Indira Kempis
Uno de los aciertos de la administración pública de Medellín, Colombia, en los últimos diez años fue el diseño e implementación de proyectos urbanos integrales llamados PUIs. Estas edificaciones fueron la expresión urbana de una política pública de educación, según palabras de Sergio Fajardo. Es decir, los proyectos se convirtieron en la herramienta para combatir la desigualdad, la violencia y la delincuencia, a manera de infraestructura que tuviera como propósito actividades relacionadas con la educación, el arte y la cultura.
Algunos de los más importantes son los parques-bibliotecas. Enormes instalaciones de gran calidad, además de diseño arquitectónico único. Se han convertido en el símbolo de la ciudad. No sólo por la atracción turística que actualmente representan, sino por la cantidad de programas y actividades comunitarias que han permitido el desarrollo social de las comunidades que han sido intervenidas.
Uno de estos ejemplos es el Parque Biblioteca España. Está conectado por medio del metrocable al resto de la ciudad. Es fácil de identificar por la majestuosidad de su diseño. Pero, además, alrededor hay un camino que pequeños espacios cuyo mobiliario urbano consiste en juegos para los niños, rutas de banquetas y algunos murales que han sido pintados por artistas locales. Es decir, la obra arquitectónica está acompañada por espacios públicos cercanos y conectividad, la cual resulta importante para facilitar el acceso de otras partes de la ciudad.
Pero la manifestación de la política pública es lo más importante. La diferencia entre construir un espacio para eventos, un parque o quizá uno con vocación deportiva estriba en el propósito de estas intervenciones: la educación. Esto es importante para tomar en cuenta que esas comunidades están marcadas por la desigualdad social y la violencia, los efectos de vivir en conflictos vecinales interminables y convivir con los grupos delictivos. No es para menos que estos lugares sirvan como refugio para quienes pueden tener otras “armas” que no son las que matan, sino herramientas para la mente, el pensamiento, la ciencia, el arte, lo que sensibiliza y hace grandes a los seres humanos. Lo que dignifica la vida y el propósito de la misma.
Es, en esa perspectiva, como las intervenciones urbanas con diseños arquitectónicos de primer mundo adquieren sentido social. De otra forma, no son más que obras públicas comunes. Para que existan debe haber un objetivo de impacto en la vida social de la comunidad más allá de simplemente cumplir con la tarea de construir obras públicas.
