesgo en Medellín, este artista que es reconocido por sus actividades colectivas pacíficas y de reconciliación, me comenta que aunque puede haber críticas sobre el por qué esta infraestructura se puso ahí, hay aceptación por esa labor del gobierno de tomar en cuenta las necesidades y observaciones de los vecinos.
Las escaleras se han convertido en uno de los símbolos de la ciudad. Al menos han servido para que la gente sienta orgullo por ellas. Así lo advierte un mensaje al llegar al lugar: “somos el primer barrio con escaleras eléctricas públicas del mundo”. Estas palabras tienen poder social, alejan al barrio al sentimiento de ser identificados por los saldos de sus propios problemas para verse como alternativa para la construcción de una tierra de paz.
A pesar de que no fue un proyecto fácil, se tardaron 7 años desde la idea hasta la implementación, es uno estratégico para la cohesión social, la identidad cultural y, por supuesto, atendiendo la demanda de movilidad que en esos cerros inclinados, contar con estas escaleras, ha incrementado la calidad de vida como de traslados de los habitantes. Dejo aquí parte de la entrevista con nuestro anfitrión en la Comuna 13:
