Por Oliverio Anaya
México es uno de los países con más indígenas de América. De acuerdo con datos recientes de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, suman más de 10 millones las personas que pertenecen a alguna de las 68 agrupaciones lingüísticas existentes en el país.
Esta diversidad se reconoce en el Artículo 2 de la Constitución, donde se estipula que: La Nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas. Sin embargo, la población indígena aún se encuentra en condiciones de pobreza y de marginación inaceptables. Esta desigualdad es histórica. El dato más revelador que muestra la inequidad de la que es objeto la población indígena en el sistema educativo es el índice de analfabetismo, que se refiere a la población de 15 años y más. Al tomar como referente los datos del II Conteo del INEGI es necesario multiplicar por cinco el índice de analfabetismo de la población no hablante de lengua indígena (6.7%) para llegar al de la población hablante de lengua indígena (31.6%). El alto porcentaje de padres de familia analfabetas o con escasa escolaridad no ayuda a que los actuales alumnos indígenas tengan resultados satisfactorios en la escuela. La causa más importante de esta realidad evidentemente es la pobreza en la que vive una proporción significativa de la población indígena. Los niños indígenas tienen índices superiores de desnutrición. Las condiciones de su vivienda son mucho más precarias. Es evidente que todo ello afecta el acceso, la permanencia y el aprendizaje en la escuela.
Se supone que en un sistema que se dice preocupado por la equidad, que los gobiernos federal y estatal invirtieran más en educación indígena, además de invertir en programas intersectoriales orientados a combatir también las causas de la baja cobertura y rendimiento educativo. Por el contrario, las escuelas indígenas están peor dotadas de infraestructura y materiales didácticos. Seis de cada diez alumnos de escuelas indígenas asisten a escuelas con condiciones de infraestructura precarias. Los docentes indígenas todavía son contratados sólo con estudios de bachillerato y enviados, después de un curso de inducción de tres meses, a laborar frente a grupo. Hace algunos años, los docentes eran contratados con secundaria. Esto explica porque en las escuelas indígenas ahora poco menos del 50 % de los maestros no cuentan con estudios de licenciatura. Los maestros indígenas son los que menos leen. El 66 % de las escuelas multigrado son indígenas, y sólo una de cada cuatro escuelas unitarias. El 28.8 % de las primarias generales cuentan con al menos una computadora, y esto acontece en apenas el 4.1 % de las escuelas indígenas. En 1976, se decide crear la Dirección General de Educación Indígena con el fin de ofrecer una educación bilingüe y biocultural a este sector poblacional. Sin embargo, parece haber indicios de que efectivamente segregar a los indígenas en un sistema educativo propio no ha rendido los resultados esperados, sino todo lo contrario. El estudio del INEE sobre la educación en contextos vulnerables muestra que los niños indígenas que asisten a primarias generales rurales tienen mejores resultados en los Exámenes de la Calidad y el Logro Educativos (Excale) que los que asisten a escuelas indígenas, y que ello no se debe a diferencias socioeconómicas, sino a diferencias en sus docentes. Los sistemas educativos en las entidades federativas, responsables de operar la educación indígena, tienen arrinconados a los departamentos de educación indígena: no los toman en cuenta para la toma de decisiones, les otorgan un nivel jerárquico muy bajo dentro de la estructura educativa, o no los dotan de recursos para operar más allá de los que se consideran necesarios.
¿Por qué en México se toman decisiones de política educativa imbuidas de racismo? Parece que se piensa: los indígenas se merecen menos; los indígenas no pueden aprender; es mejor que los indígenas dejen de ser indígenas y se asimilen a la cultura nacional; no es necesario que los niños indígenas tengan docentes profesionales. Precisamente para desmontar este racismo, para revertir estas actitudes, se hace necesaria una educación intercultural para toda la población y a todos los niveles educativos. De lo contrario, se continuará sin enfrentar de raíz la inequidad educativa en nuestro país. Si queremos mejorar la equidad desde la base del sistema educativo, sería indispensable revisar a fondo la educación que se está ofreciendo a las comunidades indígenas, así como integrar los proyectos que se realizan a las leyes y declaraciones universales que rigen los trabajos de México en el área. La equidad educativa en el país pasa necesariamente por atender de raíz los problemas que afectan el aprendizaje de los niños indígenas.
